El ajo mendocino arrancó la cosecha con un número que no esperaban en el campo
Economía

El ajo mendocino arrancó la cosecha con un número que no esperaban en el campo

El Valle de Uco arrancó la cosecha de ajo con la expectativa de una buena campaña, pero el clima jugó en contra: en tres semanas cayeron 170 mm y los rindes ya muestran el golpe. Lo que no aparece son los compradores.

La cosecha de ajo en el Valle de Uco, Mendoza —la principal región productora del país— comenzó con un panorama complicado. Las lluvias intensas de las últimas semanas golpearon los cultivos y los productores ya calculan pérdidas de rendimiento de hasta un 17%, en un escenario donde los precios que reciben no alcanzan para cubrir los costos y los compradores, por ahora, no aparecen.

El dato lo aportó Pablo Della Lucía, productor de ajo del Valle de Uco y representante de la Sociedad Rural Argentina (SRA) en Mendoza y San Juan: en la zona se acumularon 170 milímetros de lluvia en apenas tres semanas. A eso se sumó una nubosidad persistente, poco habitual para la región, que coincidió con una etapa clave del cultivo, cuando las plantas terminan de formar las cabezas.

“Primero que estuvieron tres semanas nublado, que no es normal acá y en la etapa final del ajo, encabezando, formando los bulbos abajo en los dientes. Llovieron 170 milímetros en tres semanas”, relató.

Menos calibre, menos kilos

El clima afectó el tamaño de las cabezas y, según las primeras estimaciones, se perderá al menos un calibre, la medida que clasifica los ajos según su diámetro. La consecuencia directa es una caída de entre 5000 y 6000 kilos por hectárea, aunque el impacto variará según las condiciones de cada campo.

“Es muy difícil de estimar eso, porque también varía en cada campo, cada cultivo, pero van a caer entre cinco y seis mil kilos por hectárea. Una hectárea que daba 35 va a dar 30 y así, que es un montón, y más con los números muy finitos hoy en día”, señaló.

En un lote que habitualmente rinde 35.000 kilos por hectárea, la merma podría ubicarse entre el 14% y el 17%.

Precios que no cierran y galponeros que no compran

Los valores que reciben los productores tampoco alcanzan para cubrir la inversión. El ajo en verde —el que se comercializa recién cosechado— se paga hoy entre $250 y $300 por kilo, cifras similares a las de la campaña anterior. Producir una hectárea, en cambio, cuesta entre US$8000 y US$11.000, según las características de cada establecimiento y los trabajos que se contraten.

Para dimensionarlo, el productor armó la cuenta con un costo de producción de US$10.000 por hectárea, equivalentes a unos $16 millones según su cálculo, y un rendimiento de 30.000 kilos: vender el ajo a $300 por kilo generaría ingresos por $9 millones, es decir, $7 millones menos de lo invertido.

A los precios bajos se le suma la escasa demanda. Los “galponeros”, que habitualmente compran el ajo en el campo para acondicionarlo, almacenarlo y exportarlo, prácticamente no están haciendo operaciones porque temen que las lluvias continúen y afecten la calidad de la mercadería.

Una vez cosechado, el ajo debe acomodarse en cordones y protegerse de la humedad mientras se seca. Si se moja y aparecen manchas, su valor comercial puede derrumbarse. “Una vez que se manchó, ese ajo pasa a valer un tercio de lo que puede valer. Entonces, no han salido a comprar”, advirtió.

Guardar el ajo, una salida que no todos pueden pagar

Ante la falta de compradores, muchos agricultores optaron por conservar el ajo en el campo para secarlo y venderlo más adelante. El problema es que eso exige mano de obra y recursos que no todos tienen disponibles, sobre todo después de una campaña en la que los precios tampoco alcanzaron para cubrir los costos.

“Yo lo guardo todos los años, lo seco y después lo vendo en febrero, pero la mayoría han tenido que salir a hacerlo y todos vienen bastante desfinanciados”, explicó Della Lucía. Según señaló, numerosos productores arrastran deudas con proveedores de insumos y otros compromisos financieros de la campaña pasada.

Las lluvias también trastocaron los tiempos de cosecha. El ajo tiene un período relativamente corto para ser retirado del suelo en condiciones óptimas: si se cosecha demasiado temprano, los dientes no terminan de desarrollarse; si se demora, las cabezas pueden perder las capas externas que las protegen y baja su calidad comercial. “Entonces, la gente salió a arrancar un poco antes porque le falta todavía terminárselo por el miedo al clima”, explicó.

La dependencia de Brasil

A las dificultades de esta campaña se suma una situación comercial que, según Della Lucía, ya había perjudicado al sector el año pasado. Alrededor del 70% del ajo argentino se exporta a Brasil, por lo que los precios de ese mercado influyen de manera directa en los ingresos de los productores locales.

El representante de la SRA explicó que el año pasado Brasil retiró medidas antidumping a determinados exportadores chinos, lo que, según su interpretación, permitió el ingreso de ajo a precios con los que la producción argentina tiene dificultades para competir. “Las cajas entraron baratas y eso tiró todo para abajo”, afirmó.

La Argentina también exporta ajo a Estados Unidos, México y España, pero esos mercados compran determinadas variedades y durante períodos específicos del año. Brasil, en cambio, concentra la mayor parte de las ventas externas. “Somos Brasil-dependientes”, resumió.

Los productores esperan que Brasil vuelva a aplicar medidas antidumping al ajo chino para que los precios puedan recuperarse. De todos modos, Della Lucía aclaró que la temporada comercial recién comienza y que todavía no está definido cómo evolucionará el mercado.

Cuánto ajo se cultiva en Mendoza

Según el Relevamiento Hortícola Invernal 2025 del gobierno mendocino, la provincia cuenta con alrededor de 17.057 hectáreas cultivadas con ajo, de las cuales 9019 están en el Valle de Uco, integrado por los departamentos de San Carlos, Tunuyán y Tupungato. San Carlos es el departamento con mayor superficie destinada a este cultivo.

El ajo tiene un ciclo de aproximadamente nueve meses. Las siembras se realizan principalmente entre febrero y abril, mientras que la cosecha de las variedades blancas y moradas comienza a principios de noviembre. Las tareas avanzan primero en las zonas más cálidas del este provincial y terminan semanas después en el sur.

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