Docentes que viajan 260 km por día: la odisea de hacer dedo para llegar a las aulas

¿Cuánto arriesgan las maestras para llegar a las aulas? La historia de Natalia Oviedo, que recorre 260 km por día haciendo dedo, y las dificultades que enfrentan cada jornada.

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Docentes que viajan 260 km por día: la odisea de hacer dedo para llegar a las aulas
Docentes que viajan 260 km por día: la odisea de hacer dedo para llegar a las aulas

Hay docentes que deben recorrer distancias enormes para cumplir con su trabajo, pero hay una realidad que pocos conocen: cada día, maestras de la provincia de Entre Ríos se ven obligadas a hacer dedo en la ruta para poder llegar a tiempo a las escuelas. Natalia Oviedo es una de ellas y su historia, que contó en Radio Plaza 94.7, refleja la lucha diaria de quienes eligen la vocación a pesar de las adversidades.

Natalia vive en San José de Feliciano y trabaja en la Escuela N° 44 Del Boyero, en Federación. La distancia entre ambas localidades es de 130 kilómetros, por lo que cada jornada implica un viaje de ida y otro de vuelta, totalizando 260 kilómetros diarios. Pero el problema no es solo la distancia, sino la falta de transporte público en los horarios que necesita.

¿Cómo es el viaje?

Para llegar a su destino, Natalia debe hacer cuatro tramos. Primero, sale de la escuela en remis hasta el acceso a Federación, unos 15 kilómetros. Luego, desde allí, hace dedo hasta Chajarí, otros 45 kilómetros. Después, continúa hasta Los Conquistadores, y finalmente, los últimos 90 kilómetros hasta Feliciano. El tramo más complicado, según afirma, es el que pasa por Los Conquistadores: “hemos estado dos horas y media haciendo dedo, porque ese lugar es la muerte. Directamente tenemos que rezar para que pare alguien y nos pueda llevar”.

El relato de Natalia no solo describe la logística del viaje, sino también los horarios extremos que deben cumplir. Las docentes del turno mañana, por ejemplo, salen a las 4 de la madrugada para poder estar en la escuela a las 7:30. En el caso de Natalia, que pertenece al turno tarde, sale de su casa a las 8 de la mañana para llegar al mediodía. La jornada escolar se extiende hasta las 17:50, y el regreso puede llevar varias horas más. En los días de suerte, llega a su hogar a las 20, pero cuando las cosas se complican, ha regresado pasadas las 22:30.

“No quiero que normalicemos esta vida”

Natalia también se refirió a la situación laboral que las obliga a buscar trabajo fuera de su ciudad. “Feliciano es un lugar pequeño en donde ya los puestos de trabajo en las escuelas están completos. Las nuevas docentes tienen que salir a buscar trabajo afuera”, explicó. A pesar de las dificultades, asegura que no se trata de una elección: “No tenemos trabajo en Feliciano y tenemos hijos y familia, tenemos una vida”.

La docente contó que, para sobrellevar la espera en la ruta, comenzó a grabar videos divertidos junto a sus compañeras, que luego sube a las redes sociales. Lo hace, principalmente, para “visibilizar lo que hacemos”. Pero deja en claro que no quiere que esta situación se convierta en algo normal: “No quiero que normalicemos esta vida, pero es lo que nos toca”.

Además, reveló que recientemente lograron una mejora: consiguieron un auto contratado para el trayecto de ida, lo que les permite salir más tarde. Sin embargo, “a la vuelta no tenemos ese auto. Tenemos que volver a dedo”.

Los riesgos de viajar a dedo

La falta de colectivos en los horarios de ingreso y salida de las escuelas es el principal motivo por el cual estas docentes deben recurrir a la modalidad del dedo. “La gente se pregunta por qué hacemos dedo, y hacemos dedo porque no hay colectivos en nuestros horarios”, aclaró Natalia. Pero esta práctica no está exenta de peligros: “Hay lugares oscuros, sin banquinas, en medio del barro, y es riesgoso. Ni garitas hay”.

En la zona, existe un único colectivo que sale a las 6 de la mañana, pero no les sirve, y otro que parte desde Chajarí a las 4 de la tarde, cuando aún están en clase. Por eso, “somos agradecidas a todas las personas que todos los días nos acercan en la ruta”, expresó Natalia, quien sueña con que algún día esta situación se revierta.

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