El arte argentino despide a un gigante: murió Carlos Alonso, el pintor que no dejó de mirar la herida
El mundo del arte argentino se despertó con una noticia que duele: uno de sus grandes maestros, el mendocino Carlos Alonso, falleció a los 97 años. Su obra, marcada por el exilio y la memoria, deja una huella imborrable. Enterate de los detalles de su vida y su legado.
El lunes 21 de septiembre amaneció con una noticia que entristeció al mundo del arte: Carlos Alonso, uno de los artistas plásticos más importantes de la Argentina, falleció a los 97 años. Dibujante, grabador y pintor, hizo de su obra una forma de entender el mundo y de mantener viva la memoria.
Con una fuerza que impedía apartar la mirada, sus retratos combinaban una técnica impecable con una furia y una expresión casi tangibles. El trazo del gran dibujante que era y su compromiso con la realidad marcaron cada uno de sus trabajos.
Una pérdida que se suma a un mes negro para el arte
La muerte de Alonso se conoce a pocos días de la del escultor Juan Carlos Distéfano y, poco después, de quien fuera su mujer durante toda la vida, la escritora y dramaturga Griselda Gambaro. Tenía 97 años y deja un vacío enorme en la cultura argentina.
Su obra, al igual que la de León Ferrari, expone las heridas de una memoria histórica dolorosa. Desde su Mendoza natal irrumpió en el panorama artístico de los sesenta con una potencia indómita que no dejaba a nadie indiferente. Su lenguaje personal y su compromiso político ya estaban ahí, en lienzos que lo convirtieron en uno de los grandes referentes del arte nacional.
Exilio, dolor y regreso
Consagrado, expuesto y publicado, se exilió en Italia después del Golpe de Estado de 1976 y la desaparición de su hija Paloma, en 1977. A esa tragedia se sumaba la pérdida de su esposa Beba, que murió ahogada en las playas de Río de Janeiro durante la luna de miel.
Volvió al país desde Madrid, su segunda casa en el exilio, a principios de los ochenta. Su pintura y su dibujo, entrelazados, mostraron con mayor vigor entonces la profundidad de las heridas, pero también las pulsiones vitales, el erotismo, el amor y el caos de la creación.
Un legado que estremece
Las pinturas de Alonso deslumbran por su virtuosismo. Siempre está presente el enorme dibujante que era. Su capacidad de expresión podía poner los pelos de punta con los temas más diversos: cuerpos y reses, sangre y locura, dramatismo y pasión.
Quien haya visto muestras como “Carlos Alonso en el infierno”, su serie inspirada en La Divina Comedia de Dante, o la conmovedora “Vida de pintor” en el Museo Fortabat, que incluía varios de sus tremendos autorretratos, sabe del impacto y el grito de sus imágenes, que no se olvidan.



