Dos millones de argentinos organizan su vida alrededor de la bebida: la cara que la salud no quiere ver

Hay quienes llevan más de 30 años sin probar una gota y otros que apenas celebran sus primeras 24 horas. La ceremonia que preparan en Rosario y por qué los especialistas insisten en que el problema no se está mirando de frente.

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Dos millones de argentinos organizan su vida alrededor de la bebida: la cara que la salud no quiere ver
Dos millones de argentinos organizan su vida alrededor de la bebida: la cara que la salud no quiere ver

El alcohol sigue siendo la sustancia más consumida en el país y Rosario no escapa a esa regla. Un psiquiatra de la Facultad de Ciencias Médicas habla de una población que supera los dos millones de adictos y advierte que el sistema de salud suele mirar para otro lado.

Juan Manuel "Chacho" Sialle, titular de la cátedra de Psiquiatría y docente de Salud Mental y Consumos Problemáticos, fue quien puso números a una realidad que, según él, está naturalizada: "Según nuestras consultas, el alcohol sigue siendo la sustancia más consumida en Argentina. Se trata de una población que sobrepasa los 2 millones de adictos, quienes organizan su vida en torno a la bebida porque han perdido su capacidad de amar y trabajar".

La consulta que esconde el verdadero problema

Para el especialista, el consumo compulsivo de alcohol encontró terreno fértil en los avatares de la época. Pero lo que llega al consultorio rara vez se presenta como lo que es.

"Aunque no parezca, el motivo de consulta siempre surge por gastritis o hemorragias, pero detrás de todo eso está el consumo de alcohol, que está bastante negado por la salud en general. Sucede que esta época generó condiciones para que estas compulsiones se desarrollen con mayor intensidad", apunta Sialle.

El dato que más lo inquieta, sin embargo, está en los adolescentes. "Nunca habíamos visto pibes de entre 14 y 17 años que se suicidaran consecuencia de un profundo sentimiento de tristeza y el desánimo. Son pibes y pibas que se da cuenta que quedaron marginados del mercado y aparece el alcohol como una posibilidad de ser", lamenta el psiquiatra al describir la realidad empírica de estos tiempos.

Sialle también cuestiona el prejuicio que pesa sobre quien bebe: "La idea es que el alcohólico es un degenerado, un sinvergüenza y mala persona, pero en realidad es un sujeto triste, que se encuentra solo, sin amor y sin trabajo, es una patología vinculada a lo social".

El diagnóstico de fondo es colectivo. Según el docente, el mundo atraviesa "una época de gran producción de desánimo, puesto que todos los problemas mentales están arraigados en la tristeza". Por eso valora el trabajo de Alcohólicos Anónimos a la hora de "recoger a los caídos".

En esa línea, remarca el desempeño de la comunidad local: "Tienen indicadores de recuperación altísimos", sostiene, y describe a sus integrantes como "militantes de la sobriedad" que diseñaron un modelo de grupos donde la gente encontró un sentido de vida.

"Una enfermedad silenciosa y mortal"

Rubén Alberto, referente de la agrupación y miembro del comité organizador del aniversario de AA, describe la tarea que la organización sostiene en Rosario desde hace cerca de cuatro décadas para sacar a miles de personas de la adicción.

Su definición del alcohol es cruda: "El alcohol es como un amante ideal, una eterna compañía, pero en realidad es una enfermedad silenciosa y mortal. Es una fantasía. Esta situación ideal, después termina y los problemas continúan".

La clave, explica, es concurrir a las reuniones anónimas y cerradas que coordina el grupo, donde la premisa es dejarse ayudar un día a la vez hasta dejar de beber para siempre. Y asegura que los resultados sorprenden.

"La clave empírica es asistir a los grupos donde proponemos que dejes el alcohol por un día, ya que no hay ningún alcohólico que no pueda dejar de tomar al menos durante 24 horas, y si no puede por 24, podrá por 12, y otras 12. Esa es la clave, frenar. Entonces, en ese lapso, compartimos experiencias, fortaleza y esperanza, y leemos literatura oficial de Alcohólicos Anónimos", consigna.

Hay posibilidades de salir adelante, dice, pero siempre hay alguien que puede ayudar al que pide ayuda. "A veces es muy difícil. Hay una etapa que es tocar fondo y aceptar que no se puede solo. A partir de allí es probable la ayuda", señala.

También reconoce los casos extremos, donde hace falta una internación. A veces el primer contacto es con el paciente internado, pero en muchos otros el "compañero" asiste a las reuniones y recibe contención.

El programa que arranca en el hospital

Rubén Alberto menciona el programa "Uniendo Orillas", que funciona en el Hospital Centenario. Allí, el grupo de Alcohólicos Anónimos busca entablar un diálogo con la persona antes de la externación, para que pueda sostener la sobriedad, un desafío significativo.

"Tenemos la figura del padrino, a quien el compañero toma como referente dentro de una comunidad muy amorosa, inclusiva en todos los sentidos, y eso produce efectos muy buenos. Tenemos grupos todos los días. Al principio proponemos 90 reuniones en 90 días. Y esos compañeros, cuando lo cumplen, se recuperan en un altísimo porcentaje", garantiza.

En ese contexto se sugiere el llamado inmediato si aparece la compulsión por beber. "La compulsión por beber dura poco, y si lográs pasar ese umbral, desciende y es el primer paso para dejar de beber", valora.

El programa de 12 pasos, recuerda, es un camino hacia una recuperación que no pasa solo por dejar de beber ni por "tapar la botella", como dicen. Como se trata de una enfermedad, se trabaja sobre las otras cuestiones que llevan al consumo y se buscan soluciones.

"El alcohol es el amante ideal, una eterna compañía, pero es una enfermedad silenciosa y mortal. Es una fantasía porque esa situación ideal después termina y los problemas continúan. Tomo porque tengo problemas, perdí el trabajo, etc, pero en realidad los problemas son por el consumo. Y aparece la magia de que se empiezan a solucionar muchas de esa problemáticas; pero no, se agravan", sentencia.

Una ceremonia para festejar un día a la vez

La filosofía del grupo, repasa Rubén, es celebrar la sobriedad mediante una ceremonia muy espiritual. "Con el tiempo uno pierde las ganas de tomar alcohol, a partir de la puesta en marcha de un programa en el cual se modifican ciertas conductas y patrones para no tener simplemente que abstenerse. Porque el chiste pasa en no reincidir, sino en producir un cambio mental y espiritual", reflexiona.

Por eso, el próximo 8 de noviembre, al día siguiente del aniversario de Alcohólicos Anónimos, realizarán una nueva ceremonia privada para celebrar la sobriedad. Habrá quienes sumen más de 30 años sin beber, y a ellos los felicitan, igual que aplauden al que lleva un día.

"Por supuesto, la alegría más grande es para los que celebran sus 24 horas, que somos todos. Porque esto es un día a la vez, un 'sólo por'. Y es una ceremonia espiritual", destaca.

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