El asesino que eligió la luna llena para matar parejas: nunca lo atraparon
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El asesino que eligió la luna llena para matar parejas: nunca lo atraparon

Cuatro parejas atacadas en noches de luna llena, un pueblo que se armó y un sospechoso que nunca fue condenado. La historia real detrás de una película de terror que todavía se proyecta cada verano.

Texarkana, 1946. Cuatro parejas atacadas en diez semanas, siempre en noches de luna llena y en lugares apartados. El pánico fue tal que los vecinos se armaron y el caso pasó a manos federales. El culpable jamás fue condenado.

La ciudad de Texarkana, en el noroeste de Texas, vivió a comienzos de 1946 una pesadilla que se prolongó durante diez semanas. Cuatro asesinatos violentos, todos con el mismo patrón, dejaron a la población en estado de alerta. Los ataques ocurrían en noches de luna llena y tenían como blanco a parejas que buscaban intimidad en parajes alejados.

El miedo se apoderó de los habitantes, que empezaron a armarse y a desconfiar de cualquier forastero. La investigación policial no tardó en ponerse en marcha, pero la dimensión del temor colectivo hizo que el caso trascendiera y se convirtiera en un asunto de índole federal.

El bautismo del “asesino fantasma”

El 16 de abril de ese año, el diario local Texarkana Daily News publicó un titular que quedaría en la historia: “El asesino fantasma elude a los oficiales mientras se presiona la investigación de los asesinatos”. Desde entonces, el criminal fue conocido como “el asesino fantasma”.

La primera pareja en sobrevivir al ataque pudo aportar datos sobre el agresor. Jimmy Hollis y Mary Jeanne Larey habían ido al cine y luego se dirigieron a un sitio apartado. Mientras se besaban, vieron acercarse a un hombre con una máscara de tela blanca que los apuntó con una linterna blanca. “No quiero matarte, amigo, así que haz lo que te digo”, escucharon.

El desconocido golpeó a Jimmy hasta dejarlo inconsciente y con el cráneo fracturado. Mary declaró después a la policía que los golpes fueron tan brutales que creyó que su novio había muerto. Luego, el atacante le ordenó a ella que corriera. La joven corrió carretera arriba y vio un auto que creyó sería su salvación, pero estaba vacío. Allí la alcanzó el hombre, que le preguntó por qué corría. Ella respondió que él se lo había pedido, y entonces la arrojó al suelo y la agredió sexualmente.

Tras la violación, el agresor huyó. Mary volvió a correr hasta la primera casa que encontró para pedir ayuda. Jimmy, por su parte, logró incorporarse y, con la asistencia de un automovilista que pasaba, se comunicó con la policía.

El rastro de los autos robados

El mismo modus operandi se repitió tres veces más, pero las siguientes parejas no tuvieron la misma suerte y fueron asesinadas. La investigación llegó a tener 400 sospechosos. Sin embargo, un detalle resultó clave: los policías notaron que cada vez que se producía un ataque se reportaba el robo de un vehículo. El asesino, además de matar, era experto en sustraer autos para no dejar rastros de su paradero.

Esa pista llevó a Youell Swinney, un hombre de 29 años con antecedentes por robo de automóviles y falsificación. Al ser detenido, preguntó a los oficiales: “¿Qué creen que me harán por esto? ¿Me condenarán a la silla eléctrica?”. Esa reacción aumentó las sospechas en su contra. Su pareja de entonces lo acusó de haber cometido los asesinatos de Paul Martin y Betty Jo Booker, pero luego se retractó. Como era su cónyuge, no pudo ser obligada a testificar en su contra.

Swinney fue condenado a 27 años de prisión por robo de vehículos. Aunque los ataques cesaron después de su encarcelamiento, nunca se pudo probar que fuera el responsable de los crímenes. El caso sigue abierto y el Departamento de Seguridad Pública de Texas lo considera el principal asesinato sin resolver en la historia del estado.

De la crónica policial al cine de terror

En 1976, el director Charles B. Pierce se inspiró en esta historia para filmar The Town That Dreaded Sundown, conocida en Latinoamérica como Terror al anochecer. La película se estrenó el 24 de diciembre de ese año y se convirtió en un clásico del género. Cada verano, en las fechas en que ocurrieron los asesinatos, la cinta vuelve a proyectarse en la región y mantiene vivo el recuerdo de unos crímenes que aún esperan respuestas.

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