El adiós a un emblema de la Justicia platense: falleció José Nieva Coelho a los 91 años
José Nieva Coelho, reconocido abogado y docente, falleció a los 91 años. Su trayectoria en la Justicia y su paso por la UNLP marcaron a generaciones. ¿Qué legado deja?
La Ciudad despide a una figura clave del ámbito judicial y académico. José Antonio Roberto Nieva Coelho, reconocido abogado, fiscal y docente, falleció a los 91 años, dejando un profundo pesar entre sus seres queridos y colegas.
Nacido en Montevideo el 28 de noviembre de 1934, era hijo de Sara Coelho y de Roberto Nieva Malaver, un destacado miembro de la Academia Americana de la Historia y cónsul en Liverpool durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen. Con el tiempo, adoptó la nacionalidad argentina y se convirtió en un referente local.
Una vida dedicada a la ley
Tras pasar su infancia entre Buenos Aires y La Plata, cursó sus estudios en el Colegio San José y en el Normal N° 2. Luego, se graduó como abogado en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde forjó amistades con otros grandes juristas de la región.
Su carrera profesional lo llevó a ocupar cargos como fiscal y defensor oficial. Comenzó en San Isidro, donde fue ayudante fiscal en la resonante causa de Carlos Robledo Puch, y más tarde se radicó en La Plata para continuar su labor en la Justicia. También ejerció en Junín y Quilmes, dejando su huella en cada destino.
Docente y formador de generaciones
Entre los años 80 y los 2000, Nieva Coelho se desempeñó como docente de Derecho Procesal Penal y Prácticas Penales en la UNLP y en la Universidad Católica local. Su pasión por la enseñanza lo convirtió en mentor de prestigiosos abogados y numerosos funcionarios del Poder Judicial, quienes lo recuerdan con cariño y admiración.
Más allá de su faceta profesional, “Pepe”, como lo llamaban sus allegados, era un apasionado del fútbol. Su corazón estaba dividido entre Gimnasia y Esgrima La Plata y River Plate, una pasión que lo acompañó toda la vida.
En el plano personal, se casó en primeras nupcias con Estela Sarrat, con quien tuvo a su hija María Estela. Luego contrajo matrimonio con Silvina Lynch, y juntos criaron a Dolores y María Otero Lynch. Fue abuelo de Juan Pablo, Macarena, Lucía, Lorenzo, Lucrecia, Leticia, Julieta, Bautista, Nicolás y Candela, y bisabuelo de Emilia, Mateo, Hilario y Faustina.
Su partida deja un vacío irreparable, pero su legado perdurará en quienes aprendieron de su sabiduría y valores. También quedarán en la memoria las tardes de verano en el Jockey Club de Punta Lara, donde encontró momentos de felicidad y donde ahora descansará para siempre.