El árbol que da sombra en Jujuy y en primavera se convierte en un problema para miles

El plátano que da sombra en las calles de San Salvador de Jujuy esconde una cara que muchos sufren cada primavera. Lo que se ve volar no es lo que realmente provoca la alergia, y los estudios locales ya identificaron al verdadero responsable. ¿Sabés qué árbol tenés en tu vereda?

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El árbol que da sombra en Jujuy y en primavera se convierte en un problema para miles
El árbol que da sombra en Jujuy y en primavera se convierte en un problema para miles

El plátano es uno de los árboles más elegidos para el arbolado urbano de San Salvador de Jujuy. Su copa amplia, su crecimiento rápido y su resistencia a la contaminación lo vuelven un aliado contra el calor. Pero cuando llega la primavera, ese mismo ejemplar se transforma en una molestia para las personas alérgicas.

Polen y “pelusa”: no son lo mismo

Lo que se ve volar por las calles y popularmente se conoce como “pelusa del plátano” no es exactamente el polen que desencadena la alergia. El verdadero polen es mucho más pequeño y puede permanecer suspendido en el aire. En las personas sensibilizadas, el sistema inmunológico reconoce ciertas proteínas y desata la reacción alérgica.

La Sociedad Argentina de Alergia e Inmunopatología identifica al plátano como una fuente importante de aeroalérgenos capaz de provocar rinitis, rinoconjuntivitis y asma. En cambio, los pequeños pelos o fibras que rodean frutos y hojas jóvenes pueden irritar ojos y vías respiratorias. Por eso incluso alguien que no sea alérgico al plátano puede sentir picazón o carraspera al atravesar una zona con esas partículas flotando, según señala Quirónsalud.

¿Qué síntomas provoca?

La alergia al polen del plátano suele manifestarse en nariz, ojos y vías respiratorias. Los síntomas más frecuentes incluyen estornudos repetidos, secreción nasal acuosa, congestión, picazón en nariz, ojos o garganta, lagrimeo y enrojecimiento ocular. También puede aparecer tos y, en personas con asma o cuadros respiratorios previos, agravarse los síntomas bronquiales.

Sin embargo, no alcanza con que los síntomas aparezcan en primavera para culpar a este árbol. El diagnóstico puede requerir historia clínica, relacionar los episodios con la época de polinización y realizar pruebas cutáneas o estudios de IgE. Además, el plátano no está solo: fresnos, moreras, cipreses, gramíneas y otras especies también liberan pólenes alergénicos, y una misma persona puede estar sensibilizada a varios.

¿Hay plátanos en San Salvador de Jujuy?

Sí, y no es una simple suposición. Una investigación del Laboratorio de Palinología de la Universidad Nacional de Jujuy, que monitoreó durante un año el polen en el aire de la capital jujeña, identificó al Platanus acerifolia entre las especies exóticas de origen local con potencial alergénico. Durante la primavera aumentó su presencia junto con la de fresnos, eucaliptos y otras especies del arbolado urbano.

Otro trabajo de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNJu, presentado en 2024, estudió el estado sanitario de árboles del microcentro y volvió a registrar ejemplares de Platanus acerifolia. Es decir, quien camina por el centro puede encontrarse con plátanos. Existen además registros históricos que mencionan ejemplares de grandes dimensiones en el Parque San Martín y en Los Perales, aunque no equivalen a un inventario actualizado.

Por el momento no hay publicado un mapa municipal que ubique cada plátano cuadra por cuadra en San Salvador de Jujuy. Lo que sí está documentado científicamente es que la especie está presente en el microcentro y forma parte del polen que circula en el aire.

El problema no se limita a un árbol

Las investigaciones en Jujuy revelan otro dato: el aire de la ciudad recibe polen tanto del arbolado plantado en calles y espacios verdes como de la vegetación nativa de las Yungas que rodea a San Salvador. En el monitoreo realizado entre agosto de 2011 y julio de 2012 se identificaron 56 tipos de polen, de los cuales 18 tienen potencial alergénico. Las especies predominantes cambian según la época del año.

Esto significa que ante una alergia primaveral no siempre hay un único culpable visible en la vereda. El polen viaja con el aire y su concentración depende de la temperatura, el viento y las precipitaciones. Los días secos, cálidos y ventosos favorecen su dispersión; la lluvia, en cambio, hace caer los granos suspendidos y puede dar un alivio temporario.

Buenos Aires creó un mapa para esquivarlos

En la Ciudad de Buenos Aires, donde hay decenas de miles de plátanos, este mes apareció el “Mapa de Plátanos CABA”, creado por la investigadora Luciana Staiano a partir de datos oficiales del relevamiento del arbolado público porteño. La plataforma muestra las cuadras según su cantidad de ejemplares: hasta tres, entre cuatro y seis, o siete o más. La idea es que una persona alérgica consulte el mapa antes de salir y elija un recorrido con menor concentración. La versión disponible en septiembre de 2026 todavía está en etapa beta.

Años atrás se desarrolló Pollen Alert, una herramienta del equipo argentino LemonPy que usaba datos satelitales para reconocer períodos de floración, estimar la dispersión del polen y planificar recorridos con menor exposición. El proyecto figura en el sitio oficial de datos de la Ciudad de Buenos Aires como una aplicación vinculada a Salud y Educación.

La idea plantea una pregunta para Jujuy: ¿podría la ciudad contar algún día con su propio mapa de árboles alergénicos y un calendario de pólenes actualizado? Los trabajos de la UNJu demuestran que parte de la información científica necesaria ya existe.

¿Hay que sacar todos los plátanos?

La respuesta no es sencilla. Eliminar masivamente estos árboles tendría consecuencias ambientales. El plátano fue elegido precisamente porque soporta bien las ciudades: crece rápido, ofrece una copa extensa, genera sombra, tolera la contaminación y ayuda a reducir el calentamiento de calles y veredas en verano.

Por eso, distintos enfoques de planificación urbana plantean una salida menos extrema: diversificar el arbolado y evitar repetir masivamente una misma especie, especialmente alrededor de hospitales, escuelas y otros sitios con poblaciones sensibles. El problema no es que exista un plátano, sino que una ciudad concentre miles de ejemplares de una misma especie con elevado potencial alergénico.

Un vecino incómodo, pero también necesario

Ahí está la paradoja del plátano. En verano buscamos su sombra y agradecemos los árboles grandes en una ciudad cada vez más caliente. Pero cuando llega la primavera, para muchas personas ese mismo árbol se vuelve sinónimo de pañuelos, estornudos y ojos llorosos.

No es un “árbol malo” ni una especie que deba ignorarse por sus beneficios ambientales. El desafío es otro: conocer qué tenemos plantado en las ciudades, entender cómo influye en la salud y planificar un arbolado más diverso. En San Salvador de Jujuy, los estudios ya dejaron una pista importante. El plátano está entre nosotros y también forma parte de aquello que respiramos cuando llega la primavera.

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