El 80% o 90% de los pacientes ya llega al consultorio con un diagnóstico hecho por la IA, pero en Mendoza los cardiólogos todavía no la tienen incorporada. ¿Por qué el especialista dice que no puede reemplazar al médico?
Matías Arrupe, cardiólogo mendocino y directivo de la Sociedad de Cardiología de Mendoza, reveló que la mayoría de las personas llega a la consulta con un diagnóstico hecho por inteligencia artificial. El especialista analizó cuánto se usa realmente esta tecnología en la provincia y por qué la supervisión humana sigue siendo irreemplazable.
La inteligencia artificial desembarcó en la medicina y promete cambiar la forma de diagnosticar, seguir pacientes y encarar intervenciones complejas. En Mendoza, sin embargo, la adopción en cardiología todavía está lejos de ser cotidiana.
La IA ya está en la sala de espera
Arrupe (Mat. 8839), miembro directivo de la SCMZA, dialogó con Sitio Andino y describió un fenómeno que crece consulta tras consulta: el paciente llega al consultorio con una respuesta ya buscada en un chatbot.
"Diría que en el 80% o 90% de las consultas el paciente ya buscó en la inteligencia artificial qué es lo que tiene y qué debe hacer. Pero termina llegando al médico para definir si esto es así", señaló.
El dato muestra que la tecnología no desplazó al profesional: lo convirtió en la instancia de validación. El médico pasó a ser quien confirma o descarta lo que la máquina sugirió.
Qué herramientas existen y por qué no se usan en Mendoza
En el campo de la cardiología ya hay plataformas capaces de colaborar en la interpretación de electrocardiogramas y ecografías cardíacas, e incluso de redactar informes con distintos niveles de intervención médica.
Pero esas herramientas no forman parte de la práctica habitual en la provincia. "Si pensamos que ya lo tenemos incorporado en nuestra provincia, tendría que decir que todavía no. De hecho, en el mundo la adopción todavía es baja. Solamente grandes instituciones y con un gran aporte económico pueden hoy utilizar estas herramientas de manera habitual", expresó el cardiólogo.
El criterio médico, la última palabra
La seguridad del diagnóstico es el punto más sensible. En una actividad donde un error puede tener consecuencias graves, Arrupe sostuvo que las herramientas actuales todavía no están preparadas para funcionar sin supervisión profesional.
Reconoció que cada vez más médicos recurren a la IA para evaluar casos clínicos y ampliar conocimientos, pero remarcó que sus respuestas deben contrastarse con información científica confiable.
"La inteligencia artificial muchas veces divaga o genera algunos pensamientos propios que no tienen un respaldo científico real", advirtió.
Por eso, una buena consulta a estas plataformas debería incluir la solicitud de las fuentes bibliográficas que respaldan los datos. Después, es el profesional quien evalúa la confiabilidad de esas fuentes, comprueba si la información es suficiente y determina si hay evidencia actualizada que modifique las recomendaciones o las guías de abordaje de una enfermedad.
El especialista también pidió a los pacientes no tomar las respuestas de la IA como diagnósticos definitivos ni usarlas para decidir por su cuenta qué tratamiento seguir. "Es necesario que todavía actuemos en equipo, tanto paciente como médico", agregó.
Robots en el quirófano: una realidad mendocina
Más allá del diagnóstico asistido, la robótica ya tiene presencia en algunas prácticas médicas de la provincia. Arrupe indicó que en Mendoza existe instrumental robótico destinado a determinados procedimientos y consideró que su incorporación puede representar un avance de peso.
"Es un salto cuantitativo y cualitativo utilizar un robot para generar cierto tipo de cirugías", expresó.
La evolución exige que los cirujanos, acostumbrados a operar con sus propias manos, desarrollen nuevas habilidades para trabajar con sistemas robóticos. Según el cardiólogo, en la provincia ya hay especialistas capacitados y otros que comenzaron a ganar experiencia con estos equipos.
Entre los beneficios potenciales mencionó la reducción de los tiempos de cirugía y de internación, además de una posible baja de las complicaciones quirúrgicas y clínicas. "Mantenernos al margen de esta evolución sería un error", afirmó.
¿Puede la IA reemplazar al médico?
Frente al temor de algunos pacientes a ser atendidos por una máquina, Arrupe fue contundente: la inteligencia artificial todavía no puede reemplazar el conocimiento ni el vínculo humano que se construye en una consulta.
Consideró que, aunque estas tecnologías avancen en su capacidad de comunicación, aún no logran reproducir plenamente la relación entre un profesional y una persona que necesita atención.
"La potencialidad está en el médico, que con su experiencia se ayuda con la inteligencia artificial y además tiene ese plus de la atención y del vínculo con el paciente, al que cada vez le vamos a dar más relevancia. Eso nos va a diferenciar de la IA", sostuvo.
De todos modos, reconoció que la IA ya interviene en especialidades como radiología y dermatología, donde hay herramientas que colaboran en la detección de patologías a partir de imágenes.
Como ejemplo, recordó el temor inicial a que los especialistas en diagnóstico por imágenes perdieran sus puestos cuando se incorporaron sistemas para identificar tumores en tomografías y radiografías. Sin embargo, la mayor velocidad para analizar estudios y elaborar informes amplió la cantidad de prácticas solicitadas y terminó generando más trabajo para esos profesionales.
"Entre las dos herramientas, la inteligencia artificial y la experiencia del médico, podemos llegar a un mejor abordaje", resumió.
Para Arrupe, uno de los aportes más valiosos de esta tecnología podría ser liberar tiempo de tareas operativas para que los médicos recuperen espacio y puedan escuchar y generar confianza con sus pacientes. En un contexto de consultas cada vez más breves y de múltiples dificultades para la medicina, esa posibilidad aparece como uno de los principales beneficios de su incorporación.
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