El agro entrerriano ya usa inteligencia artificial: el detalle que casi nadie ve

El agro entrerriano ya usa inteligencia artificial para decidir dónde fertilizar y hasta cuándo inseminar, pero hay un límite que frena todo. Qué dice la especialista que marca el futuro de la provincia.

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El agro entrerriano ya usa inteligencia artificial: el detalle que casi nadie ve
El agro entrerriano ya usa inteligencia artificial: el detalle que casi nadie ve

En el mapa argentino de la inteligencia artificial, Entre Ríos aparece en una etapa incipiente, con un rezago evidente frente a Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Mendoza, provincias que cuentan con mayor respaldo privado y esquemas de financiamiento consolidados para transferir tecnología.

Sin embargo, la adopción local ya se abre paso en sectores clave de la matriz productiva entrerriana. El agropecuario lidera el uso con agricultura de precisión, tambos automáticos, estimación del consumo de pasturas y sistemas de detección temprana de celo bovino. Salud incorpora agentes conversacionales y procesamiento asistido de imágenes médicas, mientras que el rubro energético aplica modelos de predicción de consumo eléctrico.

En ese contexto, los especialistas subrayan la necesidad urgente de un marco regulatorio vinculante, con sanciones concretas, que supere las meras recomendaciones para garantizar un desarrollo ético y con soberanía local frente a los oligopolios tecnológicos globales.

Por qué Entre Ríos va más lento que otras provincias

En diálogo con UNO, la doctora Mariela Uhrig, secretaria de Investigación y Posgrado de la facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader), analizó la situación y explicó las razones de la brecha: “Nos falta un poco todavía respecto de otras provincias, pero por el tema de que los científicos, docentes e investigadores estamos atando con alambre a la hora de llegar a las empresas. Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Mendoza nos llevan ventaja porque tienen mayor intervención de la parte privada y más financiamiento para llegar a la industria de forma eficiente”.

La especialista también marcó la diferencia de tiempos entre los estándares científicos y las exigencias del mercado: “Nosotros desde el lado de la academia somos más meticulosos en reducir el error y no queremos salir al mercado si el modelo no funciona en un 94% o 97%, mientras que una gran corporación sale a vender si anda en un 80%. Eso hace que vayamos más lento, pero buscamos minimizar fallas de forma responsable”.

Dónde ya se aplica la inteligencia artificial

Consultada sobre los sectores que lideran el uso en la provincia, Uhrig detalló cómo la tecnología resuelve problemas concretos: “En el agro, la agricultura de precisión se aplica hace tiempo combinando sensores que miden el índice de vegetación para dosificar el fertilizante únicamente donde se necesita, optimizando los recursos”.

Y sumó: “También tenemos proyectos ganaderos donde estimamos el consumo de pastura de vacas y ovejas para optimizar el rinde en tambo, o el uso de sensores de movimiento con GPS que detectan cuándo la vaca entra en celo y envían un aviso automático al veterinario para hacer la inseminación artificial en el momento preciso, ahorrando costos significativos”.

En salud, destacó que “se trabaja con agentes conversacionales para organizar información en la toma de decisiones y en modelos para procesar imágenes de resonancias que asisten a los médicos, siempre con validación humana”. En lo personal, contó: “Mi tesis doctoral consistió en procesar datos de Enersa para la predicción del consumo de energía eléctrica en Entre Ríos, permitiendo tomar decisiones estratégicas sobre infraestructura y compra de energía”.

El debate ético: regular, no prohibir

Al ser consultada sobre los temores que despierta la inteligencia artificial y el rol de las corporaciones tecnológicas, Uhrig fue categórica: “El peligro real no es lo tecnológico, sino que de quienes debemos cuidarnos es de las personas y corporaciones que hacen desarrollos irresponsables. La necesidad hoy es regular la tecnología, no prohibirla ni frenar la innovación”.

Para graficarlo, apeló a una comparación: “La pala la podés usar para trabajar o la podés usar para matar a alguien. Si matás a alguien, te cae la justicia; la pala en sí no es mala, sino quien la usa. Con la inteligencia artificial pasa lo mismo: no tiene conciencia ni intencionalidad propia; si un modelo toma una mala decisión, la responsabilidad es del humano que estuvo detrás diseñándolo”.

Sobre la urgencia de marcos legales actualizados, concluyó: “La ONU ya le está pidiendo de forma urgente a todos los gobiernos del mundo que dejen de emitir meras recomendaciones voluntarias y pasen a dictar leyes marco con sanciones concretas y efectivas, porque la experiencia nos demuestra que no podemos apelar a la buena voluntad de las corporaciones ni de las personas en ningún ámbito de la sociedad, simplemente porque somos hijos del rigor. Un ejemplo muy claro es el uso del cinturón de seguridad: no funcionó cuando era una simple sugerencia, sino cuando se convirtió en una obligación legal respaldada por multas; con la inteligencia artificial pasa exactamente lo mismo”.

Y agregó: “No se trata de frenar la innovación, de perseguir a la ciencia ni de prohibir la tecnología, sino de entender que las herramientas no tienen conciencia ni son buenas o malas en sí mismas, sino que la responsabilidad recae en las personas y empresas que las diseñan, las entrenan y las comercializan. Por eso, el Estado no puede seguir corriendo por detrás de los gigantes tecnológicos ni esperar a que ocurran los daños para reaccionar: tiene que anticiparse, fijar límites claros en materia de protección de datos, transparencia, mitigación de sesgos y auditorías de errores, aplicando penas severas a quienes realicen un desarrollo o uso irresponsable para garantizar la protección de toda la comunidad”.

Soberanía tecnológica y formación local

La profesional también habló de la importancia de la soberanía tecnológica: “Debemos apuntar a realizar nuestros propios desarrollos e invertir en infraestructuras locales de supercómputo que nos permitan operar de manera independiente, sin necesidad de depender de las grandes corporaciones globales. La clave está en descentralizar el conocimiento y potenciar a la universidad pública para formar profesionales locales capaces de administrar estas herramientas con criterios éticos, evitando caer en la subordinación a los oligopolios internacionales que dominan el sector”.

En ese sentido, explicó que esa autonomía se materializa en las aulas: “Esa autonomía se materializa directamente en las aulas, como ocurre con la Tecnicatura en Inteligencia Artificial de la facultad de Ciencia y Tecnología de Uader en Villaguay. Allí no enseñamos únicamente a interactuar con un chat comercial mediante prompting, sino que preparamos a los estudiantes para que puedan entrenar modelos desde cero, diseñados como ‘muebles a medida’ para solucionar problemas específicos de nuestra matriz socioproductiva, ambiental y de servicios. Al integrar la ética profesional, la mitigación de sesgos y la auditoría de errores desde el primer cuatrimestre, logramos que los profesionales formados en la región impulsen soluciones transparentes y verdaderamente comprometidas con nuestro territorio”.

La Facultad de Ciencia y Tecnología dicta la Tecnicatura Universitaria en Inteligencia Artificial y la diplomatura en Uso de Herramientas de Inteligencia Artificial para la Innovación. La tecnicatura es una carrera de pregrado enfocada en brindar fundamentos teóricos y prácticos sobre análisis de datos y técnicas de aprendizaje automático para diseñar y desarrollar soluciones tecnológicas adaptadas a organizaciones. La diplomatura, en tanto, es un trayecto introductorio y 100% virtual orientado al mundo del trabajo.

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