El 56,2% de los ocupados en Tucumán trabaja en negro: cuáles son los sectores más afectados

La informalidad laboral en Tucumán sigue afectando a más de la mitad de los ocupados. ¿Qué sectores concentran el mayor porcentaje de trabajadores en negro?

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El 56,2% de los ocupados en Tucumán trabaja en negro: cuáles son los sectores más afectados
El 56,2% de los ocupados en Tucumán trabaja en negro: cuáles son los sectores más afectados

Más de la mitad de los trabajadores tucumanos sigue fuera del sistema formal, según el último informe de la Dirección de Estadística de la Provincia. La tasa de empleo informal alcanzó el 56,2% durante el primer trimestre de 2026, lo que representa una leve mejora respecto del 59,9% registrado en el último trimestre de 2025.

El indicador contempla a asalariados, cuentapropistas, empleadores y trabajadores familiares sin remuneración. En el caso específico de los asalariados, el empleo no registrado afecta al 44,8%, unas 120.000 personas que trabajan sin los beneficios de la formalidad.

Comercio, hoteles y construcción concentran la informalidad

El estudio, elaborado por el organismo que dirige Santiago Costa, revela una fuerte concentración sectorial: el 55% de los trabajadores informales se desempeña en apenas tres actividades. El comercio encabeza la lista con el 34,9%, seguido por hoteles y restaurantes (11%) y la construcción (9%).

A estas ramas se suman el servicio doméstico (9%), la industria manufacturera (8,9%) y otros servicios comunitarios, sociales y personales (7,6%).

El cuentapropismo, una alternativa en crecimiento

El trabajo independiente sigue ganando terreno en la provincia. Según el informe, los cuentapropistas representan el 40,5% del universo de trabajadores informales, mientras que los empleadores apenas alcanzan el 2,1%. Esta tendencia se replica a nivel nacional: en los principales aglomerados urbanos del país, el 24,2% de los ocupados trabaja por cuenta propia, según datos del Indec.

En Tucumán, aproximadamente el 60% de los monotributistas —unos 115.000 trabajadores— desarrolla actividades bajo la modalidad de cuentapropismo, una alternativa que se consolidó después de la pandemia de Covid-19 para complementar o sostener los ingresos familiares.

Mujeres, jóvenes y trabajadores operativos, los más golpeados

La informalidad tiene un fuerte componente demográfico. Las mayores tasas se registran entre personas de 30 a 64 años: en el caso de las mujeres, ese segmento representa el 32,3% del total de trabajadoras informales, mientras que entre los varones alcanza el 28,8%.

Por nivel de calificación, predominan ampliamente los trabajadores operativos, que concentran el 63,4% del empleo informal. Les siguen los no calificados (25,9%), los técnicos (9,3%) y los profesionales, cuya participación apenas llega al 1,4%.

El informe también detalla dónde se desarrollan estas actividades: el 42% trabaja en locales o puestos fijos; el 18,9% lo hace desde viviendas sin un espacio exclusivo para la actividad económica; otro 15% presta servicios en el domicilio del empleador o cliente; y el 5,9% se desempeña de manera ambulante o en puestos móviles.

Por qué persiste la informalidad

Más allá de las estadísticas, especialistas advierten que la elevada informalidad responde a causas estructurales. Paul Segal, profesor de Economía del IAE Business School, sostiene que Argentina presenta una aparente contradicción: pese a contar con una extensa regulación laboral y una importante capacidad de recaudación, más del 40% del empleo continúa fuera de los registros formales.

El economista considera que la explicación tradicional —basada únicamente en la evasión empresarial o en la falta de controles estatales— resulta insuficiente. A su entender, gobiernos, empresas, trabajadores y sindicatos enfrentan incentivos contradictorios que terminan favoreciendo la permanencia de esquemas híbridos.

Segal explica que los gobiernos buscan ampliar la recaudación, pero al mismo tiempo procuran sostener el empleo y mantener márgenes de flexibilidad política. Las empresas cuestionan la competencia informal, aunque muchas veces dependen de proveedores o empleados no registrados. Los trabajadores valoran la protección del empleo formal, pero también encuentran ventajas en la flexibilidad que ofrece la economía informal.

Como consecuencia, proliferan modalidades mixtas, como empresas registradas que emplean trabajadores sin registrar, empleados parcialmente formalizados o cadenas productivas donde conviven prácticas formales e informales. Para el especialista, esa combinación de costos y beneficios para todos los actores explica por qué la informalidad continúa siendo uno de los principales desafíos del mercado laboral argentino y, particularmente, del tucumano, donde el autoempleo y la precarización siguen desempeñando un papel central en la generación de ingresos.

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