El accidente que lo complicó todo: cómo cayó el mayor vendedor de drogas sintéticas de Tucumán
El fiscal tenía todo listo para avanzar sobre los proveedores, pero un iPhone que nunca se pudo abrir y un patrimonio sin rastros frenaron la investigación. El accidente que destapó el mayor decomiso de drogas sintéticas de Tucumán terminó con una condena de cuatro años y varios cabos sueltos.
Un choque en Aconquija al 1.600 puso a la Policía tras los pasos de Luis Enrique Sánchez Loria, el hombre señalado como el mayor comercializador de drogas sintéticas de la provincia. La Justicia lo condenó a cuatro años de prisión, aunque la investigación no logró escalar hacia los proveedores.
Todo empezó el 10 de abril, cuando Sánchez Loria circulaba en moto y chocó contra un auto. Un policía que lo asistió revisó su mochila y encontró cinco recipientes que, luego se confirmó, contenían droga. Por ese episodio no quedó detenido, pero se le abrió una causa por tenencia simple.
Mientras tanto, la Dirección General de Drogas Peligrosas comenzó a investigarlo para determinar el origen de la sustancia. Con los indicios reunidos, el fiscal de Narcomenudeo, José Sanjuán, ordenó profundizar las pesquisas.
El departamento de Jujuy al 200
Los investigadores, actuando como infiltrados, establecieron que Sánchez Loria tenía su centro de venta en un departamento de Jujuy al 200, en la capital tucumana. Entrevistaron a varios compradores y reunieron información que lo sindicaba como proveedor de éxtasis, tusi, MDMA y otras drogas sintéticas a personas vinculadas al poder económico y político de la provincia.
El 30 de mayo se ordenó un allanamiento. La Policía incautó 458 pastillas de éxtasis, más de 600 tubos Eppendorf —usados para dosificar—, cinco frascos de ketamina líquida y 29 troqueles de LSD, conocidos como “pepas”. Nunca antes se había decomisado esa cantidad de drogas sintéticas en Tucumán. Las sustancias fueron valuadas en más de $60 millones.
Quedaron detenidos Sánchez Loria y Nicolás Enrique Avellaneda, encargado de entregar las dosis.
La discusión que casi derrumba la causa
El proceso no fue sencillo. Los defensores Jorge Montalván Rentería (por Sánchez Loria) y Maximiliano Mavsovich (por Avellaneda) plantearon que la investigación había nacido de manera ilegal: sostuvieron que los policías abrieron la mochila sin autorización tras el accidente, vulnerando derechos constitucionales. Pidieron excluir esa prueba y anular todo lo actuado después.
En medio de esa batalla, Avellaneda, empleado de una empresa de seguridad, decidió declarar para mejorar su situación. Según su testimonio, las transacciones nunca se hacían en el departamento donde se guardaba la droga. También vinculó a Sánchez Loria con las fiestas electrónicas, asegurando que vendían más cuando se organizaban esos eventos. Descartó que su jefe produjera drogas sintéticas, pese a la cantidad decomisada. Y reveló un detalle llamativo: Sánchez Loria vendía pastillas de éxtasis con el rostro del narco colombiano Pablo Escobar, producidas exclusivamente para él. Negó conocer a los proveedores.
Por haber brindado esa información, Avellaneda acordó con la Fiscalía una condena a tres años de prisión condicional por comercializar drogas. En los próximos días se realizaría una audiencia para convalidar el acuerdo.
Sanjuán centró su investigación en Sánchez Loria, pero no pudo obtener más datos. Analizó tres celulares secuestrados: en dos no halló información relevante y el tercero, un iPhone, nunca pudo abrirse porque el imputado, por recomendación de su defensor, no aportó la clave. Tampoco encontró rastros patrimoniales: no tenía cuentas con grandes sumas ni vehículos o propiedades a su nombre.
Ayer, el juez Guillermo Taylor avaló el acuerdo al no advertir irregularidades. Sánchez Loria fue condenado por tenencia simple y comercialización de drogas. El expediente quedó cerrado, pero una vez más no se logró avanzar sobre los eslabones superiores de la cadena.