El 22% de las vacas lecheras del país anda renga: el especialista que las cura contó qué hay que hacer

Enrique Pofcher lleva 20 años dedicado a las patas de las vacas. En una entrevista con Elonce reveló qué encuentra en los tambos argentinos y por qué el problema que más le preocupa no es el que todos señalan.

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El 22% de las vacas lecheras del país anda renga: el especialista que las cura contó qué hay que hacer
El 22% de las vacas lecheras del país anda renga: el especialista que las cura contó qué hay que hacer

El veterinario Enrique Pofcher, especialista en podología bovina, reveló que entre el 22% y el 23% de las vacas lecheras de Argentina padece problemas de renguera, una cifra que equivale a unos 400.000 animales y que golpea tanto el bienestar de los rodeos como la economía de los tambos. Lo dijo en diálogo con el programa Moviendo el Avispero, de Elonce.

Con 20 años de experiencia tratando enfermedades de las pezuñas, Pofcher explicó que estas lesiones generan dolor intenso y complican actividades básicas como caminar, alimentarse o moverse con normalidad. "Tenemos alrededor del 22 o 23% de las vacas de tambo rengas en el rodeo en general en Argentina. Estos son más o menos 400.000 animales que tienen problemas de patas", sostuvo, y remarcó que se trata de un problema que todavía no recibe la atención que merece.

Qué hace un podólogo bovino

El especialista contó que su tarea consiste en prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades que afectan las pezuñas. "Un podólogo bovino lo que hace es cuidar la salud podal del animal. En mi caso, las vacas mayoritariamente, pero también todo lo que tiene dos pezuñas, como ovejas y cabras", detalló.

La mayor parte de sus intervenciones se da en establecimientos lecheros: "De 100 vacas que atiendo, 85 o 90 son vacas lecheras", precisó. Los productores suelen llamarlo cuando detectan que varios animales del rodeo caminan mal. A partir de ahí, evalúa las condiciones del lugar para encontrar las causas de las lesiones.

Cómo se trata a una vaca renga

Durante la entrevista, Pofcher mostró imágenes de su trabajo y describió el procedimiento. Primero, el animal se inmoviliza en un dispositivo llamado potro o casilla de operar. "Es un potro en el que la vaca queda inmovilizada porque, a diferencia de los humanos, que nos quedamos quietos, las vacas van a tratar de escaparse ante cualquier situación que no conocen", explicó.

Con el animal sujeto, el profesional usa una amoladora con un disco especial para recortar las pezuñas y tratar las lesiones. Según aclaró, el recorte correcto es comparable al corte de las uñas humanas y no debería doler cuando se hace sobre tejido sano. "Esto es indoloro para el animal y le da bienestar. Después del tratamiento, en general tenemos una alta tasa de recuperación", afirmó. Además, remarcó que el procedimiento debe ser rápido y preciso para reducir el tiempo de inmovilización y evitar lesiones accidentales.

Las señales de alerta

El especialista detalló que cerca del 90% de las lesiones que atiende se ubican en los miembros posteriores y que, por lo general, el dolor afecta una sola pata. Entre las principales señales de alerta mencionó los cambios en la forma de caminar, el arqueamiento del lomo, la reducción de la longitud del paso y los movimientos anormales de la cabeza.

"Lo que vemos nosotros es una alteración en la locomoción. Las vacas caminan de una manera distinta. Por ejemplo, arquean el lomo en vez de estar recto cuando van caminando y acortan el paso", describió. Cuando el animal está sano, las patas traseras apoyan cerca de las huellas que dejan las delanteras; cuando hay dolor, esa coordinación se rompe. "Cuando acorta el paso, arquea el lomo o mueve la cabeza para adelante y para atrás, nos damos cuenta de que tiene dolor al caminar", indicó.

El barro no lo explica todo

Aunque reconoció que las lluvias y el barro favorecen la aparición de problemas en las pezuñas, Pofcher sostuvo que las condiciones de manejo del rodeo son determinantes. "Culturalmente, históricamente, el barro es una de las cosas que más se dijo que era un problema. Obviamente que afecta mucho, pero no es exclusivamente el barro en sí", manifestó.

En ese sentido, apuntó a los tambos que aumentaron la cantidad de animales sin ampliar sus instalaciones, lo que genera hacinamiento y dificulta el desplazamiento. Como ejemplo, mencionó establecimientos que tenían capacidad para 100 vacas en una sala de espera y hoy concentran allí 300. "El apretar a la vaca o cómo uno maneja el animal me parece que es lo más importante, más allá del barro, que es un problema", afirmó.

Cuánto le cuesta al productor

Las enfermedades podales no solo afectan el bienestar animal: también tienen consecuencias económicas. Según las estimaciones que compartió Pofcher, una vaca lechera con renguera puede perder alrededor del 15% de su producción, lo que equivale a entre uno y cuatro litros diarios según el caso. En animales de carne, mencionó pérdidas de ganancia de peso que pueden rondar el medio kilogramo por día.

Sin embargo, destacó que implementar un programa de prevención y tratamiento es una inversión baja frente a la facturación de un tambo. "Tener un plan de prevención y tratamiento en un establecimiento de leche cuesta alrededor del 0,5% de la facturación", explicó.

Cómo prevenir las rengueras

Pofcher recomendó un programa integral con revisiones periódicas, recortes preventivos y mejoras en las condiciones de circulación de los animales. También mencionó el uso de pediluvios, instalaciones donde las vacas atraviesan una solución específica para prevenir enfermedades infecciosas de las pezuñas.

"La prevención es tener un plan integral, tener una rutina de recortes preventivos, el uso del pediluvio y, más que nada, estar atentos a que el problema está y que hay que actuar", sostuvo. Su objetivo es reducir la proporción de animales afectados en los tambos: "Yo apunto a menos del 5%, del 22 o 23% que estamos trabajando hoy".

El mito del pietín y el abuso de antibióticos

Otro de los ejes de la charla fue el uso generalizado del término pietín para describir cualquier renguera. Pofcher explicó que esa denominación confunde, porque existen numerosas enfermedades y lesiones con causas distintas que requieren tratamientos específicos. "El pietín es otro mito que estoy tratando de derribar. Toda vaca renga se dice que tiene pietín, pero no todas las lesiones se curan de la misma manera y no todas necesitan antibiótico inyectable", señaló.

El veterinario cuestionó la costumbre de aplicar antibióticos ante cualquier caso, sin determinar antes si hay una infección bacteriana. "Si yo digo que toda vaca tiene pietín y que el tratamiento es con antibióticos, le voy a dar antibióticos por las dudas", advirtió. Muchas lesiones, explicó, pueden tratarse con procedimientos locales y antiinflamatorios, siempre según el diagnóstico veterinario. "El fin mío es que no se abuse del antibiótico, porque además estamos teniendo resistencia. El antibiótico que antes usábamos y funcionaba, hoy no está funcionando como debería porque se emplea de manera excesiva", sostuvo.

Una especialidad con pocos profesionales

Pofcher también se refirió a la falta de formación específica. Según explicó, en muchos establecimientos las tareas de recorte y tratamiento quedan en manos de personal que aprendió por observación, sin capacitación. "Muchas veces aprendieron mirando, pero nadie les enseñó y es como un trabajo más que les dicen que hagan", indicó.

Para el especialista, la formación universitaria debería profundizar los contenidos de podología bovina, dada la cantidad de animales afectados. "Somos muy poquitos los que hacemos patas. Es una especialidad que está empezando recién. Hace 20 años que trabajo en esto, pero es nueva y falta mucho camino por recorrer", manifestó.

La recuperación y el mensaje a los productores

Pofcher aseguró que los tratamientos especializados permiten recuperar una proporción importante de los animales, incluso cuando las lesiones llevan tiempo de evolución. "Estamos curando alrededor del 85 o 90% de las vacas que tratamos, llegando tarde aún", afirmó.

El veterinario sostuvo que todavía persisten creencias que retrasan la atención temprana. Entre ellas, la vieja idea de que una vaca renga no puede recuperarse. "Hay un libro muy viejo que dice que las vacas rengas se curan en el matadero. Hay que generar un cambio cultural para que el productor diga: ‘Mirá, las vacas se curan’", expresó.

Por último, les pidió a los tamberos que incorporen el control de las pezuñas a las rutinas habituales de manejo, sin esperar a que las lesiones se agraven. "Al productor le diría que no se vuelva loco con las patas, pero que esté atento. Es un problema que se previene y se pueden tener bajos porcentajes de rengueras", recomendó. Y concluyó: "Es un problema que es controlable con trabajo y mucho trabajo. Lo más importante es el bienestar animal, porque la vaca tiene que estar bien de salud, estar sana y que no le duela".

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