El amargo festejo de los panaderos salteños: las ventas se derrumbaron y el panorama es desolador
En el Día del Panadero, las ventas se derrumbaron hasta 30% en Salta. ¿Qué pasa con las pymes y qué solución propone el sector?
En pleno Día Nacional del Obrero Panadero, el sector en Salta no tiene demasiado para celebrar: las ventas se desplomaron hasta un 30% y los comercios luchan por mantenerse a flote.
Así lo confirmó Daniel Romano, presidente de la Cámara de Panaderos de Salta, quien explicó que la crisis económica nacional golpea fuerte a las pymes provinciales. La falta de poder adquisitivo de la gente se siente directamente en los mostradores.
¿Cuánto cayeron las ventas?
El referente del sector cuantificó la retracción en los últimos meses. "El consumo está tan caído que nosotros hemos perdido ventas entre un 25 y un 30% aproximadamente", precisó Romano en diálogo con Radio LUP Salta.
Esta caída no es pareja: en los barrios más humildes, la gente solo compra pan común y las especialidades como medialunas o facturas sufrieron un derrumbe mucho mayor. "La caída en medialunas y facturas llega al 50 y 70%", detalló el vocero.
La comparación con los jubilados
Romano no dudó en comparar la situación de las pequeñas empresas con la de los sectores más vulnerables. "Como hace un jubilado para sobrevivir, hay que preguntarse lo mismo en el sector empresarial sobre cómo hacen las pymes en semejantes circunstancias", expresó.
El empresario también se refirió a la venta ambulante de panificados que crece en las calles. Lejos de catalogarla como competencia desleal, la justificó: "Es gente que se cae del sistema e intenta llevar el puchero a la casa; vivimos en una sociedad terriblemente compleja con 300.000 puestos de trabajo menos", argumentó.
¿Cuál es la solución?
Para el presidente de la Cámara, la clave para reactivar el sector no está en medidas mágicas sino en algo mucho más simple. "La clave de todo esto está en el bolsillo de la gente; la solución para que esto levante es poner plata en el bolsillo de la gente", concluyó.
Mientras tanto, los panaderos salteños siguen amasando esperanza, pero el horno no está para bollos.