El ajuste de Milei multiplicó por cinco la mora de las empresas: casi 37.500 ya no pueden pagar

Un informe de Equilibra encendió las alarmas: en solo veinte meses, la mora de las empresas endeudadas se multiplicó por más de cinco. Detrás de ese número hay miles de pymes que no pueden pagar y una cadena de cheques rechazados que no para de crecer. ¿Qué encontraron en los balances de los bancos?

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El ajuste de Milei multiplicó por cinco la mora de las empresas: casi 37.500 ya no pueden pagar
El ajuste de Milei multiplicó por cinco la mora de las empresas: casi 37.500 ya no pueden pagar

La cantidad de firmas con deudas financieras en mora más que se duplicó en dos años: pasó de poco más de 16.200 a casi 37.500, según el último informe de la consultora Equilibra. Ya representan el 13,4% de las empresas endeudadas y el saldo del crédito empresarial con atrasos superiores a 90 días se multiplicó por más de cinco entre noviembre de 2024 y julio de 2026.

El economista Martín Rapetti, al frente de Equilibra, usó la Central de Deudores del Banco Central para medir la proporción del crédito empresarial impago. El resultado es demoledor: ese indicador trepó de 0,7% a 3,7% en veinte meses. En las pymes con menor endeudamiento la mora llega a 9,3%, y en las actividades textil y del cuero alcanza el 14,6%.

El Congreso empezó a debatir el drama de millones de familias que no pueden pagar la tarjeta de crédito o el préstamo de una fintech. Pero en paralelo avanza otra crisis de morosidad, la de las empresas, que tiene a las pymes en una situación desesperada.

Por qué se rompió la cadena de pagos

El ajuste continuo sobre los ingresos de la mayoría de la población (salarios y jubilaciones) provoca una caída del consumo masivo. Las familias primero tiraron de los ahorros y después se endeudaron, hasta agotar ambos recursos. Así estalla la morosidad de las personas.

Esa caída del consumo implica menos ventas de bienes y servicios, lo que hace crujir las finanzas de las empresas. Al mismo tiempo enfrentan tarifazos de los servicios públicos y la competencia de productos importados. El combo es explosivo: a las que ya estaban endeudadas se les complicó cumplir y las que tomaron un crédito para atravesar el temporal también ven debilitarse su capacidad de pago.

Las entidades financieras concentran el 98,6% del financiamiento empresario. Por eso el deterioro interpela de lleno al sistema bancario, con la tasa de interés en el centro del problema. Si las ventas retroceden y financiar el capital de trabajo se encarece, el crédito deja de acompañar la producción y empieza a consumirla. El descubierto en cuenta corriente permite pagar salarios a cambio de comprometer una porción mayor de los ingresos futuros.

Los golpes de Caputo y Bausili a los deudores

La desregulación amplió el poder de los acreedores. El DNU 70/2023 eliminó el límite específico de los intereses punitorios de las tarjetas al sustituir el artículo 18 de la ley 25.065. Después, la comunicación A 8026 del BCRA suprimió desde junio de 2024 el tope administrativo sobre su financiación. Fueron decisiones que desprotegieron a los deudores.

Luis Caputo y Santiago Bausili, ministro de Economía y presidente del Banco Central, respectivamente, también aportaron a la crisis al subir la tasa de interés para contener las presiones cambiarias. Ese mecanismo favorece el carry trade cuando el rendimiento en pesos supera la devaluación esperada y los costos de la operación. Las pymes que necesitan descontar un cheque juegan en ese mismo mercado desde la vereda opuesta: lo que para el inversor es rendimiento en dólares, para quien produce es un costo creciente que debe cubrir con ventas.

Los efectos del crédito caro sobreviven a la rueda financiera que los originó. Las deudas se acumulan, las refinanciaciones arrastran intereses y aparecen los incumplimientos. Bajar la tasa de las nuevas operaciones, como impulsa ahora la dupla Caputo-Bausili, es insuficiente porque no recompone automáticamente la capacidad de pago deteriorada.

El otro golpe fue facilitar el ingreso de productos importados. Con un mercado interno debilitado, una mayor participación de bienes finales del exterior deja menos ventas para la producción local. La apertura combinada con un dólar barato abarata lo que llega de afuera mientras la fábrica local afronta costos internos que no bajan.

Industria y construcción, los sectores más golpeados

Según los datos del INDEC difundidos esta semana, en julio la industria cayó 4,9% interanual y la construcción retrocedió 4,5%. La construcción encabeza la mora sectorial con 7,7% del financiamiento, seguida por el comercio, con 6,5%. En el otro extremo, la intermediación financiera registra 0,3% y la explotación de minas y canteras, 0,4%.

El reporte de Equilibra ordena a las empresas por monto de crédito. En el tramo inferior a 5 millones de pesos la mora es de 9,3%; entre 5 y 200 millones baja a 7,6%; entre 200 y 3800 millones se ubica en 6,6%, y para montos superiores a 3800 millones desciende a 1,8%. El grupo de menor endeudamiento reúne alrededor del 60% de las firmas y recibe apenas el 0,2% del crédito. En el extremo opuesto, cerca del 1% de las empresas concentra el 73,8% del financiamiento.

La cantidad de pymes con avales de Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) en mora casi se triplicó: de 3.354 a 9.679. A eso se suma el endurecimiento de los requisitos del sistema financiero para prestarles. Según el Observatorio PyME, entre el tercer trimestre de 2025 y el segundo de 2026 los atrasos con bancos fueron de 8,6%, con proveedores de 15,3% y con impuestos de 17,3%. Las pymes quieren mantener abierta la llave del crédito bancario, pero les resulta cada vez más complicado.

Cheques rechazados: otra señal de alarma

En julio fueron rechazados 161.831 cheques, un 9,6% más que un año antes, según el Banco Central. De ellos, 97.950 carecían de fondos suficientes, con un aumento interanual de 25,8%, mientras los cheques compensados cayeron 6%.

Un cheque sin fondos traslada la falta de liquidez del comprador a su proveedor y mete a la cadena de pagos en estado de estrés. Quien esperaba cobrar para pagar salarios o reponer mercadería debe conseguir otro financiamiento, postergar obligaciones o reclamar la deuda. El incumplimiento de una firma complica a otra, que traslada la tensión a la siguiente: una cascada que desemboca en el estallido de la morosidad.

Qué dicen los balances de los bancos líderes

El Banco Galicia informó una mora de 8,3% al cierre de junio, frente a 7,7% en marzo y 4,4% un año antes. Sus previsiones sumaban 1,96 billones de pesos y cubrían 92,8% de la cartera irregular. El Grupo Galicia, que incorpora Naranja X, mostraba una mora de 10,6%.

El Banco Macro registró una irregularidad total de 6,25% y una cobertura de 95,39%. Informó una mora de 8,42% en la cartera de consumo y de 0,85% en la comercial, y cargó 194.300 millones de pesos por previsiones en el trimestre. El Grupo Supervielle detalló un 5,5% de mora total, con 9,6% en la cartera minorista y 4,4% en la comercial. La cobertura era de 98,9% y las previsiones del trimestre sumaban 68.000 millones de pesos.

Las previsiones son el reconocimiento contable de pérdidas estimadas. Una cobertura inferior al 100% no demuestra por sí sola insolvencia, porque hay que analizar garantías, recuperaciones esperadas y capital. Para el conjunto del sistema, el BCRA informó en junio una mora de 7,6%, con 12,8% en familias y 3,5% en empresas. Las previsiones equivalían al 6,5% del crédito y al 86,6% de la cartera irregular. Por ahora el propio Central señala que existen elevados márgenes de solvencia. Sin embargo, Equilibra advierte que “la probabilidad de que un crédito a empresas caiga en mora ya triplica la media de los últimos 20 años”.

Hay además un efecto contable que permite mostrar una menor morosidad sin que los deudores hayan vuelto a pagar. Cuando una entidad da de baja un crédito contra previsiones, ese préstamo sale del activo contable. Si vende la cartera, cambia el acreedor; si encarga la cobranza a un tercero, puede seguir siendo su titular. Así, una mejora del cociente de mora no siempre significa que los deudores volvieron a pagar. Estimaciones difundidas en el mercado financiero indican que unos 150 mil créditos fueron entregados a agencias de cobranza por un total de 4 billones de pesos, casi el 4% de la cartera de préstamos con problemas.

La soga al cuello

Las pautas macroprudenciales del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, del Banco de Pagos Internacionales, señalan que las entidades deben identificar temprano el deterioro, reconocer pérdidas y sostener capital suficiente. No establecen un porcentaje universal de mora que por sí solo declare una crisis.

Para una pyme, sin embargo, el drama transcurre por un carril distinto al del balance de los bancos, que pueden absorber la pérdida de un préstamo pequeño de una empresa que cierra. Que el sistema financiero soporte el ajuste no significa que lo soporte el entramado productivo.

El debate en el Congreso necesita incorporar esa dimensión. Reprogramar deudas y revisar el costo financiero puede dar aire a los morosos, pero el alivio será limitado mientras se deteriore la fuente de repago. La medida estructural no es secreto: recuperar los ingresos de las familias para que las empresas vendan más y así baje la morosidad general. No es el sendero elegido por Milei para un problema que alcanza a millones de personas y miles de pymes.

El programa liberal-libertario postula tasas de interés elevadas para retener pesos en colocaciones financieras y enfrentar el peligro de una corrida cambiaria, que igual se producirá a medida que se acerque el año electoral. Esa estrategia especulativa ya provocó que casi 37.500 empresas sean morosas de bancos. Quedan con la soga al cuello los dueños y los trabajadores, que también se endeudaron para sobrevivir al tsunami económico.

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