El adolescente que planeó el horror en la escuela: lo que nadie se atreve a contar sobre su mente
¿Qué llevó a un adolescente a planear un tiroteo en su escuela? Detrás del horror que conmocionó al país, hay una trama de subculturas digitales, un contexto social en crisis y preguntas que aún no tienen respuesta.
Un adolescente de San Cristóbal gatilló cuatro veces con una escopeta calibre 12/70 dentro de la Escuela Normal Superior 40 Mariano Moreno, matando a un compañero de 13 años e hiriendo a otros dos. El tiroteo, ocurrido el lunes 30 de marzo a las 7.11, desató una ola de amenazas en colegios de al menos diez provincias y expuso una realidad social compleja que va más allá de un simple acto de violencia.
Las autoridades vincularon el hecho a “subculturas digitales globales”, como la True Crime Community (TCC), describiéndolo como “Extremismo Violento Nihilista” con “un efecto de contagio y un ciclo vicioso de imitación y radicalización”. Un informe de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional confirmó la existencia de siete causas abiertas con características similares.
¿Qué pasaba en la mente del tirador?
Gino C., el autor del ataque, era un integrante activo de estos grupos y había anticipado su plan. Según sus abogados, tuvo varios intentos de quitarse la vida. “En algún momento de su padecimiento, decidió dar vuelta la escopeta y apuntar hacia el exterior”, revela el texto. Consumía contenidos violentos en chats privados de plataformas como Discord o Telegram, y buscaba agredir a los más chicos “para evitarles el sufrimiento de llegar a la etapa de la vida más dolorosa”.
El adolescente ya tiene seguidores que retroalimentan su accionar. Uno de los mensajes que circulan dice: “Gracias Gino. Te extrañamos mucho, ojalá pudieras ver lo que va a pasar el 20 de abril de este año”, en referencia al aniversario de la masacre de Columbine.

Un contexto social en crisis
San Cristóbal, una ciudad de 15 mil habitantes, lleva décadas sufriendo la decadencia tras la privatización y cierre del ferrocarril, que llegó a tener más de mil empleados. Mariano, un joven de 28 años que trabaja en un proyecto para revitalizar la zona, resume: “San Cristóbal murió el día que murió el ferrocarril”.
Patricia Vallejos, delegada adjunta de Amsafé, señala que “acá hay un abandono del Estado”, mencionando que existe un solo psiquiatra en el hospital público que atiende dos veces por semana. “El nivel de consumo es tremendo y existen otros condimentos, como la pobreza y la desatención de las familias, que hacen un combo importante”, agrega.
Los pastores evangelistas y el cura párroco que oraron en la puerta de la escuela apuntan a la ausencia de padres o adultos que acompañen de cerca a los jóvenes. Víctor López, uno de ellos, afirma que “los chicos están solos, no hay quien los guíe”, y que creció el consumo de drogas, la violencia y los problemas de salud mental porque “los más jóvenes no ven un futuro posible”.

La respuesta de las autoridades
Para el ministro de Educación de Santa Fe, José Goity, los antecedentes y factores sociales no son los más importantes para explicar lo ocurrido. Dijo que “pudo haber ocurrido en cualquier lado” y rechazó por “simplistas” los pedidos de sumar profesionales de la salud mental en cada establecimiento. “Tener un psicólogo por escuela es imposible, necesitarías 5.000. Y si los hubiéramos tenido tampoco lo hubiéramos resuelto porque este chico ya tenía un psicólogo de la familia”, afirmó.
Sin embargo, los trabajadores de la salud mental emitieron una carta pública el 16 de marzo pasado, dos semanas antes del tiroteo, alertando sobre un “momento crítico” por la “compleja situación económica y social” que impacta en más consultas no atendidas.

Un regreso a clases marcado por el miedo
La escuela Mariano Moreno retomó las actividades de forma progresiva y cuidadosa. Según el coordinador de la regional, Maximiliano Rodríguez, los estudiantes de quinto año pidieron volver a clases y no quedarse anclados en lo que pasó, hablándolo desde “otro lugar”. Propusieron pensar, por ejemplo, si Ian Cabrera, el chico fallecido, hubiese sido “del grupo de los Patagones o de los Coyas”, las dos “tribus” en que se dividen los alumnos para juegos o competencias.
Patricia Vallejos describe que “todavía hay docentes con miedo. Estamos rotos, desarmados y tristes”, y ejemplifica: “Cuando escuchan un timbre, el sonido los retrotrae al horror de aquel lunes porque el tiroteo fue a la hora de izar la bandera, y se exaltan”.
El plan es, a partir de este martes, sostener la actividad con todos los años en un horario reducido de 8.35 a 11.30. Sin embargo, registraron pintadas con amenazas en los baños de dos escuelas de la ciudad, una de ellas la 40. Será, como sintetizó Goity, una “normalidad que nunca va a ser la misma”.
