Dos docentes se cansaron de que los chicos no lean y armaron un espacio con libros que no subestiman a los pibes

Dos docentes de San Juan armaron un espacio con libros ilustrados que no subestiman a los chicos, pero el contexto que atraviesa al sector librero les complica el plan: qué dicen del acceso y los precios.

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Dos docentes se cansaron de que los chicos no lean y armaron un espacio con libros que no subestiman a los pibes
Dos docentes se cansaron de que los chicos no lean y armaron un espacio con libros que no subestiman a los pibes

Adriana Luna y Reina Sosa son docentes, investigadoras, escritoras y lectoras. Con esa combinación crearon Nubera, un espacio que busca acercar la literatura ilustrada a las infancias de San Juan y multiplicar las oportunidades de encontrar historias que despierten curiosidad. La propuesta combina selección de libros con espacios de lectura compartida, y apunta a niños, adolescentes y también adultos.

La idea empezó a tomar cuerpo a fines de 2024, enganchada a Juegos Literarios, un proyecto que Adriana ya venía sosteniendo. El vínculo con Calibroscopio, editorial y distribuidora nacional, les abrió la puerta a más materiales y les permitió avanzar con algo que venían pensando desde hacía tiempo: un lugar donde circulara una variedad mayor de libros ilustrados.

Una inquietud que venían masticando

Las dos son docentes y desde ese lugar detectaron un hueco. En San Juan existen espacios dedicados al libro, reconocen, pero para ellas hacía falta multiplicar las alternativas para conocer, explorar y disfrutar la literatura ilustrada.

"Nos animamos a pensar que los libros podían estar más cerca. Traerlos, tenerlos, mostrarlos. Pensamos en las infancias porque nos gusta ese universo casi desconocido y hasta vapuleado: el niño lector. Además, a nosotras nos gusta leer esta literatura, disfrutamos sus ilustraciones, sus diseños, nos gusta pensar cada libro como un juguete, una compañía, leer un libro pensado para niños y que no los subestima como público es uno de nuestros juegos cotidianos favoritos", contaron a DIARIO DE CUYO.

El libro como juguete y compañía

La decisión de apuntar a las infancias no es azarosa. Para Luna y Sosa, la literatura infantil merece explorarse sin prejuicios ni subestimaciones. Los libros ilustrados, sus diseños y las posibilidades narrativas que abren van mucho más allá de aprender a leer y escribir.

Ahí también pesa la tarea docente: las dos forman a futuros educadores que tendrán que enseñar a leer y escribir, pero sobre todo generar las ganas de hacerlo. En ese camino, el encuentro con una literatura pensada para las experiencias e intereses de la infancia les parece irremplazable.

Acercar un libro a un chico, plantean, es abrir una puerta a otros mundos, aventuras y vínculos. Y también reconocer que las infancias no son todas iguales: cada lector arma su relación con las historias desde su propia experiencia.

De dónde sale el nombre Nubera

El nombre del proyecto no es decorativo. Está inspirado en las mujeres de La saga de los confines, de Liliana Bodoc. En ese universo literario, las nuberas son una comunidad ligada a la palabra sanadora, la magia, la compañía y la crianza en tiempos atravesados por el odio. La referencia les sirvió para expresar el espíritu que querían darle al espacio: cuidar lo que crece, acompañar procesos y celebrar lo que aparece cuando las historias encuentran a sus lectores.

Formar lectores, sostienen, pide tiempo, frecuencia y cercanía. No se trata de imponer libros ni de esperar que todos disfruten lo mismo, sino de acompañar la búsqueda de cada chico hasta dar con las lecturas que conecten con sus intereses.

Los prejuicios adultos y el costo de los libros

También creen que hay que revisar los prejuicios de los grandes, esos que repiten que los chicos no leen mientras ellos mismos mantienen una relación lejana con los libros. A eso le suman las dificultades de acceso, el precio de los ejemplares y un contexto nacional que, según señalaron, golpea al sector librero y a las políticas de promoción de la lectura.

Crecer de a poco

Luna y Sosa imaginan un futuro en el que Nubera se agrande y permita ampliar cada vez más la disponibilidad de libros, con nuevas oportunidades para que niños, adolescentes y adultos se crucen con la literatura.

Saben que es un proceso gradual, que exige tiempo, recursos y trabajo sostenido. Pero su experiencia como docentes les permite valorar cada pequeño avance y cada chance de despertar el interés de un nuevo lector. "Es un trabajo de hormiga. Pero como somos docentes sabemos el valor que tiene cada paso, cada oportunidad", expresaron.

En Nubera, cada libro es una invitación a descubrir algo. La apuesta es que esas historias no queden lejos, guardadas o reservadas para los que ya leen, sino que lleguen a más manos, circulen entre generaciones y se hagan un lugar en la vida de las infancias.

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