El agua les quitó su casa y ahora caminan entre nosotros: dónde ya los vieron
Un lobito de río apareció en plena zona urbana de Paso de la Patria por la crecida del Paraná. Un ambientalista dio la instrucción que todos deberían seguir cuando se topan con uno.
Las crecidas de los ríos en Corrientes, potenciadas por el fenómeno El Niño, están reescribiendo el mapa de la fauna silvestre. Sin refugio ni alimento en sus ambientes naturales, distintas especies se ven obligadas a moverse y su presencia en zonas urbanas se vuelve cada vez más notoria. La situación exige precaución para evitar riesgos tanto para las personas como para los animales.
En varias ciudades de la provincia ya se registraron avistamientos de carpinchos, lobitos de río, aguará guazú, yacarés y víboras. Cuando el agua avanza sobre sus hábitats habituales, los espacios disponibles se reducen y esos ejemplares terminan transitando por calles, sectores habitados y áreas anegadas.
Un lobito de río en plena ciudad
Uno de los episodios más recientes tuvo lugar en Paso de la Patria, donde se observó un ejemplar de lobito de río en una zona urbana alcanzada por la crecida del Paraná. Frente a ese cuadro, el ambientalista Luis Martínez pidió respetar el comportamiento natural del animal y evitar cualquier acercamiento que pueda alterarlo.
«Ante la presencia de fauna silvestre mantengamos distancia y observemos sin invadir y mucho menos interferir en su comportamiento natural», expresó el especialista.
Martínez remarcó que estos animales necesitan desplazarse, alimentarse y sentirse seguros, y que la responsabilidad de las personas pasa por respetar su espacio y no molestarlos. También advirtió que las calles y las fronteras que trazaron los seres humanos no forman parte de los límites que reconoce la fauna silvestre, que solo busca sobrevivir en un ambiente modificado por el caudal de los ríos.
Curiosidad que puede terminar mal
La aparición de estos ejemplares despierta curiosidad y suele motivar acercamientos para observarlos o sacarles fotos. Sin embargo, se trata de especies silvestres que necesitan moverse y alimentarse sin sentirse amenazadas. Tocarlas, acorralarlas, alimentarlas o capturarlas puede alterar su comportamiento y derivar en situaciones peligrosas.
Por eso, una de las principales recomendaciones de los especialistas es no intentar adoptarlas como mascotas ni trasladarlas por cuenta propia. Aunque parezcan dóciles o estén fuera de su ambiente habitual, siguen siendo animales silvestres, con necesidades específicas y conductas que no deben confundirse con las de un animal doméstico.
Tampoco conviene perseguirlos ni intentar guiarlos hacia otro sector. Lo adecuado es observarlos desde una distancia prudente, mantener alejados a los niños y a las mascotas domésticas y evitar bloquearles las posibles vías de escape.
Si se encuentra un ejemplar herido, atrapado o en una situación que represente un peligro, hay que dar aviso a las autoridades competentes para que intervengan de manera adecuada, en lugar de intentar manipularlo.
Ambientes alterados, riesgos nuevos
El desplazamiento de animales hacia sectores poblados es otra consecuencia visible de las crecidas: la alteración de los ambientes que las distintas especies usan para refugiarse, alimentarse y reproducirse. Ante la aparición de fauna silvestre en zonas urbanas, la recomendación es mantener la calma, respetar su espacio y dejar que continúen su recorrido. Con el agua avanzando, evitar las intervenciones innecesarias es una forma concreta de reducir riesgos y contribuir a la protección de la fauna.