El ADN bajo la uña: la prueba clave que podría resolver el asesinato de Paulina Lebbos tras 18 años
Una muestra de ADN bajo la uña de Paulina Lebbos no coincide con ninguno de los 11 sospechosos analizados. ¿A quién pertenece entonces la prueba que podría resolver su asesinato tras 18 años? Los detalles del juicio que confirmó el estrangulamiento pero no pudo identificar al autor.
Una muestra de ADN hallada bajo una uña de la víctima no coincide con ninguno de los 11 sospechosos analizados, incluyendo a su ex pareja, quien hoy está en el banquillo. El juicio por el crimen de la joven, ocurrido en 2006, avanza en Tucumán con peritajes que confirman que fue estrangulada, pero la identidad de su asesino sigue siendo un misterio que la Justicia aún no logra develar.
La séptima audiencia del histórico juicio aportó una conclusión forense firme, pero también dejó al descubierto una incógnita que persiste desde hace más de 18 años. Los peritos que analizaron el cuerpo de Paulina Lebbos fueron contundentes: la joven murió por estrangulamiento. Sin embargo, el ADN encontrado bajo una de sus uñas no ha podido ser identificado, dejando una puerta abierta en la investigación.
¿Qué reveló la escena del crimen?
La bioquímica Lilia Moyano, quien intervino en el lugar del hallazgo del cuerpo el 11 de marzo de 2006, describió una escena compleja. El cadáver fue encontrado a la vera de la ruta 341, en Tapia, dentro de un matorral. “El cuerpo estaba de costado, con los brazos hacia atrás, con las piernas extendidas. Estaba sobre la tierra. Tenía puesto una pollera, remera, cancan y sin calzado”, relató ante el tribunal.
Moyano detalló el avanzado estado de descomposición, agravado por la acción de animales. Al cadáver le faltaban el cuero cabelludo, falanges de dedos y el pie izquierdo. Pese a ello, la perita logró recolectar pruebas clave: “Se hicieron hisopados. Se encontró pelo en la mano derecha y en las prendas de vestir y también se levantaron muestras de larvas”.
Errores y demoras que entorpecieron la investigación
En su declaración, Moyano realizó fuertes críticas al manejo inicial de la evidencia. Aseguró que, aunque se ofreció fauna cadavérica para ser peritada, “no fue utilizada”. Además, reveló una demora crucial: “Los estudios genéticos debían hacerse en el momento y no esperar a que hubiera sospechosos. Pasaron siete años entre la sugerencia de enviar el material a un laboratorio y cuando finalmente se mandó”.
La perita también señaló que “hubo información de dos muestras de pelos, pero no se mandaron”, y que otras muestras se degradaron o contaminaron con el tiempo. Sobre la causa de muerte, fue categórica: por su experiencia, vio en el cuello “rastros de tres dedos”, compatible con una asfixia mecánica.
La autopsia que confirmó el estrangulamiento
Posteriormente, declaró la médica forense Rita Luna Urrejola, quien practicó la primera autopsia. Su testimonio reforzó la hipótesis del homicidio. “Encontramos huellas de presión en el cuello, que pueden haber sido de dedos, compatible con asfixia mecánica”, afirmó. Los estudios toxicológicos complementarios indicaron que Paulina tenía 1,56 gramos de alcohol en sangre al momento de su muerte.
La prueba de ADN que no lleva a nadie
Quizás el momento más revelador de la audiencia llegó con la declaración de la bioquímica Cristina Daives. Ella detalló los análisis genéticos realizados años después sobre muestras de la víctima. Mientras los cabellos no pudieron analizarse por su estado, el estudio de una uña arrojó un resultado crucial: se detectó ADN.
Ese perfil genético fue cotejado con las muestras de 11 sospechosos, entre los que se encuentran los dos actuales imputados: César Soto (ex pareja de Paulina) y Sergio Kaleñuk (acusado de encubrimiento). El resultado fue negativo; no hubo coincidencias. Este hallazgo plantea el interrogante central de la causa: no se pudo determinar si ese ADN pertenece a la propia víctima o a un tercero, posiblemente al autor material del crimen.
El juicio, que comenzó el 3 de marzo, es la primera vez que el Ministerio Público Fiscal sostiene una hipótesis centrada específicamente en el homicidio de Paulina Lebbos, y no solo en el encubrimiento del cuerpo. Por este último delito ya hubo más de 10 condenados, incluyendo ex funcionarios y jefes policiales en 2019.
Mientras los peritos consolidan la certeza de que a Paulina la mataron estrangulándola, la pregunta que resuena en los tribunales tucumanos sigue sin respuesta: si el ADN bajo su uña no es de los sospechosos actuales, ¿de quién es?