Una investigadora del Conicet advirtió que las lluvias intensas de El Niño no solo traerán anegamientos: hay un problema que avanza bajo tierra en los árboles de Tucumán y que recién se nota cuando ya es tarde. Qué encontró y qué deberían hacer los vecinos.
Las lluvias intensas que traerá El Niño en Tucumán no solo amenazan con anegamientos. Según advirtió Mariana Rosa, docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) e investigadora del Conicet, el arbolado urbano también podría sufrir las consecuencias, sobre todo aquellos ejemplares que ya arrastran problemas de salud, raíces debilitadas o podas mal hechas.
La especialista explicó que el fenómeno climático previsto para esta temporada se caracteriza por concentrar grandes cantidades de agua en pocos períodos, con precipitaciones de mayor intensidad que las habituales.
“Para nuestra zona, lo que se prevé con el fenómeno de El Niño es que va a haber un incremento en las lluvias, que de por sí son intensas en verano, y también más calor”, señaló Rosa en una entrevista.
Lluvias más intensas, no más constantes
La diferencia con otros períodos lluviosos no está en la cantidad total de agua, sino en cómo cae. No se tratará de lloviznas débiles y sostenidas, sino de episodios en los que puede precipitar mucha agua en poco tiempo.
A eso se suma el aumento de la humedad relativa del aire, una condición que, según la investigadora, puede favorecer el ataque de hongos en árboles debilitados, con heridas o con problemas nutricionales.
“Lo más común es que se empiece a podrir el tallo, la base o que los hongos ataquen las raíces”, detalló.
El problema es que las infecciones en las raíces pueden avanzar sin dar señales visibles durante un tiempo. Recién cuando el cuadro está avanzado aparecen hojas mustias o amarillentas en una época en la que deberían seguir verdes.
Raíces débiles y el riesgo de caídas
Cuando las raíces se deterioran, los ejemplares pierden estabilidad y firmeza. Si a eso se le suman las tormentas y los vientos fuertes previstos para la temporada, crece la posibilidad de que se caigan árboles o se desprendan ramas.
Otro factor que complica la situación es el espacio reducido que tienen muchos árboles para absorber agua. Las cazuelas —los espacios de tierra que quedan alrededor del tronco en las veredas— suelen ser demasiado pequeñas, lo que hace que el agua escurra o se acumule y termine saturando el suelo.
“El anegamiento le produce al árbol falta de oxígeno en las raíces”, explicó Rosa.
Qué pueden hacer los vecinos
Ante la posibilidad de tormentas con ráfagas intensas, la investigadora remarcó la importancia de las podas adecuadas. Recordó que los vecinos no están autorizados a podar por cuenta propia los árboles de las veredas y recomendó comunicarse con las áreas de Espacios Verdes, donde deben intervenir profesionales capacitados.
Entre las prácticas necesarias mencionó la poda de balanceo, un procedimiento selectivo que distribuye de manera equilibrada el peso de las ramas en toda la copa. Así, el árbol puede resistir mejor los vientos.
También aconsejó revisar el tamaño de las cazuelas. Cuando el cemento o la vereda llegan casi hasta el tronco, el ejemplar pierde superficie para absorber agua y oxigenar sus raíces. Como referencia, indicó que esos espacios deberían tener como mínimo un metro por un metro, aunque las dimensiones deben ajustarse al porte de cada árbol.
Elegir bien la especie, la clave a largo plazo
Para Rosa, la planificación del arbolado urbano es fundamental. No todas las especies sirven para cualquier vereda y hay que contemplar el tamaño que alcanzará el árbol en su etapa adulta.
Como ejemplo, mencionó que lapachos y jacarandás necesitan veredas anchas para desarrollarse bien. En calles más angostas, en cambio, conviene optar por árboles de menor porte y recurrir a la flora nativa.
“Las especies nativas están adaptadas a nuestras condiciones climáticas, por lo que tienen más posibilidades de sobrevivir a este fenómeno de El Niño”, sostuvo.
