Dos hermanos vikingos en la Fiesta del Inmigrante: "Es un sentimiento que llevamos en la sangre"
¿Qué llevó a dos hermanos de Oberá a vestirse de vikingos y volverse la atracción de la Fiesta del Inmigrante? La respuesta está en una historia familiar que cruza el Círculo Polar Ártico y el río Uruguay, y que ellos cuentan con una frase que lo explica todo.
Los hermanos Raúl Sixten y Carlos "Chiqui" Vik se convirtieron en la gran atracción de la Colectividad Nórdica en la 46 Fiesta Nacional del Inmigrante, que se celebra en el Parque de las Naciones. Vestidos con atuendos típicos, no pasan desapercibidos: tardaron media hora en recorrer el trayecto entre la entrada del predio y la casa típica de los nórdicos, porque cada paso era una foto.
"Es el segundo año que estamos acá. Estamos participando para ayudar a la colectividad a reflejar nuestras raíces y estamos atrayendo a un montón de gente", contaron los hermanos, nietos directos de Sixten Vik, el hombre cuyo nombre identifica a un populoso barrio de Oberá.
El fenómeno, explican, tiene que ver con el cine. "A través de las grandes películas sobre vikingos, esto se pone muy popular y atrae mucho a la gente porque es algo que no se ve todos los días. Si no hubiera sido por eso, acá no se vería esta atracción. Y la gente está muy enganchada", señalaron.
"No es solo vestirse: es vivirlo"
Para Raúl y Carlos, la vestimenta es solo la parte visible. "Te ven y quieren sacarse una foto porque es muy pintoresco vestirnos así y, además, sentirlo, porque es un sentimiento también para nosotros que lo llevamos en nuestras raíces. No crean que estamos acá sin sentir nada. Nos sentimos realmente parte de la colectividad", manifestaron.
La historia familiar se remonta a Kiruna, la ciudad más septentrional de Suecia, dentro del Círculo Polar Ártico. "Es emocionante saber que tenés raíces. Esta gente vino de Kiruna. Ahora nos encontramos con un clima tropical y ellos estaban en el Círculo Polar Ártico. Es interesante su historia", aseguraron.
El abuelo llegó desde Brasil hasta la costa del río Uruguay. "A través de la famosa caravana de la muerte. A los 12 años vino a ver la tierra, puso los mojones y se fue a buscar a los papás a fin que vinieran a instalarse definitivamente. En esa época todo el mundo respetaba los cuatro palitos que puso un chico", relataron.
Comidas, bebidas y frío heredado
Los hermanos insisten en que la cultura vikinga atraviesa su vida cotidiana. "Para nosotros el vikingo es un sentimiento. No es solo venir vestidos con las prendas vikingas. Vivimos la cultura vikinga. Desde nuestras comidas, nuestras bebidas", afirmaron.
"Imaginen con el frío que hacía allá, a los nietos todavía nos quedó adentro esa cultura de disfrutar de una buena bebida, un vino caliente, unos buenos chivitos, corderos. Esta vez nos viene bien que no hace calor. De lo contrario, nos íbamos a bancar igual. Por supuesto, íbamos a estar bastante hidratados también", añadieron entre risas.
Sobre la reacción del público, notaron que los visitantes "se sienten atraídos. Les parece emocionante sacarse una foto con nosotros, los vikingos, como lo harán también con los cosacos, con los rusos, los polacos. Hay una gran alegría. Y nosotros ponemos toda la predisposición para que salgan contentos".
"Es una alegría porque acá estamos para divertirnos y hacer divertir a la gente. Nos reímos con los chicos porque ellos son los que más quieren sacarse una foto con nosotros. Los papás los empujan y dicen: ¡sáquense! Pero es lindo. Tardamos media hora para llegar hasta la colectividad porque cada paso es una foto", cerraron.