El audio de un amigo que le cambió la vida: "Es un cáncer, no me preguntes más nada"

Carla Luna esperaba un resultado médico y lo que le llegó fue un audio que la paralizó. Hoy, mientras sigue su tratamiento, cuenta por qué decidió mostrar también los días más duros.

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El audio de un amigo que le cambió la vida: "Es un cáncer, no me preguntes más nada"
El audio de un amigo que le cambió la vida: "Es un cáncer, no me preguntes más nada"

Carla Luna tenía el resultado de un estudio en la mano y su mastólogo estaba de viaje. La incertidumbre la superó y decidió consultar a un amigo médico. Lo que recibió fue un audio que la dejó paralizada y la enfrentó, de golpe, al miedo a la muerte.

“Fue un audio que me hizo paralizarme. El audio fue: ‘Sí, amigo, como verán, es un cáncer, y de ahí no me preguntes más nada’”, relató Carla en diálogo con El Tribuno. Después de escuchar esas palabras, no recuerda qué pasó. La noticia fue tan abrupta que su primer pensamiento estuvo ligado a la muerte: “Hasta acá llegué”.

Aclara que no hubo mala intención de parte de su amigo, pero la forma y el momento en que recibió el diagnóstico hicieron que todo fuera aún más impactante.

El lunes siguiente pudo consultar con su médico, quien le transmitió tranquilidad y la ayudó a mirar la situación desde otra perspectiva. Recuerda especialmente una frase que le devolvió algo de calma: “Vos te vas a morir porque comés la comida mucho con sal o porque cruzaste y te chocó un auto, algo, pero de esto hoy, Carlita, ya no”.

Aquellas palabras no borraron el miedo, pero le permitieron empezar a comprender que el diagnóstico no significaba necesariamente un final.

Del miedo a la decisión de ocuparse

Carla tiene cáncer de mama HER2 positivo. Según relató, el tumor era muy pequeño, aunque el proceso comenzó este año y todavía continúa.

Al principio, necesitó tomar distancia. No quería escuchar consejos de personas que, apenas se enteraban de su enfermedad, parecían convertirse en especialistas en oncología o nutrición. Necesitaba esperar un diagnóstico claro y escuchar a los profesionales que la acompañaban.

“Me asustaba muchísimo y no quería escuchar a nadie. De pronto alguien se entera de que tenés cáncer y todos son oncólogos, todos son nutricionistas. No quería bombardearme la cabeza con tantas cosas”, recordó.

Lloró, sintió angustia y quedó paralizada por el temor a lo desconocido. Sin embargo, hay algo que recuerda con claridad: nunca se preguntó por qué le había tocado a ella.

“No sabía nada, no tenía un referente ni una familia que hubiera pasado por esto”, explicó. Con el tiempo, comenzó a informarse y a consultar con profesionales, una decisión que considera fundamental para atravesar la enfermedad con mayor tranquilidad.

Por eso, aprovechó la entrevista para recomendarles a quienes reciben un diagnóstico que eviten buscar respuestas desesperadamente en internet o en la inteligencia artificial. “No googleen, no se metan en IA, por favor, porque la cabeza nos explota. Siempre con profesionales”, pidió.

La información médica confiable la ayudó a dejar de pensar que estaba frente a su final y a reconocer que todavía había mucho por hacer. También destacó los avances de la medicina y el trabajo del personal del hospital de día, especialmente de las mujeres que acompañan a las pacientes durante sus tratamientos.

Después de atravesar la primera etapa de angustia, decidió cambiar la pregunta que se hacía. En lugar de quedarse atrapada en la preocupación, eligió enfocarse en los pasos siguientes. “Dije: ‘Bueno, ahora, en vez de preocuparme tanto, me quiero ocupar. Doctor, ¿qué hacemos?’”, relató.

Así comenzó un tratamiento de seis ciclos de quimioterapia. Gracias a Dios, pudo realizarlo en su casa y no necesitó acudir de urgencia a un hospital por fiebre o malestar. Eso no significa que haya sido sencillo: tuvo numerosos síntomas y días en los que el cuerpo no respondía.

“Siempre poniéndole buena onda, poniéndole ganas y diciendo: ‘Bueno, acá esto, no me voy a dejar ganar’”, contó.

Sus hijos, sus padres y las amigas que estuvieron desde el primer día

Carla está en pareja desde hace 13 o 14 años y tiene tres hijos: Isabela, de 13 años; León, de 10, que juega al rugby, y Albertina, de apenas tres.

Una de sus mayores preocupaciones era cómo iban a vivir sus hijos el tratamiento, especialmente cuando comenzara a caérsele el pelo. “Me asustaba un montón pensar cómo me iban a ver mis hijos y cómo lo iban a transitar”, confesó.

Sin embargo, los chicos le enseñaron a mirar la situación con otra fortaleza. Incluso hubo lugar para hacer chistes sobre su cabeza rapada, en una muestra de cómo el amor y la naturalidad también pueden aliviar momentos difíciles. “Creo que los chicos nos enseñan mucho en su fortaleza, dentro de su inocencia. No pasa nada, estamos”, recordó.

También agradece tener a sus padres vivos y acompañándola. Aunque viven en Tucumán, viajaban cada dos semanas y se quedaban con ella durante las sesiones de quimioterapia. Su mamá, además, la ayudaba con el cuidado de los chicos.

Porque, aunque las ganas de salir adelante son importantes, hay jornadas en las que el cuerpo impone sus propios límites. “Por más que te digan ‘dale, ponete ganas, poné onda’, hay veces que de verdad el cuerpo no responde”, señaló.

A su lado estuvieron también sus hermanos, sus amigas, sus compañeros de trabajo y personas queridas de Salta y Tucumán. Carla bromea con que se siente como Roberto Carlos, el cantante que popularizó la canción Un millón de amigos, por la cantidad de personas que le hicieron llegar su cariño.

Entre ellas, quiso destacar especialmente a Pamela García y Sabrina Zona, dos amigas que la acompañaron desde el primer día. Una la ayudó a organizar una carpeta con los estudios y los pasos que debía seguir; la otra retenía las indicaciones médicas cuando los nervios no le permitían comprenderlas. “Yo iba a los controles y el doctor me hablaba en chino. No entendía nada, me olvidaba lo que me decía, me ponía muy nerviosa. Ellas me ayudaban mucho en eso”, contó.

En medio de las consultas y la incertidumbre, tener a alguien que escuchara, ordenara la información y la ayudara a comprender cada indicación se convirtió en un sostén fundamental.

Mostrar la realidad, incluso en los días difíciles

Los mensajes de compañeros de trabajo, amigos y familiares también fueron una parte importante de su recuperación emocional. Carla quería responderles a todos por respeto y agradecimiento, aunque la cantidad de mensajes llegó a desbordarla.

“Los mensajes son fundamentales. Ese acompañamiento, ese amor, ese cariño, esas palabras de aliento te hacen sentir…”, expresó.

Algunas personas le decían que preferían no escribirle porque no sabían qué decir o temían molestarla. Por eso, quiso aclarar que, en su caso, recibir mensajes le hacía bien. “Es lindo recibir mensajitos”, afirmó.

Después de atravesar un momento de angustia, encontró una forma propia de compartir lo que estaba viviendo: comenzó a publicar estados en los que mostraba cómo se sentía cada día. Siempre le gustó hacer reír, hacer morisquetas y estar frente a una cámara, y decidió aprovechar esa característica para contar su experiencia. “Empecé a subir estados: ‘Hoy estoy así, hoy me siento asada’, mostrando también una realidad de lo que pasamos”, relató.

No buscaba fingir que todo estaba bien, sino mostrar que la enfermedad también tiene días buenos, otros llevaderos y algunos más difíciles. “No todo es feo, no todo es triste, no todo es angustiante. Hay días como la vida misma, hay días buenos, hay días llevaderos y hay días que están un poquito más difíciles, pero hay que seguir siempre”, sostuvo.

Para Carla, compartir su historia puede ayudar a otras mujeres que están atravesando una situación similar. Así como algunas encuentran alivio en el gimnasio, el pilates o el yoga, ella lo encuentra frente a la cámara. “Me encanta estar frente a la cámara. Si algo de lo que yo hago le puede servir a la otra para decir ‘dale, levantate, que esto pasa’, es una realidad, pero hay que ponerle más ganas y mostrar tanto lo bueno como lo malo”, explicó.

En ese camino también descubrió que, junto con el miedo y el cansancio, aparecen gestos de cariño que merecen ser contados: regalos, cuidados y personas dispuestas a estar pendientes de sus necesidades.

“Hay muchas cosas buenas que no se dicen. Te llenan de regalos, te miman, te sentís una princesa, que todo el mundo te tiene que estar cuidando. ‘¿Querés agua?’, ‘quiero agua’; ‘¿querés esto?’, ‘quiero esto’”, contó entre risas.

Esos pequeños gestos no eliminan las dificultades, pero le recuerdan que está rodeada de personas que quieren cuidarla y hacerle sentir su amor.

“Elegirme, cuidarme y sanar”

Al final de la entrevista, Carla dejó un mensaje para las mujeres que atraviesan un cáncer y, especialmente, para quienes acaban de recibir el diagnóstico y sienten que el miedo les ocupa todos los pensamientos.

Su reflexión parte de una certeza: nadie elige enfermarse, pero es posible decidir cómo transitar el proceso y con quiénes compartirlo. “Nosotras no elegimos el diagnóstico, no podemos elegir si tenerlo o no tenerlo, pero sí es importante cómo lo afrontamos. No podemos elegir el diagnóstico, pero sí elegimos cómo afrontarlo”, afirmó.

Para ella, es fundamental rodearse de personas que sumen, dejarse acompañar y aprender a tomar distancia de quienes generan malestar, siempre con respeto. “Estar acompañada del amor, mostrarse y rodearse de gente que sume a nuestras vidas. También aprender a ser valientes con la gente que no suma, alejarnos con respeto, pero alejarnos”, aconsejó.

Su última recomendación apunta a algo que muchas veces cuesta poner en práctica: darse permiso para priorizarse, sin culpa, durante un período en el que el cuidado personal es esencial. “En este período, volverse lo más egoísta posible, para elegirme, para cuidarme y sanar todo esto”, finalizó.

Carla sigue atravesando su tratamiento. Conoce el miedo, la angustia y los días en los que el cuerpo no responde, pero también encontró refugio en sus hijos, en sus padres, en sus amigas y en una comunidad que le hace sentir que no está sola.

Eligió contar su historia sin esconder las dificultades ni renunciar al humor que la caracteriza. Porque para ella, seguir adelante no significa estar siempre bien: significa permitirse llorar, aceptar la ayuda de los demás y encontrar, incluso en los días más duros, motivos para volver a intentarlo.

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