El agua les tapa los campos en 15 días y hay 400.000 vacas en juego
Pensaban que la crecida les daba unos días más de margen y el río les jugó en contra: en 15 o 20 días el Delta quedaría bajo el agua y la hacienda todavía espera barcos para salir.
En el Puerto Paranacito, en Victoria, el chirrido de las compuertas de las barcazas corta el silencio de la mañana. Son cerca de las nueve y las primeras embarcaciones cargadas con hacienda de las islas del Delta del Paraná empiezan a llegar por el canal. En tierra firme las esperan camiones, trabajadores rurales y los propios dueños del ganado, que se acercaron para controlar que cada animal siga viaje. Es el éxodo de una actividad que depende del humor del río, y esta vez el río viene con fuerza.
La familia Vitali, contra el reloj
El primer barco trae los animales de los Vitali, productores de Nogoyá con generaciones en la ganadería. Calculan que en los próximos días los campos de isla podrían quedar bajo más de un metro de agua, con las pasturas que alimentan al ganado totalmente sumergidas. Por eso sacan la hacienda de forma preventiva, antes de que la crecida les impida moverla y las pérdidas sean mayores.
La operación pide paciencia, coordinación y cuidado. Los animales bajan por una rampa, avanzan hacia los corrales, se separan y se organizan para subir a los camiones que aguardan turno. Un animal que se cae, se golpea o intenta escapar puede complicar el trabajo de todos.
“Esto me ha quitado noches sin dormir. Lo que me quitaba el sueño era que se me venía el agua encima y después no sabía adónde ir con la hacienda”, dijo Juan Emilio Vitali, que conoce de memoria las dificultades de trabajar en las islas.
“Cuando tenés las comodidades, no hay problema. Pero cuando tenés que depender de los demás, del barco, de traer a los corraleros, de cómo está el corral, de que no se te salte un novillo y tengas que atajarlo, estás desamparado. Ahora puedo decir: llevo la hacienda, la descargo y sé que está segura”, señaló.
Cuántos animales están en juego
Según datos de los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes, en las islas correntinas hay 67.000 animales, de los cuales unos 19.000 ya fueron retirados. En territorio entrerriano la hacienda en las islas suma 211.000 cabezas, pero si se incluyen los campos bajos el total que podría estar en riesgo llega a 400.000 animales.
El Delta funciona como una gran zona de recría y engorde. Allí entran terneros de entre 200 y 250 kilos, o novillitos de mayor peso, que aprovechan los pastizales naturales hasta alcanzar entre 500 y 550 kilos y salir a la venta.
La fila de camiones y la falta de barcos
Después del puerto, la siguiente maniobra queda en manos de los transportistas que esperan en fila en la rotonda. Uno de ellos es Sergio Muñoz, que hace seis años traslada hacienda. Su camión amarillo, el primero de la línea, es su orgullo. “En noviembre pasado hice 60 viajes. Dormíamos un rato arriba del camión. Trabajábamos todo el día. Había que sacar los animales. Ahora dicen que va a ser lo mismo”, relató. Habitualmente hace entre tres y cuatro viajes por día a puertos y frigoríficos.
Las lluvias de las últimas horas dejaron los caminos con riesgo de que los camiones queden empantanados. “Vamos a ver si se orea; si no, tendremos que descargar en otro campo. Esto termina cuando la hacienda está en el campo”, acotó Vitali.
A su lado, Martín Vitali, su hijo de 44 años, sigue de cerca el movimiento. La familia tiene hacienda en Nogoyá y también alquila campos en las islas para aprovechar los pastizales naturales del Delta. En total tuvieron que sacar 200 novillos y novillitos que llevaban dos años en la zona. “La hacienda tenía que quedarse la primavera y el verano, cuando el crecimiento del pasto permite sumar kilos a bajo costo, para luego salir directamente hacia el frigorífico. La amenaza de la creciente obligó a interrumpir el ciclo”, relató.
Kilos que no se ganan y gastos que no estaban
Por un lado pierden los kilos que los animales podían haber ganado en los próximos meses; por otro aparecen gastos extraordinarios que nadie tenía previstos. Solo el flete de la barcaza, desde el campo ubicado a unos cinco o seis kilómetros del puerto, representa $2,5 millones. Para completar el traslado necesitaron cinco camiones, a más de $1 millón por viaje, además del personal encargado de reunir y embarcar los animales en la isla.
La embarcación que usaron es una de las más grandes de Victoria y permitió mover alrededor de 180 cabezas en un solo viaje.
El puerto como válvula de escape
Emiliano Merzbacher, vicepresidente de la Sociedad Rural de Victoria, recorre los corrales y supervisa el movimiento de barcos y camiones. En la última semana recibió 4000 animales desde las islas. Su preocupación es que el sistema no se interrumpa: cada barcaza que llega debe descargar rápido para volver a las islas y recargar. “Necesito los corrales libres para que cuando llegue de vuelta la barcaza, esté desocupada”, indicó.
El puerto se volvió una alternativa ágil para los productores que deben sacar sus animales. La Sociedad Rural local impulsó la infraestructura para facilitar la descarga y el embarque hacia los camiones, una tarea que antes obligaba a muchos ganaderos a usar otros puntos de salida. La entidad también opera en el puerto San Lorenzo, más próximo a Rosario, que lleva aproximadamente un año de funcionamiento.
Marta, 88 años y una tradición de seis décadas
A medida que avanza la mañana el movimiento sigue en el puerto de Paranacito. Acompañada por su secretario aparece Marta, una ganadera de 88 años que se acercó para recibir los animales de su establecimiento. Fue docente en la Universidad de Córdoba y en paralelo sostuvo el legado familiar de la producción. “Esto viene de mi padre, quien fue uno de los primeros en mover la hacienda con barcaza a las islas... Hace 60 años”, rememoró.
“Hace dos meses sacamos una parte porque teníamos información de que venía el agua, pero se fue retrasando. Dijeron que se venían las lluvias y vinimos a sacarlos, y ahora, otra vez lo mismo. Hay que tener previsto todo”, dijo. Su hacienda irá a un campo a una hora del puerto, donde una parte quedará y otra saldrá a remate.
“Ahora estamos en una emergencia”
Cerca de las 13 llegó otra barcaza con los animales de Gonzalo Dumont, un productor de 45 años que tiene campos propios y arrendados en las islas para engorde y también establecimientos en tierra firme. “La etapa de prevención ya pasó. Hay gente que previó esta situación y está sacándolos desde hace un tiempo por los anuncios de El Niño. Otros no lo hicieron. Ahora hubo grandes lluvias en el norte argentino y en Brasil. Calculamos que, en 15 o 20 días, la mayor parte de la superficie del Delta va a estar bajo el agua”, advirtió.
Según dijo, el río ya muestra señales de una crecida más pronunciada. “Estamos en un cuello de botella. Ya estaba entrando agua de manera leve, pero hace tres o cuatro días hubo un pico importante. Nos va a tapar. La época de prevención ya pasó: ahora estamos en una emergencia”, insistió.
En su caso la hacienda recorrerá entre 50 y 60 kilómetros hasta sus campos. “El costo del flete no es la principal limitante ahora, sino la capacidad de transporte: no hay suficientes barcos”, completó. La escasez de embarcaciones obliga a organizar turnos y genera competencia por los servicios disponibles.
Cada animal que logra salir de las islas es una preocupación menos. Mientras las últimas jaulas se alejan por los caminos entrerrianos, en las islas todavía quedan productores esperando una embarcación para ganarle al agua.