Dos amigos remarán 1300 km desde la cordillera al mar: nadie hizo antes este recorrido
¿Se puede remar 1300 km desde la cordillera hasta el mar sin apoyo logístico? Dos amigos intentarán algo que nadie hizo antes. ¿Qué los empuja?
Dos kayakistas se preparan para una travesía que nunca antes se intentó con esas características: unirán la cordillera de Neuquén con el océano Atlántico a remo, sin apoyo logístico y con dos embarcaciones. La salida está prevista para el 25 de septiembre.
Alexis Valladares y Sebastián Clemente se conocieron en Villa Pehuenia, en el oeste neuquino, gracias a su pasión por el kayak. Él nació en Rosario y hace más de 15 años trabaja como kayakista de seguridad en aguas blancas y guía de rafting. Alexis, oriundo de El Palomar, en el Gran Buenos Aires, se instaló en la misma localidad en 2013 junto a su familia, cuando emprendieron un proyecto de cabañas.
Fue Sebastián quien lo introdujo en el mundo del río. Primero le enseñó a guiar una balsa de rafting y, unos años después, lo convenció de probar el kayak de aguas blancas. "Te tenés que subir a un kayak porque es como bajarte de un colectivo y subirte a una Ferrari", le dijo. Alexis le hizo caso y así descubrió un mundo completamente diferente.
Un recorrido sin antecedentes exactos
La ruta planificada comienza en un pequeño curso de montaña alimentado por el deshielo, cerca de Villa Pehuenia. Después continuarán por el lago Moquehue, atravesarán el lago Aluminé y recorrerán el río. En sus primeros 17 kilómetros encontrarán una de las partes más intensas de toda la expedición: una zona en la que ya se realizaron campeonatos de kayak y mundiales de rafting.
Luego vendrán el río Collón Cura y el Limay. En el camino tendrán que atravesar varios embalses y represas hidroeléctricas. Allí deberán salir de los kayaks, cruzar por tierra y volver a entrar al agua. Después seguirán por el Limay medio e inferior hasta la confluencia con el río Neuquén, donde comienza el río Negro. Lo recorrerán completo hasta el mar, cerca de El Cóndor, en la provincia de Río Negro.
No encontraron registros de que alguien haya realizado exactamente ese recorrido y bajo la misma modalidad que ellos eligieron, con dos personas, dos kayaks y ningún apoyo logístico. Existe el antecedente de Guillermo Jauregui, quien realizó un viaje desde la zona de Aluminé hasta el mar en la década del 80, pero fue una expedición científica, con 13 personas, varias embarcaciones, motor y apoyo de Prefectura. Esa incertidumbre es una de las razones que los entusiasma.
Desafíos y preparativos
Calculan que les llevará entre 30 y 40 días, aunque no existe una fecha exacta de llegada. La estimación contempla jornadas de entre 30 y 35 kilómetros, pero habrá días de descanso y otros en los que las condiciones permitan avanzar más.
La tan anticipada salida está prevista para el 25 de septiembre, aunque un temporal en la cordillera podría obligarlos a retrasarla. En los primeros kilómetros deberán enfrentar temperaturas bajo cero durante la noche, posibles nevadas y fuertes vientos. Después aparecerán otros desafíos: remar entre seis y ocho horas diarias, alimentarse con comida deshidratada, administrar el cansancio y mantener la cabeza despejada durante semanas. "Conocemos los primeros 300 kilómetros. El resto es un misterio", reconocen.
También tendrán que resolver un problema mucho más sencillo, pero fundamental: dónde guardar todo. Los kayaks de aguas blancas no fueron diseñados para expediciones de larga duración. El espacio es mínimo y allí deberán entrar la comida, el equipo de campamento, la ropa térmica, los elementos de cocina y todo el material de seguridad. Asimismo, contarán con un teléfono satelital, cámaras, drones, equipos de primeros auxilios, sistemas de poleas y mosquetones para eventuales rescates.
Los dos llevarán cámaras y drones para documentar el viaje. Alexis estará a cargo del registro audiovisual y Sebastián escribirá una bitácora. Ambos quieren que quede constancia de lo que suceda durante el recorrido y, si las condiciones lo permiten, transformar todo ese material en un documental.
La pasión que los une
Para Sebastián, el río es mucho más que un deporte. "Conocer el río me salvó la vida", afirma. No encuentra una palabra capaz de explicar lo que siente cuando navega. Es una actividad que, asegura, le hace bien "desde lo físico hasta el alma y el corazón" y no se imagina su vida sin hacerlo.
Alexis comparte esa sensación. Para él, el kayak es una forma de canalizar sus emociones. "Hay gente que se expresa cantando, tocando un instrumento o haciendo una manualidad. Esto, personalmente, es la mejor forma que encuentro para expresarme", cuenta.
Por eso, más que el punto de llegada, los dos están concentrados en lo que ocurrirá cada día. Alexis espera desconectarse durante semanas de todo lo que sucede afuera y conectarse con la naturaleza. Sebastián, en cambio, está especialmente atraído por lo desconocido, por avanzar "al ritmo del paisaje" y descubrir qué hay después de cada bajada.
También esperan con emoción encontrarse con la fauna de la Patagonia. Son amantes de los animales y sueñan con avistar todo el "bicherío" que aparezca durante el recorrido. Sebastián quiere, además, que la expedición marque un precedente para quienes vengan después. Que demuestre que todavía existen recorridos nuevos y otras formas de viajar y conectarse con la naturaleza.
Cuando piensan en el futuro y en los miles de rincones del país aún por navegar, no parecen tener apuro. "Primero hay que hacerlo", repiten. La difusión que tuvo el proyecto en redes sociales generó mensajes de personas que quieren seguir la aventura e incluso les ofrecieron comida cuando pasen por determinados lugares. Uno de ellos les escribió para decirles que los esperaría con sándwiches de milanesa y agua.
Después de tantos años de imaginar el viaje, la travesía finalmente está a punto de comenzar. Dos amigos, dos pequeñas embarcaciones y unos 1300 kilómetros por delante. "La estrella siempre es el río", dicen. Y ahora llegó el momento de remar.