El artesano que pelea para que la Estudiantina no pierda su esencia
¿Qué hay detrás de los trajes de la Estudiantina 2026? Un taller artesanal lucha por recuperar la esencia de la fiesta. Conocé la historia de Alejandrino Vázquez.
En los talleres de Posadas, la Estudiantina 2026 ya se vive desde hace meses. Detrás de cada traje hay un trabajo artesanal que busca recuperar la mística de una fiesta centenaria.
Alejandrino Vázquez, diseñador, productor y gestor cultural, es uno de los que mantiene viva esa llama. Desde su taller, acompaña a distintas escuelas en la creación de sus propuestas estéticas.
“Desde marzo empezaron a aparecer las primeras propuestas de trabajo. Hay mucha demanda y muchos colegas que también se dedican a esto, pero nosotros elegimos cuidadosamente qué proyectos acompañar porque buscamos desarrollar propuestas con un concepto artístico y una identidad propia”, explicó a FM 89.3 Santa María de las Misiones.
Un vínculo que nació en la adolescencia
Para Vázquez, la Estudiantina no es solo un trabajo. Es parte de su historia. Fue estudiante de la Escuela Superior de Comercio Nº 6 entre 2002 y 2005, donde participó activamente de la fiesta.
“La Estudiantina fue parte de mi adolescencia. Fui estudiante, integré el centro de estudiantes y participé activamente de la fiesta. Después me convertí en asesor de la escuela durante muchos años y hoy sigo acompañando desde otro lugar, ayudando en la creación artística de los vestuarios y de las propuestas escénicas.”
Ese recorrido le permite comparar épocas y valorar la permanencia de la celebración. “La Estudiantina es parte de todos los posadeños, de todos los misioneros y por qué no decirlo, del mundo. Un evento de estas características existe en distintos lugares de Latinoamérica, pero Posadas fue pionera y este año celebra nada menos que 76 años de historia.”
Un taller donde trabajan diez personas
Detrás de cada traje hay un trabajo colectivo. En el taller de Vázquez participan alrededor de diez personas con roles específicos: modistas, costureras, especialistas en estructuras metálicas, soldadores, decoradores y quienes ensamblan las piezas.
“Acá cada uno cumple un rol. Tenemos una jefa de taller, personas dedicadas exclusivamente a la costura, otras que trabajan las estructuras de alambre, hacen soldaduras y después está toda la parte de decoración y terminaciones. Es un trabajo completamente artesanal.”
La Estudiantina también es una fuente de empleo temporal para muchos trabajadores de la industria cultural y creativa de Posadas.
El desafío de los costos
El contexto económico afecta la producción de los trajes, pero Vázquez busca alternativas para que ninguna escuela quede afuera. “Claramente nosotros también nos vemos afectados por la situación económica, pero buscamos soluciones. Los chicos vienen muy organizados, hacen sistemas de cuotas para afrontar los costos y nosotros tratamos de acompañarlos.”
En su taller tomaron una decisión particular: “Nosotros cobramos prácticamente al final de todo el proceso. Lo último que queremos es poner una dificultad económica para que puedan hacer realidad su proyecto.”
Recuperar una tradición que se estaba perdiendo
Lo que más entusiasma a Vázquez no son las telas ni los tocados, sino recuperar una costumbre que se fue perdiendo. “No quiero hacerme millonario con esto. Lo que quiero es que los chicos vuelvan a vivir lo que nosotros vivimos cuando éramos estudiantes.”
Recuerda las tardes en que las familias se reunían para bordar antes del desfile. “Nos juntábamos mamá, papá, los abuelos, los tíos y los compañeros a pegar lentejuelas o bordar los trajes. Ese proceso era parte de la Estudiantina.”
Por eso, este año decidió que los estudiantes participen directamente en la confección. “Ellos vienen al taller, cosen, pegan, ayudan a construir su propio vestuario. Eso también es aprendizaje y hace que después valoren muchísimo más todo el esfuerzo que hay detrás.”
Cada escuela tiene su identidad
Vázquez descartó que exista una moda dominante este año. Cada institución apuesta por una identidad propia. “Hay escuelas que trabajan conceptos mucho más teatrales, donde el vestuario representa una idea y el brillo pasa a un segundo plano. Otras siguen apostando por los trajes completamente bordados con lentejuelas y canutillos. Ambas propuestas son válidas.”
Esa diversidad genera oportunidades para distintos talleres y especialistas. “Hay muchísimo trabajo de modistería y también mucho trabajo artesanal de bordado. Todo depende de la propuesta artística que quiera desarrollar cada colegio.”
Del “rey” al representante estudiantil
Otro cambio que celebra es la evolución de la fiesta: la elección de reina y rey quedó atrás para dar lugar a una denominación más inclusiva. “Hoy son representantes estudiantiles y me parece un cambio muy importante. Siempre representaron a sus escuelas, pero ahora eso quedó reflejado también desde lo institucional.”
El año pasado, su equipo confeccionó los trajes de nueve representantes estudiantiles, y no solo el vestuario. “También los acompañamos en cuestiones vinculadas con la oralidad, la presencia escénica y la forma de desenvolverse. El taller trabaja mucho más que la ropa.”
Con la prueba piloto cerca y la cuenta regresiva en marcha, Vázquez asegura que la esencia de la Estudiantina permanece intacta. “Lo más importante no es solamente el desfile. Lo verdaderamente valioso es todo el proceso que viven los estudiantes para llegar hasta ahí.”
“Mientras haya chicos con ganas de crear, de reunirse con sus compañeros y de construir juntos un proyecto, la Estudiantina va a seguir siendo una de las expresiones culturales más importantes de Misiones. Las puertas del taller siempre van a estar abiertas para acompañarlos.”