El ardid con Julio Iglesias y los 30 tiros que nunca olvidó: la historia del hombre que sobrevivió a todas sus guerras
Una camioneta blanca, un pasaporte falso y una foto que lo delató. Así cayó, después de décadas escondido, el hombre que siempre lograba escapar mientras los suyos caían. La historia detrás del líder del ERP que murió en una cama, lejos de las balas.
El 28 de octubre de 1995, una camioneta blanca cruzaba una ruta desierta de México rumbo a Chiapas. Adentro viajaban dos argentinos y una nicaragüense. Antes de llegar a Tepotzotlán, vehículos del ejército y la policía mexicana les cortaron el paso. Los hicieron bajar, los apoyaron contra el capot y les pidieron los documentos. El conductor dijo llamarse Jorge Denti. El otro, un hombre pelado, permaneció callado hasta la tercera orden: "Juan Rodríguez, uruguayo". Un uniformado miró una foto, le giró la cabeza a la fuerza y sentenció: "Es él".
Así terminaba, tras décadas de clandestinidad, la carrera de Enrique Gorriarán Merlo, jefe del ERP y responsable del ataque a La Tablada. A las pocas horas reconoció su identidad. Al día siguiente ya estaba en un avión hacia Argentina: México lo deportó de inmediato, sin trámites de extradición, gracias al pasaporte uruguayo falso con el que había entrado al país.
Gorriarán murió el 22 de septiembre de 2006, en una cama del hospital Argerich, a los 64 años, por un aneurisma de aorta abdominal. Pero su historia venía de mucho antes y estaba marcada por una particularidad incómoda: sus compañeros de militancia y de combate morían de manera violenta en episodios de los que él siempre salía ileso.
La fuga, el cautiverio y la muerte de Santucho
En 1972 protagonizó la espectacular fuga de la cárcel de Trelew. Junto a Santucho integró el grupo de seis que logró tomar un avión y escapar a Chile. Otros 19 quedaron en el aeropuerto; días después, 16 fueron fusilados en medio de la noche.
Con la democracia de vuelta, el ERP siguió operando en la clandestinidad. En enero de 1974 Gorriarán encabezó el copamiento de la guarnición militar de Azul. Murieron el jefe de la guarnición, su esposa y un soldado. El coronel Ibarzábal fue secuestrado y permaneció cautivo meses, hasta que lo mataron de un disparo a quemarropa cuando pesaba apenas 35 kilos. En el ataque murieron tres guerrilleros y otros doce fueron detenidos. Él volvió a salir indemne. Poco después la organización lo degradó y lo mandó a hacer trabajo de campo en distintas provincias: eso lo mantuvo lejos de Monte Chingolo.
En julio de 1976, ya con la dictadura en el poder, cayó Roberto Mario Santucho, líder del ERP, en un enfrentamiento en el que también murieron otros guerrilleros y su esposa fue desaparecida. Gorriarán se había reunido con él el día anterior: se salvó por horas. Tras la acefalía, quedó como jefe de la parte militar, mientras Luis Mattini conducía la política.
El ardid con Julio Iglesias y los 30 disparos
Después llegó el exilio, su paso por el gobierno sandinista en Nicaragua y la Misión Reptil: siete argentinos y una nicaragüense viajaron a Asunción para asesinar al exdictador nicaragüense Anastasio Somoza. Alquilaron un kiosco frente a su mansión y también la casa de enfrente, con una excusa insólita: dijeron a la dueña que la necesitaba Julio Iglesias, que llegaría en semanas a filmar una película y requería máxima discreción. Pagaron meses por adelantado y por encima del valor de mercado.
El día del ataque, Daniel "El Gordo" López cruzó un auto delante del vehículo de Somoza. Hugo Irurzún, el Comandante Santiago, intentó disparar un RPG-7, pero el proyectil no salió. Entonces Gorriarán se paró frente al auto blanco con un M-16 y descargó 30 tiros que mataron al chofer, a un acompañante y al dictador. Irurzún logró un segundo disparo y voló el techo del vehículo. Los custodios abrieron fuego: según Gorriarán, estaba a cinco metros y ninguna bala lo alcanzó. Irurzún nunca fue visto de nuevo.
La Tablada, la entrevista y el indulto
Su aparición más sangrienta fue La Tablada, en enero de 1989: una acción militar del MTP que él diseñó y encabezó. Terminó con 33 guerrilleros muertos y 4 desaparecidos, 9 miembros del Ejército y 2 de la Policía Federal, además de decenas de heridos. Gorriarán siguió el operativo desde una terraza cercana, nunca entró al cuartel y escapó cuando la derrota era evidente, dejando atrás a sus compañeros.
En 1995 dio una entrevista de siete horas a Telefé en la que repasó su historia con frialdad. El presidente Menem exigió capturarlo. Meses después lo detectaron en México y, según distintas versiones, hubo un acuerdo entre Menem y Zedillo para detenerlo y enviarlo de inmediato a la Argentina.
Fue juzgado y condenado a prisión perpetua por La Tablada. Su ex esposa, Ana María Sívori, recibió 18 años y luego denunció maltratos físicos, psicológicos y políticos. En 2003, una semana antes de dejar el poder, Eduardo Duhalde lo indultó junto a Seineldín y otros carapintadas bajo la excusa de la "Pacificación Nacional".
Luis Mattini, secretario general del PRT-ERP, lo definió sin vueltas: "Gorriarán fue el responsable de las muertes de los combatientes en La Tablada. Fue un error enorme que si lo aceptara debiera llevarlo al suicidio".