Dolor de panza, una internación y el desenlace que dejó helada a una familia: la enfermedad que afecta a 2 de cada 100.000
¿Cómo puede un simple dolor de panza terminar en tragedia en solo siete días? La impactante historia de una adolescente y la enfermedad rara que desconcertó a los médicos.
Una adolescente de 17 años murió en apenas una semana tras acudir al médico por un dolor estomacal, víctima de una enfermedad extremadamente rara. Lo que comenzó como una simple consulta terminó en una tragedia que destrozó a su familia y dejó a los médicos sin respuestas ante la velocidad con la que avanzó el cuadro.
¿Qué le pasó a Lois Francis?
Todo empezó cuando Lois Francis presentó síntomas de diarrea con sangre y náuseas. Tras una revisión, los profesionales detectaron inflamación en la zona y decidieron internarla para hidratarla y administrarle antibióticos, pensando en un cuadro controlable.
Sin embargo, la situación dio un giro dramático tres días después de la internación. Los estudios confirmaron la presencia de E.coli productora de toxina Shiga, la bacteria que desencadenó el síndrome urémico hemolítico, una afección que ataca a los riñones.
El rápido deterioro y la lucha en el hospital
Al descubrir esto, los médicos suspendieron de inmediato los antibióticos y trasladaron a la joven a cuidados críticos. Recién al día siguiente pudo conseguir una cama en la unidad renal del Royal Stoke University Hospital, en Hartshill, Inglaterra.
A pesar de los esfuerzos, su salud se deterioró en tan solo 48 horas. La adolescente comenzó a presentar síntomas neurológicos, problemas de visión y severas dificultades para comunicarse. Los tratamientos, que incluyeron sesiones de hemodiálisis y medicación para reducir la inflamación cerebral, no lograron estabilizarla.
El daño irreversible y la pérdida
Un segundo escaneo mostró un daño cerebral severo que ya no era reversible. “Había un daño en el cerebro que ya no iba a ser reversible”, explicó Thompson, uno de los profesionales involucrados. Finalmente, Lois Francis murió el 29 de septiembre de 2023, exactamente una semana después de su primera visita al médico.
Su madre, Sarah Francis, agradeció la atención recibida en el primer hospital, pero no logra entender cómo su hija, una chica sana que solo tenía un malestar estomacal, pudo fallecer en solo siete días. El caso sigue bajo investigación y la familia espera respuestas sobre los procedimientos médicos y la velocidad con la que avanzó esta enfermedad, que se presenta en apenas 2 de cada 100.000 personas en el mundo.