La primera causa de discapacidad en San Juan y el país se lleva un episodio cada cuatro minutos. Una neuróloga caminó junto a 280 vecinos y reveló desde qué edad hay que hacerse el chequeo que puede cambiar el desenlace.
La Estación San Martín volvió a ser el punto de encuentro para una causa que no admite espera. Alrededor de 280 sanjuaninos se sumaron a la segunda caminata bajo el lema "La prevención también se camina: por un San Juan libre de ACV", una jornada que combinó actividad física, puestos informativos de distintas disciplinas, juegos y talleres de arte con un objetivo claro: concientizar sobre una patología que se cobra víctimas en silencio.
La neuróloga Mariana Riveros, en diálogo con Canal 13, valoró la convocatoria y explicó el sentido del encuentro. "La idea era convocar a toda la comunidad, no importa la edad, e ir aprendiendo cómo identificar factores de riesgo y cómo se rehabilita un ACV. Nos permite transmitir que la patología se puede prevenir", afirmó la profesional.
Las cifras que preocupan
Lejos de ser un problema aislado, el ACV ocupa un lugar alarmante en los registros sanitarios. "Tanto en Argentina como en San Juan, es la primera causa de discapacidad y está entre la tercera y la cuarta causa de muerte", sostuvo Riveros.
La especialista también aportó un dato que dimensiona la frecuencia del problema: en el país se produce un episodio cada cuatro minutos. A eso sumó una tendencia que se viene observando en el último tiempo: la incidencia en la población femenina se ha igualado a la masculina.
El chequeo anual, la clave
Consultada sobre cómo reducir el riesgo, Riveros fue contundente. "La mejor forma de prevenir es, a partir de los 35 años, hacerse aunque sea una vez al año un chequeo preventivo con el médico", enfatizó.
Además, remarcó la importancia de controlar los factores de riesgo que suelen pasar desapercibidos: hipertensión, diabetes, tabaquismo y sobrepeso. Mantener controles médicos periódicos y adoptar hábitos saludables son, según la profesional, las herramientas más efectivas para anticiparse.
Ponerse en el lugar del paciente
Uno de los momentos más movilizantes de la jornada fue la propuesta inmersiva que llevó adelante el área de kinesiología. Con lentes especiales que simularon la pérdida del campo visual y ejercicios de escritura con la mano no hábil, familiares y asistentes experimentaron en carne propia las limitaciones físicas y las barreras cotidianas que enfrenta un paciente en proceso de rehabilitación.
La actividad buscó que la comunidad comprenda, desde la experiencia, lo que significa convivir con las secuelas de un ACV y la importancia de acompañar a quienes transitan esa recuperación.