El abuelo le dejó una cámara de madera y un secreto: la historia de "La Petro" que vuelve a las plazas de Río Cuarto
Parecía una simple cámara de madera. Hasta que los vecinos empezaron a frenarlo en la plaza para contarle que tenían un tesoro guardado en casa. Qué es "La Petro" y por qué despierta esas historias.
Gerardo González construyó a mano una cámara minutera que demandó un año de trabajo y que hoy recorre plazas, ferias y espacios públicos de la ciudad. La llamó "La Petro", en honor a su abuelo, y con ella recupera una práctica que parecía perdida.
La idea nació de su interés por la fotografía analógica y de la curiosidad que le despertaron las cámaras minuteras que vio en redes sociales y en películas. Con el tiempo, esa inquietud se transformó en un proyecto concreto: devolverle a Río Cuarto una práctica que supo tener lugar en sus espacios públicos.
"Me imaginaba qué sería si nuevamente en nuestra ciudad volvieran a habitar este tipo de cámaras", contó González a Puntal.
Un año de trabajo y un contacto clave
Para avanzar, González se contactó con un fotógrafo de La Pampa que trabaja con una cámara similar, originalmente traída desde Francia. Ese intercambio le permitió conocer más sobre la técnica y encarar la fabricación de su propio equipo.
La construcción fue completamente artesanal y demandó alrededor de un año. Uno de los desafíos centrales fue la precisión en los cortes de madera, para evitar que entrara luz al interior. A partir de los planos, fue ensamblando las piezas y desarrollando los mecanismos necesarios para que la cámara funcionara.
El homenaje familiar detrás del nombre
El nombre de la cámara guarda una historia familiar. Su abuelo, de apellido Petrocelli y conocido como "El Petro", era fotógrafo aficionado y revelaba sus propias fotografías en su casa.
"Mi abuelo era fotógrafo aficionado. Sacaba las fotos y revelaba sus propias copias en su casa", recordó González, que conoció parte de esa historia a través de los relatos de su madre.
La elección del nombre fue una forma de mantener presente ese vínculo: "Como un pequeño homenaje al Petro", explicó.
Vecinos que se reencuentran con su propia historia
Desde que empezó a llevar "La Petro" a plazas, ferias y otros espacios públicos, González se topó con vecinos que recuerdan a los antiguos fotógrafos minuteros que recorrían la ciudad.
"Muchos de los grandes me cuentan o se frenan y me dicen: 'Che, tengo fotos o me acuerdo que en tal lugar de la plaza, en el Parque Sarmiento, había fotógrafos que hacían este tipo de fotografía'", relató.
Entre esos encuentros hay uno que recuerda especialmente. En el Parque Sarmiento, un hombre se acercó junto a sus dos nietos y le contó que conservaba una fotografía tomada junto a su propio abuelo cuando era chico.
"En casa tengo un tesoro guardado, que es una foto con mi abuelo. Yo tenía 5 o 6 años y no me olvido más de ese día", le dijo el hombre.
Según recordó González, aquella persona también conservaba la imagen en su memoria por el particular proceso de la fotografía minutera: "Fuimos al fotógrafo, metió la mano adentro de la cámara y cuando salió la foto, para mí fue magia".
Muchos años después, quiso repetir aquella escena junto a sus propios nietos: "Me gustaría dejarles un recuerdo de este día y que ellos lo valoren en su momento como yo valoré en su momento la foto con mi abuelo", le pidió.
Una foto que exige esperar
A diferencia de una imagen tomada con el celular, la fotografía minutera implica esperar. La toma, el revelado y la aparición de la copia forman parte de un mismo proceso que se desarrolla frente a quien se está fotografiando.
Esa espera también es parte de la propuesta de González: recuperar una manera más pausada de hacer fotografías y, al mismo tiempo, generar una experiencia alrededor de la imagen que se obtiene.
El trabajo de González y su cámara minutera pueden conocerse hasta este jueves en el Espacio Cultural Franklin Arregui Cano, ubicado en el Palacio Municipal. La exposición permite acercarse a "La Petro", conocer cómo fue construida y descubrir una técnica que alguna vez formó parte de las plazas y espacios públicos de la ciudad y que, más de un siglo después de sus primeros desarrollos, vuelve a encontrarse con los vecinos de Río Cuarto.