El chico pidió dejar atrás el apellido de un padre que lo abandonó dos veces y la Justicia le dio la razón. Qué argumentó para lograrlo.
La Justicia de Rosario le permitió a un joven suprimir el apellido paterno y adoptar el materno, al considerar que el vínculo con su progenitor se interrumpió cuando era chico y que su identidad se construyó alrededor de la rama de su madre.
El pedido lo presentó el propio joven con el patrocinio del abogado Gustavo Dellepiane. En el escrito sostuvo que al nacer solo lo reconoció su madre y que el padre no se hizo cargo de él.
La historia tuvo un giro cuando el hombre decidió reconocerlo e inscribir su apellido en el Registro Civil, cuatro años después. Todo parecía indicar que empezaría a construir un vínculo filial, pero el progenitor volvió a desaparecer de su vida y se convirtió en un completo desconocido, según publicó el periodista Alberto Furfari en el sitio Versión Rosario.
Los argumentos para dejar atrás el apellido paterno
El joven planteó que el apellido de su padre no lo representa. En su círculo íntimo, de hecho, siempre se lo conoció por el apellido de su madre.
El asesor legal del Registro Civil dictaminó que le correspondía al tribunal evaluar los “justos motivos” que prevé el Código Civil y Comercial de la Nación para estos casos.
El juez en lo civil y comercial Marcelo Quiroga recordó que el nombre y el apellido solo pueden cambiarse o modificarse por resolución judicial y cuando existan “justos motivos”.
Entre esos motivos, el joven invocó que su crianza estuvo a cargo de su madre y que no tuvo contacto con su padre desde los 4 años. Tampoco se identifica con el apellido paterno.
El magistrado remarcó que el peticionante edificó su identidad dinámica en torno al apellido materno. Por eso, entendió que la identidad que proyecta en el ámbito social y su protección exigían que el pedido se receptara favorablemente.
Los testigos ofrecidos en la causa fueron contundentes: al padre no lo conocen.