El alerta de Miroli: los mosquitos del dengue ya pican a cualquier hora y en cualquier mes
El inmunólogo Alfredo Miroli advierte que el calor está seleccionando mosquitos más resistentes y virus más eficaces. Tucumán, en la mira: los brotes pueden adelantarse y durar más. ¿Qué cambió en el Aedes?
El cambio climático está reescribiendo las reglas del dengue, el zika y el chikungunya en Tucumán y el país. El inmunólogo Alfredo Miroli, Maestro de la Medicina por la UNT, advirtió que las transformaciones ambientales no solo modifican los hábitos de los mosquitos: también impulsan cambios genéticos en los insectos y en los virus que transmiten.
La consecuencia, según su análisis, es que los brotes pueden aparecer antes de lo previsto, sostenerse durante más tiempo y extenderse a regiones donde esos virus casi no circulaban.
Brotes fuera de calendario
El especialista sostuvo que el aumento de las temperaturas y las alteraciones en los ciclos climáticos favorecen la selección de variantes genéticas con mayor capacidad de adaptación, supervivencia y transmisión.
“Para la Argentina y para Tucumán significa que estas variantes generan y generarán brotes antes de lo esperado y por mucho más tiempo”, alertó Miroli.
Ese nuevo escenario epidemiológico podría incluir actividad de los insectos en distintas estaciones, en horarios poco habituales y en lugares que históricamente no representaban una amenaza sanitaria.
Más transmisibles, más infectivos
Miroli también planteó que algunas variantes virales podrían mostrar mayor transmisibilidad o infectividad. Aunque suelen confundirse, son conceptos distintos: la transmisibilidad mide la facilidad con la que un agente pasa de un organismo a otro; la infectividad, su capacidad de provocar una infección incluso con una exposición menor a partículas virales.
Por eso consideró clave reforzar la vigilancia genómica, la herramienta que permite detectar tempranamente modificaciones en los virus que podrían anticipar nuevos brotes.
El Aedes se adapta al calor extremo
Uno de los fenómenos centrales que describió es la adaptación de los mosquitos del género Aedes, en especial el Aedes aegypti y el Aedes albopictus, transmisores de distintas enfermedades virales.
Según su análisis, el calor puede favorecer variantes capaces de producir más proteínas de choque térmico, conocidas como HSP, que ayudan a resistir situaciones extremas. Esa adaptación permitiría que algunas poblaciones sobrevivan en ambientes que antes resultaban demasiado cálidos o secos.
Otro cambio relevante involucra el reloj biológico de los insectos, que regula sus períodos de actividad, alimentación y reproducción. Miroli explicó que las modificaciones ambientales pueden alterar los mecanismos genéticos vinculados con ese ciclo, entre ellos los relacionados con las proteínas PER y TIM.
Como consecuencia, algunas poblaciones podrían extender sus horarios de picadura hacia momentos más frescos del día e incluso mantener actividad nocturna, sobre todo en espacios urbanos con iluminación artificial.
Ciclos reproductivos más largos y lluvias que mezclan poblaciones
Tradicionalmente, las condiciones climáticas limitaban el desarrollo de los mosquitos durante los meses fríos. Sin embargo, la adaptación de algunas poblaciones podría favorecer ciclos reproductivos más prolongados, con presencia de insectos durante una mayor parte del año.
A eso se suman las alteraciones en los regímenes de lluvias, que pueden crear nuevos ambientes propicios para la reproducción y facilitar el contacto entre poblaciones de mosquitos antes separadas. Ese intercambio genético podría dar lugar a insectos con mayor capacidad de adaptación y, en algunos casos, resistencia a los insecticidas.
Wolbachia, una aliada que el calor pone en riesgo
El informe también destacó el papel de la bacteria Wolbachia, utilizada en estrategias de control biológico del dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos. Introducida en poblaciones de Aedes aegypti, dificulta la multiplicación de ciertos virus dentro del insecto y reduce su capacidad de transmitirlos.
Sin embargo, Miroli advirtió que las temperaturas extremadamente elevadas pueden afectar la presencia de Wolbachia en los mosquitos y disminuir la eficacia de ese mecanismo de protección.
Dengue, zika y chikungunya: qué se sabe
Entre las enfermedades que generan mayor preocupación está el dengue, una de las infecciones virales transmitidas por mosquitos más extendidas del mundo. El especialista recordó que existen cuatro serotipos del virus —DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4— y que la enfermedad puede provocar fiebre, dolores musculares intensos, cefaleas y otras manifestaciones clínicas.
También mencionó al zika, cuya importancia sanitaria está ligada especialmente a las complicaciones durante el embarazo, entre ellas alteraciones del desarrollo neurológico fetal, incluida la microcefalia. La infección también se ha asociado con el síndrome de Guillain-Barré.
En cuanto al chikungunya, explicó que se caracteriza por dolores articulares que pueden ser intensos y persistentes. Su transmisión está vinculada principalmente con el Aedes aegypti y el Aedes albopictus, este último conocido como mosquito tigre y capaz de establecerse en regiones de temperaturas más templadas.
Virus que también mutan
El informe abordó además las modificaciones genéticas de los propios virus, que pueden influir en su capacidad para multiplicarse dentro de los mosquitos transmisores. Como ejemplo, Miroli mencionó la mutación E1-A226V del virus chikungunya, estudiada por su capacidad para mejorar la transmisión mediante Aedes albopictus.
Otro fenómeno destacado es la reducción del período de incubación extrínseca, es decir, el tiempo que transcurre desde que un mosquito adquiere un virus hasta que puede transmitirlo mediante una picadura. Según los valores expuestos por el especialista, determinadas condiciones pueden acortar ese período de aproximadamente 12 a seis días para el dengue, de siete a dos días para el chikungunya y de 12 a ocho días para el zika.
Estas cifras describen escenarios específicos y no deben interpretarse como tiempos uniformes para todas las variantes virales o condiciones ambientales.
Calor extremo, sequías e inundaciones
El análisis también señaló que las olas de calor, las sequías prolongadas y las inundaciones pueden modificar las poblaciones de mosquitos y favorecer procesos de selección genética, aunque sus consecuencias epidemiológicas dependen de múltiples factores.
En particular, los episodios climáticos extremos pueden generar reducciones bruscas de las poblaciones seguidas de períodos de expansión, un fenómeno que en genética poblacional se conoce como cuello de botella. Durante esos procesos, algunas variantes poco frecuentes pueden ganar presencia en las generaciones posteriores.
El desafío para Tucumán
Para Miroli, la combinación de estas transformaciones representa un desafío creciente para los sistemas de vigilancia epidemiológica, especialmente en provincias como Tucumán, donde el dengue ya es una preocupación sanitaria recurrente.
El especialista insistió en la necesidad de incorporar herramientas de vigilancia genómica en tiempo real y avanzar, cuando sea posible, hacia modelos predictivos que permitan anticipar cambios en la circulación viral.
Aunque el cambio climático puede favorecer condiciones propicias para la expansión de los mosquitos y alterar la dinámica de transmisión, la aparición de epidemias también depende de factores como la disponibilidad de criaderos, la inmunidad de la población, la circulación de los virus y las medidas de prevención.
El planteo central del informe es que el impacto sanitario del calentamiento global no se limita al aumento de las temperaturas: también puede transformar las relaciones entre los insectos transmisores, los microorganismos y las poblaciones humanas, obligando a adaptar las estrategias de prevención y control de enfermedades.