El ADN que no alcanzó: la Justicia condenó a dos hermanos y absolvió al padre en el crimen de Darío Monges
El crimen de Darío Monges sigue dando que hablar: dos hermanos fueron condenados a perpetua y su padre absuelto. ¿Qué pruebas pesaron en la decisión del tribunal?
En un fallo que sacudió a Salta, el Tribunal Federal de Juicio N° 1 condenó a prisión perpetua a Santiago y David Bejarano por el homicidio de Darío Monges, pero absolvió a su padre, Roberto Catalino Bejarano, porque las pruebas no fueron suficientes para destruir su presunción de inocencia.
El caso, que lleva casi cuatro años de investigación, se convirtió en un precedente judicial por el valor que se le dio al ADN y a la prueba indiciaria. Los hermanos fueron hallados coautores del delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y alevosía, además de otros cargos vinculados a estupefacientes.
¿Cómo fue el crimen de Darío Monges?
Darío Monges fue asesinado entre la noche del 1 de septiembre y la madrugada del 2 de septiembre de 2022. Su cuerpo fue hallado dentro de su Ford Ecosport blanca, estacionada en calle Saavedra, cerca de la Ruta Provincial 26, en la ciudad de Salta.
La autopsia reveló que recibió cinco disparos en la cabeza, efectuados por la espalda y a corta distancia con un arma calibre 25. Los peritos coincidieron en que la víctima no tuvo oportunidad de defenderse y que dentro del vehículo no había signos de pelea.
La familia que cayó bajo la lupa
La Fiscalía Federal centró la investigación en Roberto Catalino Bejarano y sus hijos Santiago Ignacio y David Roberto, dueños de un taller de motocicletas en la capital salteña. Los tres llegaron a juicio acusados del homicidio, pero el tribunal solo encontró responsabilidad en los hermanos.
La absolución del padre se basó en el principio in dubio pro reo: persistían dudas razonables sobre su participación. Aunque su olor fue detectado en el vehículo, los jueces consideraron que podía deberse a una transferencia por convivencia cotidiana con sus hijos.
El ADN que generó el mayor debate
Uno de los puntos más discutidos fue el perfil genético compatible con David Bejarano hallado en el volante y la palanca de cambios de la camioneta. Para la fiscalía, eso demostraba que había estado dentro del vehículo. La defensa, en cambio, sostuvo que David había manejado la camioneta días antes porque Monges se la prestó para trasladar un cuadro de motocicleta.
Los peritos aclararon una limitación clave de la genética forense: el ADN identifica quién dejó un rastro, pero no cuándo. Por eso, los jueces decidieron analizar esa prueba en conjunto con el resto de las evidencias.
La prueba odorológica que inclinó la balanza
La pericia odorológica, realizada con perros entrenados, detectó el olor de Santiago Bejarano en el asiento trasero izquierdo, desde donde se habrían efectuado los disparos. El de David apareció en el asiento del acompañante. En cuanto al padre, su rastro fue atribuido a la transferencia de olor por convivencia, sin otras pruebas que lo incriminaran.
Cámaras y teléfonos reconstruyeron el recorrido
Las cámaras del Sistema 911 captaron la Ford Ecosport a las 23:11 del 1 de septiembre. El análisis del celular de Monges y las antenas de telefonía permitieron seguir sus movimientos durante las horas previas al crimen.
El móvil: una disputa vinculada al narcotráfico
La querella sostuvo que Monges tenía vínculos con los hermanos Bejarano relacionados con el tráfico de estupefacientes y que el homicidio ocurrió por una disputa económica. En la investigación también aparecieron conexiones de la víctima con personas investigadas por narcotráfico y sicariato, como Cristian “Gringo” Palavecino, a quien Monges visitó en la cárcel días antes.
En un allanamiento a la casa de Santiago Bejarano se secuestraron más de 170 gramos de marihuana, lo que reforzó la teoría fiscal.
Casación confirmó la sentencia
La Cámara Federal de Casación Penal ratificó el fallo, destacando que la condena se basó en la convergencia de pruebas científicas, periciales, testimoniales y tecnológicas. También confirmó la absolución del padre por falta de elementos para destruir el principio de inocencia.
Así, el crimen de Darío Monges se convirtió en un caso paradigmático sobre el valor del ADN y la prueba indiciaria en la Justicia argentina.