Dos adolescentes de Corrientes, tras años de espera, inician el camino hacia la adopción
Josué esperó 12 años y Ángel 11. Tras meses sin respuestas, la Justicia finalmente dispuso el inicio de sus procesos de vinculación. ¿Con quién y cómo sigue esta nueva etapa?
Después de una larga espera, Josué y Ángel, dos adolescentes correntinos de 16 años, comenzaron sus procesos de vinculación afectiva con el objetivo de ser adoptados. La medida fue dispuesta por el Juzgado Civil, Comercial, Laboral, Familia, Niñez y Adolescencia de Gobernador Valentín Virasoro, con la participación del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos de Corrientes (RUACtes).
Ambos jóvenes habían sido presentados públicamente para encontrar familias dispuestas a asumir el compromiso de acompañarlos en su transición hacia la vida adulta. Ahora, sus historias abren un capítulo de esperanza.
Josué: doce años de institucionalización y un vínculo que empieza a florecer
La historia de Josué se conoció en marzo. Vive en instituciones de cuidado desde los 4 años y actualmente reside en un dispositivo de la ciudad de Corrientes. Quienes lo conocen lo describen como un adolescente responsable, colaborador, prolijo y respetuoso, comprometido con sus estudios y con metas claras para su futuro.
Entre sus pasiones se destacan el fútbol y los trabajos manuales en madera. Es hincha de Boca Juniors y sueña con conocer la Bombonera junto a una familia. También proyecta integrar una Fuerza de Seguridad. Su hermano mayor, Samuel, fue adoptado durante su adolescencia y se convirtió en un ejemplo de que la contención y el afecto pueden cambiar una vida.
Hoy, esa espera de doce años empieza a transformarse: el Juzgado dispuso el inicio del proceso de vinculación con una mujer residente en Buenos Aires, con el objetivo de avanzar hacia la guarda preadoptiva.
Ángel: once años de espera y un puente afectivo hacia El Calafate
La convocatoria de Ángel se difundió en abril. Al igual que Josué, tiene 16 años y lleva 11 residiendo en un dispositivo de cuidados institucionales. Su deseo siempre fue claro: formar parte de un hogar donde el amor y el respeto mutuo sean la norma.
Es un joven tranquilo, colaborador, reservado y respetuoso. Asiste a una escuela agrotécnica y disfruta de las actividades rurales, como las tareas de campo, el trabajo con animales y manejar el tractor. Su sueño es ser gendarme. La familia biológica sigue siendo central en su vida, y prioriza conservar el lazo con sus hermanos.
La oportunidad llegó desde el sur del país: el Juzgado dispuso el inicio del proceso de vinculación con una mujer de El Calafate. Aunque la distancia es considerable, la tecnología se volvió una aliada: mantienen llamadas y mensajes diarios que les permiten conocerse de manera progresiva y respetando los tiempos del adolescente. Hasta ahora, el acercamiento virtual avanza con éxito, y la expectativa de concretar la guarda adoptiva en el corto plazo sigue abierta.