El atajo secreto que usan los vecinos para esquivar el colapso del Camino del Perú
¿Cuánto tiempo perderías vos si tuvieras que hacer ese trayecto todos los días? Hay un paso que no figura en ningún plano y que los vecinos descubrieron para esquivar el infierno del Camino del Perú. Lo que encontraron adentro cambió su rutina.
Mientras el Camino del Perú se convierte en un embudo diario, un camino de tierra que atraviesa una vieja quinta de limones se transformó en la salvación silenciosa de cientos de vecinos. La diferencia es brutal: 15 minutos por la ruta 315 contra apenas 6 por la huella informal.
La comparación no es un dato menor. Quienes viven en San José y Villa Carmela lo saben bien: cada mañana deben elegir entre la ruta señalizada pero congestionada o el paso improvisado que nació sin ningún plan vial.
El recorrido que desvía el caos
El trayecto alternativo arranca en la Curva de los Vega. A pocos metros, dos accesos en condiciones aceptables permiten entrar a una vieja huella de una quinta de limones. Son unos 120 metros perpendiculares al Camino del Perú que dejaron de ser exclusivamente rurales: hoy los transitan autos, camionetas y motos durante todo el día.
Cuando el tiempo acompaña, el paso se vuelve sencillo. Después de un pequeño codo, unos 50 metros llevan hasta una calle pavimentada que sirve de ingreso a un country. Al terminar el asfalto, restan unos 200 metros de tierra antes de desembocar en avenida Fanzolato. Desde ahí, unas 20 cuadras asfaltadas conectan directo con avenida Perón. Todo el circuito se completa en unos seis minutos.
La ventaja salta a la vista: casi no hay semáforos, agentes de tránsito ni filas interminables. Tampoco aparecen los colectivos y camiones que son paisaje fijo del Camino del Perú.
Los riesgos que esconde el atajo
El camino tiene puntos débiles que los propios usuarios reconocen. Los segmentos de tierra no tienen iluminación, por lo que circular de noche no es aconsejable. También hay baches y desniveles en algunos tramos.
La alternativa pierde utilidad cuando llueve o después de una jornada de precipitaciones, ya que el terreno complica el tránsito. A eso se suma un aspecto que preocupa: para entrar o salir de la huella, en ocasiones hay que cruzar carriles del Camino del Perú. En una ruta con alto flujo de vehículos, esa maniobra implica un riesgo concreto.
Por eso, aunque ahorra varios minutos, el atajo no puede verse como una versión rápida y segura de la ruta 315. Es una respuesta espontánea de los vecinos frente a un problema de movilidad que sigue sin solución definitiva.
El camino tradicional: una sucesión de frenos
El segundo trayecto es el de siempre. Desde la Curva de los Vega se avanza por el Camino del Perú hasta avenida Perón. En el mapa parece una conexión simple, pero el tránsito cambia por completo la experiencia.
La primera dificultad aparece en el acceso hacia Lomas de Tafí, a la altura de la Plazoleta de San Cayetano. Allí se concentran decenas de vehículos que buscan incorporarse. Una cuadra después, frente a un corralón, suele haber un operativo de tránsito que detiene la marcha para permitir el paso de peatones.
Más adelante, frente a la escuela Justiniano Frías, la circulación se vuelve todavía más compleja, sobre todo en los horarios de salida. Peatones, padres, motos, autos y colectivos coinciden en un espacio reducido. Frente a la Sociedad Rural hay otro agente de tránsito y una nueva detención.
Una cuadra después, en el cruce con Frías Silva, el semáforo suma otra demora. Las filas pueden obligar a esperar más de un cambio de luz. Cuando se habilita el paso, los giros a la izquierda de vehículos que vienen en sentido contrario —una maniobra prohibida en ese lugar— también interfieren con la circulación.
Entre una parada y otra, aparecen colectivos, camiones y una gran cantidad de motos. El tránsito se vuelve cada vez más pesado hasta llegar al cruce del Camino del Perú con avenida Perón, donde incluso el giro libre suele quedar bloqueado. Desde la Curva de los Vega, el viaje demanda unos 15 minutos, aunque vecinos advierten que en otros horarios puede llevar más tiempo.
Una solución que nació de la necesidad
El uso de la antigua huella no surgió de un plan vial ni de una obra pública. Nació de la necesidad. La expansión urbana de Cevil Redondo, San José y Yerba Buena multiplicó los traslados diarios y convirtió a la ruta 315 en una conexión fundamental. En los horarios de mayor movimiento, el flujo puede alcanzar unos 2.000 vehículos por hora.
Alfonso García, vecino del barrio 240 Viviendas, realiza cerca de cuatro viajes diarios para llevar y buscar a sus hijos, que asisten a un colegio de Yerba Buena. Dice que el tramo más complicado es el Camino del Perú, en San José, durante las horas pico. “Salía media hora antes para llegar bien”, relató.
Desde que empezó a usar el camino de la finca, señala que el viaje se volvió más tranquilo. La diferencia no pasa sólo por los minutos que gana, sino por evitar el desgaste de permanecer detenido en largas filas. De todos modos, considera que el paso no es seguro en su estado actual: le preocupan los tramos de tierra cuando llueve y los ingresos y egresos hacia la ruta 315.
Para García, si la conexión va a mantener el uso actual, debería ser acondicionada y ampliada. Pero entiende que el debate de fondo es otro: el Camino del Perú debe adaptarse al crecimiento urbano y al volumen de tránsito que soporta, hasta transformarse en una avenida urbana.
Virginia Lobo, vecina de un barrio cerrado de la zona, también planteó la necesidad de que avance una solución que mejore la conexión entre ambos sectores.
El problema que sigue a la vista
El camino de la quinta no soluciona el problema del Camino del Perú. Sin embargo, la diferencia entre ambos recorridos muestra por qué los vecinos comenzaron a utilizarlo antes de que hubiera una obra, un semáforo o una señalización que lo formalizara.
La cuestión es que esa huella tampoco fue preparada para recibir el tránsito que ahora empieza a soportar. Los seis minutos del atajo no sólo muestran el tiempo que puede ahorrar un conductor: también revelan el peso de la congestión en una ruta que, en ciertos horarios, ya no logra absorber la circulación de los barrios que crecieron a su alrededor.
Mientras continúa la discusión sobre una respuesta formal para conectar Cevil Redondo con Yerba Buena, los vecinos deben optar entre un camino con infraestructura más segura, pero lento y congestionado, y otro veloz, informal, de tierra y con riesgos propios.