Dos ACV y un mismo destino: la fe inquebrantable del peregrino que sigue guiando a Molinos
Dos ACV no pudieron con él. Juan Pablo Ordóñez sigue firme guiando a los peregrinos de Molinos. ¿Cómo hace para sostener tanta fe?
Juan Pablo Ordóñez habla pausado, buscando cada palabra como quien encuentra una piedra en el camino. Pero su mensaje es claro: ni dos ACV pudieron apagar su fe. A pesar de las secuelas, este peregrino salteño sigue siendo un pilar para quienes cada año caminan hacia el Milagro.
En 2024, un mes antes de la tradicional peregrinación, sufrió su primer accidente cerebrovascular. Contra todos los pronósticos, se puso los zapatos y caminó desde Molinos junto a sus hermanos de fe. Pero la prueba no terminó ahí: meses después, un segundo ACV, esta vez hemorrágico, le afectó el lado izquierdo del cuerpo y le complicó el habla.
Hoy, Juan Pablo ya no puede recorrer los cinco días de travesía, pero encontró otra manera de acompañar: lleva sus libros de oraciones, alienta a los peregrinos en cada parada y sostiene la organización desde la retaguardia. Su fe no se rindió; se transformó.
Un llamado que se reorientó, pero nunca se apagó
La historia de Ordóñez con la religión viene de lejos. De joven sintió el llamado al sacerdocio, pero tuvo que dejar el seminario para cuidar a su madre. Lejos de vivirlo como una derrota, formó una familia profundamente creyente y halló otra forma de servir a Dios.
Hoy colabora activamente con la comisión que organiza la peregrinación de Molinos. Y repite una enseñanza que el camino le grabó a fuego: “El peregrino no busca lujos; busca encontrarse con Jesús”.
Un mensaje para quienes lo lean
Antes de despedirse, Juan Pablo hizo algo que lo define por completo: en lugar de hablar de sus propios dolores, elevó una oración por los demás y bendijo a quienes se topen con su historia. “Que quienes lean este mensaje puedan encontrar ese amor profundo que tiene el peregrino por el Señor y la Virgen del Milagro”, cerró.