Dijo que jamás dejaría entrar un cura a su casa: 65 años después, la escena en el altar la dejó sin palabras
Sociedad · Salta

Dijo que jamás dejaría entrar un cura a su casa: 65 años después, la escena en el altar la dejó sin palabras

Una tarde, desde la ventana de su casa en Córdoba, Nely vio entrar a un cura al domicilio de enfrente y le hizo a su marido una promesa terminante. Décadas después, la escena se repetiría en un altar, pero con un detalle que nadie imaginó.

La comunidad católica de Cerrillos vivió días atrás una ceremonia que difícilmente se repita: Nélida y Miguel Romero Cuestas celebraron 65 años de matrimonio y la misa la presidió uno de sus hijos, el padre Pablo Romero Cuestas, actual párroco de la localidad. A su lado, otro hijo, Carlos, también sacerdote de la congregación salesiana, y una hija, Sonia, al frente del Coral Valle de Lerma.

Velas en manos de los monaguillos, un coro que emocionó a los presentes y la presencia del arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, le dieron marco a una celebración que excedió lo religioso: fue el retrato de una familia entera.

Nélida, a quien todos llaman Nely, y Miguel llevan más de seis décadas juntos. Detrás de esa cifra hay alegrías, pérdidas, sueños y el trabajo silencioso de sostener un hogar.

El amor que nació lejos del altar

Miguel es salteño, pero al terminar el secundario se fue a Córdoba para seguir formándose. Allí conoció a Nélida, criada dentro de la tradición protestante: su padrastro era pastor de una iglesia luterana, aunque ella había recibido el bautismo católico durante su infancia.

El vínculo creció y el 28 de octubre de 1961 se casaron en un templo evangélico, según las creencias que por entonces los acompañaban. Después llegaron los primeros hijos: Eduardo, Marcela y Daniel.

Con la familia en crecimiento también empezó un proceso espiritual que cambiaría sus vidas. Según recordó el padre Pablo durante la celebración, por esos años sus padres iniciaron un camino de acercamiento al catolicismo, en medio de momentos felices y de pruebas duras.

Cuando nació la cuarta hija, el matrimonio ya vivía su fe católica. Pero la pequeña falleció apenas cuatro días después de nacer. El padre Pablo describió esa pérdida como uno de los mayores sacrificios que debió afrontar su madre, un golpe que marcó a toda la familia pero no quebró sus convicciones.

Más tarde nació él, que con los años se convertiría en sacerdote, y después Sonia, la misma que dirigió el coro en el aniversario. Los primeros seis hijos nacieron en Córdoba.

El regreso a Salta y una familia que no dejó de crecer

En 1973, por motivos laborales, Miguel y Nélida se trasladaron con sus hijos a Salta, la provincia natal de él. Allí la familia terminó de echar raíces y los chicos continuaron construyendo sus propios caminos.

Ya instalados en Salta nació Carlos, que con el tiempo abrazaría también el sacerdocio dentro de la congregación salesiana. Pero la historia tenía más capítulos: como forma de agradecer a Dios, el matrimonio adoptó a Diego, su octavo hijo. Después llegó Mariano, el menor.

Fueron nueve hijos en total, aunque uno falleció a los cuatro días de nacer. “Con vida somos ocho, y una en el cielo”, resumió el padre Pablo en diálogo con El Tribuno.

“Mientras yo viva en esta casa, no va a entrar nunca un cura”

Hay una anécdota familiar que parece escrita para explicar las vueltas de la vida. Ocurrió muchos años atrás, cuando Nélida y Miguel vivían en el barrio Ituzaingó de Córdoba y Nely era protestante, con una mirada bastante crítica sobre algunas costumbres de la Iglesia católica.

Una tarde, desde la ventana de su casa, vio que un sacerdote con sotana entraba a la vivienda de enfrente. En esa época los curas usaban habitualmente esa vestimenta, que a ella le resultaba llamativa. Con sorpresa y algo de burla, le comentó a Miguel lo extraño que le parecía aquel hombre vestido de negro y le preguntó quién era.

Miguel conocía al hermano del sacerdote y le respondió con naturalidad que, si quería, podía invitarlo a pasar. La reacción de Nely fue inmediata y terminante: “Mientras yo viva en esta casa, no va a entrar nunca un cura”, sentenció con la firmeza de sus convicciones de entonces.

El tiempo pasó, la familia creció, llegaron los cambios espirituales y dos de sus propios hijos eligieron el sacerdocio. Hoy Nélida recuerda aquella escena con humor.

Según contó el padre Pablo, su madre suele decir que Dios seguramente se habría reído al escuchar aquella promesa. Porque al final, como ella misma reconoce, los curas no iban a entrar en su casa: iban a salir dos de ella.

El altar, 65 años después

El pasado 28 de octubre, al cumplirse 65 años de aquel casamiento celebrado en Córdoba en 1961, la historia de Miguel y Nélida volvió a reunir a buena parte de la familia alrededor de un altar, aunque el escenario era muy distinto.

La joven que había asegurado que jamás permitiría el ingreso de un sacerdote a su casa estaba frente a dos de sus hijos convertidos en sacerdotes, que participaban de la celebración de su aniversario, y una de sus hijas que, desde el coro, acompañaba uno de los momentos más significativos de la historia familiar. La presencia de monseñor Cargnello y de la comunidad de Cerrillos le dio a la ceremonia un carácter especial.

El padre Pablo expresó: “Estos 65 años de vida matrimonial son una celebración poco común hoy en día y para nuestra familia, es un vivo testimonio de superación, de entrega, de lucha”. Recordó además que en el camino hubo dificultades, sufrimientos, logros y muchas alegrías, pero también una certeza que siempre acompañó a sus padres: “Sobre todo en la dificultad, siempre triunfó el amor, que es entrega el uno por el otro”.

Lo que ocurrió en Cerrillos no fue solo una misa de aniversario, sino el encuentro de varias generaciones alrededor de una misma historia: la de dos personas que un día decidieron unir sus destinos, aprendieron a convivir con las pérdidas, criaron una familia numerosa y encontraron en la fe una manera de atravesar los momentos difíciles.

También fue la demostración de que algunas promesas, como aquella que Nélida pronunció frente a la ventana de su casa cordobesa, pueden terminar convertidas, muchos años después, en la anécdota más entrañable de una familia. Porque aquel hogar donde, según Nely, nunca iba a entrar un cura terminó siendo el hogar del que salieron dos sacerdotes.

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