El aumento que desafía el ajuste: Formosa sube salarios sin endeudarse y expone la grieta del modelo nacional
¿Cómo puede una provincia del norte aumentar salarios sin endeudarse mientras la Nación ajusta? La decisión de Formosa expone una grieta que incomoda al Gobierno. Los detalles, en esta nota.
Mientras el Gobierno nacional celebra el superávit, en Formosa el gobernador Gildo Insfrán anunció un incremento salarial del 15% para la administración pública, financiado íntegramente con recursos propios. La decisión, que se pagará en tres tramos entre agosto y octubre, deja al descubierto una pregunta incómoda: ¿de dónde sale el equilibrio fiscal?
El anuncio, realizado este viernes, alcanza a los empleados provinciales, a los beneficiarios de la Caja de Previsión Social y del Instituto de Pensiones Sociales. Con el 14% otorgado en el primer semestre, el acumulado del año asciende al 29%. Pero el dato que más resuena no es el porcentaje, sino la forma de financiarlo: sin recurrir a deuda, con recursos corrientes del presupuesto.
La historia como espejo
Esta decisión no es casual. En la historia argentina, la deuda nunca fue solo un tema contable. Desde el empréstito Baring de 1824, que hipotecó el futuro del país por más de un siglo, hasta los créditos del Fondo Monetario Internacional que condicionan cada línea del presupuesto nacional, el endeudamiento siempre operó igual: entrega el presente y embarga el futuro.
Perón lo entendió temprano. El 9 de julio de 1947, en Tucumán, firmó el Acta de la Independencia Económica, un gesto que resumía una idea: un pueblo que debe, obedece. Insfrán viene aplicando esa misma receta desde hace años, con una obstinación que en Buenos Aires resulta incomprensible y en Formosa se traduce en salario.
Ya lo hizo cuando la Nación eliminó el FONID y la provincia decidió absorberlo con fondos propios. Ahora repite la fórmula, en un contexto nacional que parece empujar en la dirección opuesta.
Los números del ajuste nacional
Las proyecciones del IARAF para 2026 son contundentes. La masa salarial pública nacional sería un 33% inferior a la de 2023, la inversión nacional caería un 76% y las transferencias de capital a las provincias se reducirían un 94%. El gasto primario acumula una baja cercana al 30%, todo para sostener un superávit primario del 1,4% del PBI, comprometido con el Fondo Monetario.
No es una interpretación militante, es la aritmética del propio programa. El punto no es si hay equilibrio fiscal, sino de dónde sale. En ese punto, la gestión de Milei no hizo desaparecer el déficit: lo mudó de domicilio. Salió de las planillas del Tesoro y entró en el bolsillo del jubilado, en la escuela que espera un techo, en el camino rural que ya nadie arregla. Y sobre todo, entró en las cuentas de las provincias, que quedaron con las mismas responsabilidades de siempre pero sin los recursos para afrontarlas.
La historia ya nos dio una lección. En julio de 2001, la ley de déficit cero recortó 13% los sueldos y jubilaciones para cerrar las cuentas. Las cuentas se cerraron, pero cinco meses después el país estallaba.
La doctrina justicialista frente a la 'zoncera' del momento
La doctrina justicialista tiene una respuesta clara para este debate, y no requiere posgrado. Perón la formuló en 'La Comunidad Organizada': el hombre es el fin de la economía, jamás su medio. La Constitución de 1949, en su artículo 37, estableció el derecho del trabajador a una retribución justa como un derecho, no como una concesión ni una variable de ajuste.
Ahí está la diferencia entera. Para una tradición, el salario es un costo que hay que bajar. Para la otra, es el punto de partida de todo lo demás. Arturo Jauretche llamaba 'zonceras' a esas frases que se repiten hasta que parecen sabiduría. 'No hay plata' es la zoncera perfecta de esta época, porque desplaza la única pregunta que importa: ¿hacia dónde va la plata?
Hubo plata para bajar retenciones, para sostener el tipo de cambio, para pagar intereses. Lo que se decidió es que no la hubiera para el que se levanta a las cinco de la mañana.
Formosa decidió otra cosa. Con una economía chica, sin puerto, sin renta extraordinaria, con lo que hay. Esto no significa que el aumento resuelva el problema de fondo. Ningún gobernador puede compensar por sí solo la inflación, el tarifazo y la recesión nacional. Los gremios tienen todo el derecho de discutir si el porcentaje alcanza, y esa discusión es sana; forma parte del mismo modelo que la habilita. La fuerza del diálogo, como bien lo señaló el Papa Francisco, sigue siendo la opción correcta para generar respuestas positivas hacia la comunidad.
Pero lo que sí significa es que, en un mapa donde el ajuste se presenta como destino inevitable, hay un lugar donde alguien decidió que no lo era. Si una provincia postergada del norte argentino puede cerrar sus cuentas sin endeudarse y aumentar salarios al mismo tiempo, entonces el relato de la motosierra pierde su carácter de ley natural y vuelve a ser lo que siempre fue: una elección política, tomada por alguien, en favor de alguien.
El equilibrio fiscal no es de derecha ni de izquierda. La pregunta es quién queda adentro. Y en la Argentina, decía Perón, lo mejor que tenemos sigue siendo el pueblo.