El adiós al “para siempre”: por qué cada vez más adultos se divorcian en La Plata

¿Qué lleva a una pareja a divorciarse después de 30 años? La abogada Camila Vidal revela las causas más frecuentes y los conflictos que nadie anticipa. Los detalles que no te esperabas.

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El adiós al “para siempre”: por qué cada vez más adultos se divorcian en La Plata
El adiós al “para siempre”: por qué cada vez más adultos se divorcian en La Plata

¿Qué pasa cuando después de 20, 30 o 40 años de matrimonio alguien se pregunta si quiere seguir? En La Plata, cada vez más adultos mayores deciden divorciarse, y aunque no hay cifras oficiales locales, los abogados ya notan la tendencia. El proyecto de vida compartido dejó de tener sentido para muchos, y la decisión llega después de décadas de convivencia.

La abogada platense Camila Rosario Vidal, especialista en Derecho Civil, Familia y Sucesiones, recibe en su estudio consultas de personas que, tras un largo matrimonio o convivencia, sienten que ya no hay un camino en común. No se trata de rupturas impulsivas: el desgaste, los conflictos prolongados o la simple búsqueda de algo nuevo se instalan mucho antes de la decisión final.

¿Qué pasa cuando los hijos ya no son el centro?

Durante años, la crianza funcionó como el eje que unía a la pareja. Cuando los hijos crecen, muchas parejas descubren que deben volver a mirarse y preguntarse qué las une más allá de esa tarea compartida. “Qué tenemos en común además de la crianza” es, según Vidal, la pregunta incómoda que aparece detrás de muchas consultas legales.

Este escenario se refleja también en las estadísticas porteñas, que aunque no son comparables directamente con La Plata, muestran una transformación más amplia: en la Ciudad de Buenos Aires, los varones de 60 años o más representaban el 11,8% de los divorcios en 2009, y en 2025 esa cifra subió al 18,4%. Entre las mujeres mayores, el aumento fue del 7,7% al 12,1%.

Divorcio tardío: no es solo una crisis, también puede ser un alivio

Pensar en el divorcio tardío únicamente como una crisis sería reducir un fenómeno complejo. Para muchos, separarse después de décadas significa perder una estructura conocida, pero para otros es recuperar la posibilidad de decidir cómo vivir. Vidal explica que ambas experiencias pueden convivir: angustia e incertidumbre económica, pero también alivio y la oportunidad de empezar de nuevo.

El cambio social es clave: el mandato de permanecer juntos “hasta que la muerte los separe” pesa cada vez menos. Desde la entrada en vigencia del Código Civil y Comercial, divorciarse ya no exige demostrar una causa, y el pedido puede ser presentado por uno solo de los cónyuges. Esto quitó del centro la lógica de buscar culpables.

Cuando el matrimonio largo también es un patrimonio compartido

En los divorcios de larga duración, no solo se discute la relación afectiva: hay una vida material construida en común. Vivienda, vehículos, cuentas, inversiones, negocios, ahorros… Los conflictos más fuertes suelen aparecer después de la decisión de separarse, cuando hay que definir quién se queda con la casa, cómo se distribuye el patrimonio o cómo se reorganiza la economía de cada uno.

Vidal destaca que el divorcio puede ser jurídicamente sencillo, pero emocional y patrimonialmente complejo. La compensación económica es una herramienta que existe, pero muchas personas la desconocen hasta que llega la ruptura.

Más uniones convivenciales, menos matrimonios

En La Plata, los matrimonios vienen en descenso: pasaron de 3.093 en 2022 a 2.691 en 2024, según el Registro de las Personas de la Provincia. Las uniones convivenciales también bajaron, pero la brecha con el matrimonio se achica: en 2024 hubo 2.691 casamientos frente a 2.166 uniones convivenciales.

En toda la provincia, la tendencia es aún más marcada: los matrimonios cayeron de 58.671 en 2022 a 50.844 en 2024, mientras que las uniones convivenciales crecieron de 34.968 a 41.040. La pareja contemporánea elige cada vez más caminos alternativos al matrimonio tradicional.

Pero ojo: una unión convivencial no es jurídicamente equivalente a un matrimonio. Vidal advierte que la convivencia prolongada no convierte automáticamente los bienes en patrimonio común, y que existen herramientas de protección legal, como la compensación económica, que conviene conocer antes de que termine la relación.

El divorcio no es el fin de la historia familiar

Legalmente, la sentencia pone fin al vínculo, pero la historia familiar continúa. Hay hijos, nietos, padres mayores que requieren cuidados, aniversarios y recuerdos compartidos. Por eso, Vidal plantea que uno de los grandes desafíos del Derecho de Familia es separar el conflicto sentimental del conflicto jurídico.

Cuanto más extensa fue la vida compartida, más profundo es el entramado que debe reorganizarse: espacios, rutinas, dinero, responsabilidades y vínculos. Y también hay que aceptar que una relación pueda terminar sin que toda la historia compartida se convierta en un fracaso.

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