Dos robos en seis meses casi los quiebran, pero una ola de solidaridad los salvó
¿Cómo lograron sobrevivir a dos robos en seis meses? La historia de un comercio que encontró en sus clientes la fuerza para no bajar las persianas.
Tras sufrir dos robos en apenas medio año, el local de ropa deportiva Lifit, ubicado en 155 entre 69 y 70 de Los Hornos, estaba a punto de bajar las persianas para siempre. La inseguridad los golpeó dos veces y la solidaridad los ayudó a levantarse.
Lo que hace apenas unos días parecía el final de un emprendimiento que habían levantado a pulmón, terminó convirtiéndose en una inesperada oportunidad para volver a empezar. Cristian y Joana, los dueños de Lifit, que habían anunciado su cierre después del segundo ataque, hoy vuelven a hablar de futuro.
El último golpe los había dejado al límite. Después de encontrar nuevamente el comercio violentado, con los candados y la puerta destrozados, decidieron que ya no podían seguir. Pasaron horas con las persianas bajas, entre lágrimas y discusiones sobre qué hacer con un negocio que les había costado muchísimo construir.
Pero por fortuna, la historia tomó otro rumbo. La difusión del robo y el mensaje con el que anunciaron el cierre provocaron una ola de solidaridad que terminó repercutiendo directamente en las ventas. Clientes, amigos y hasta personas que nunca habían comprado en el local comenzaron a compartir sus publicaciones, enviar mensajes y acercarse para darles una mano.
“Pensamos que ya estaba, que el negocio estaba para atrás y que no íbamos a seguir”, contaron ahora a EL DIA. Sin embargo, la repercusión en las redes les permitió empezar a vender nuevamente y juntar dinero para reponer parte de la mercadería que les habían robado.
Más de un millón en pérdidas
Todavía calculan que las pérdidas rondan el millón y medio de pesos, pero el escenario cambió. Ya no hablan de abandonar el emprendimiento, sino de trabajar para recuperar lo perdido. “Tenemos trabajo para hacer para poder llegar de nuevo a la mercadería que teníamos”, explicaron.
La solidaridad tampoco es nueva para ellos. Después del primer robo, ocurrido pocos meses atrás, un grupo de personas vinculadas a los torneos de fútbol que ellos acompañaban organizó un campeonato para ayudarlos a recuperar dinero. Con esas ventas pudieron reparar el local, instalar cámaras y reforzar las medidas de seguridad.
Esta vez, decidieron ir todavía más lejos. Reforzarán la estructura del comercio y colocarán rejas para dificultar un nuevo ingreso. Porque, pese al alivio por el respaldo recibido, el miedo y la bronca siguen presentes.
Un sector golpeado
La zona, aseguran, atraviesa una seguidilla de hechos que también alcanzó a otros vecinos y comerciantes. En su entorno cuentan robos de motos, viviendas atacadas y otros episodios que alimentan una sensación de vulnerabilidad constante.
El segundo ataque los dejó al borde del cierre y con pérdidas millonarias. Por eso, entre la gratitud y el cansancio, Cristian y Joana eligen quedarse con una certeza: el mismo negocio que la inseguridad estuvo a punto de llevarse puesto encontró en sus propios clientes el empujón para volver a levantarse. “No queremos plata”, remarcan. Dicen que seguirlos, compartir sus publicaciones y acompañarlos ya es suficiente.
El nuevo golpe llegó, además, después de otro revés para la pareja. Hace apenas un mes y medio les habían robado la moto y, tras salir de deudas, tuvieron que volver a endeudarse para comprar otra. “No podíamos remontar, otra vez nos estábamos cayendo”, resumieron. Por eso ahora valoran especialmente el respaldo recibido. Dicen que detrás de cada venta hay mucho más que una compra: hay clientes que se transformaron en amigos con las que construyeron un vínculo en estos meses.
Lo cierto es que el caso vuelve a mostrar hasta dónde puede golpear la inseguridad a quienes intentan sostener un pequeño comercio: no sólo por lo que los delincuentes se llevan, sino por lo que dejan detrás. En este hecho puntual, el miedo y las pérdidas casi obligaron a cerrar.