El adiós a Huguito Aime: la historia del trabajador municipal que marcó a generaciones
Trabajó desde los 17 años, tras la muerte de su padre, para sostener a su madre. Décadas después, su nombre quedó grabado en la memoria de una ciudad entera.
Villa María está de luto. La noticia de la muerte de Hugo “Huguito” Aime, un empleado municipal que durante décadas fue parte del paisaje cotidiano de distintas reparticiones de la ciudad, golpeó a quienes lo conocieron.
Huguito no era un funcionario ni un nombre en un organigrama. Era de esas personas que, sin buscarlo, se vuelven inolvidables para los vecinos que alguna vez pasaron por una dependencia pública: el que ofrecía un café, un mate cocido o una charla breve mientras la gente hacía un trámite.
Una vida dedicada al Municipio
Su vínculo con la Municipalidad empezó muy temprano. Huguito entró a trabajar siendo menor de edad, después de la muerte de su padre. Hijo único y sostén de su madre, no tuvo más remedio que arrancar su vida laboral antes de tiempo para mantener a su familia.
Ese comienzo difícil marcó su carácter y también su destino: se quedó en el Municipio durante décadas, hasta que se jubiló hace algunos años. Pero el vínculo con la gente y con la institución ya era parte de su identidad.
Para muchas generaciones de villamarienses, su figura quedó asociada a la atención diaria, a la calidez de un gesto simple en un lugar donde muchas veces la gente llega con apuro o con problemas. Un mate cocido a tiempo, una palabra amable, un trato humano en medio de la burocracia: eso era Huguito para quienes lo cruzaron.
Su muerte deja un vacío en la ciudad, pero también un recuerdo enorme. Los pequeños gestos de todos los días, repetidos durante años, construyeron algo que ningún expediente ni cargo oficial puede explicar: un lugar en la memoria colectiva de Villa María.