El ave que supera los 300 km/h y eligió las barrancas del Ctalamochita para vivir

Un ave capaz de lanzarse en picada a más de 300 km/h eligió las barrancas del Ctalamochita como refugio. La Fundación Río Ctalamochita volvió a mirar a esta especie, pero lo que encontró en el ambiente ribereño va más allá de su velocidad.

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El ave que supera los 300 km/h y eligió las barrancas del Ctalamochita para vivir
El ave que supera los 300 km/h y eligió las barrancas del Ctalamochita para vivir

Un halcón peregrino puede lanzarse en picada a más de 300 kilómetros por hora. Y ese animal, uno de los más veloces del planeta, tiene en las barrancas del río Ctalamochita un lugar donde descansar y reproducirse. La Fundación Río Ctalamochita volvió a poner la mirada sobre esta especie que forma parte de la fauna silvestre de la región.

El Falco peregrinus es reconocido en todo el mundo por su agilidad y su capacidad de caza. Su vuelo en picada, que usa sobre todo para capturar otras aves, lo convierte en un depredador difícil de igualar.

Pero su velocidad no es lo único que llama la atención. Se trata de una especie de distribución casi mundial: habita todos los continentes salvo la Antártida, y se adapta a ambientes muy variados, desde costas y zonas abiertas hasta montañas, barrancas y grandes ciudades.

Cuántas subespecies existen y cómo es su tamaño

Los especialistas reconocen alrededor de 18 subespecies, repartidas por distintas regiones del planeta, con variaciones de tamaño y coloración según el ambiente que ocupan.

Como ocurre con muchas aves rapaces, las hembras son más grandes que los machos. En términos generales, la especie mide entre 36 y 49 centímetros de longitud, con una envergadura que puede superar el metro.Su visión también juega un papel clave: le permite detectar y seguir a sus presas desde grandes distancias y ejecutar maniobras de caza con una precisión notable.

Un hogar entre bardas y paredones

En la Argentina, el halcón peregrino está asociado a bardas y paredones rocosos, espacios que le ofrecen condiciones para descansar y reproducirse. Por eso las barrancas del Ctalamochita tienen un valor ambiental que va más allá del paisaje: son parte de un ecosistema que da refugio a distintas especies de fauna silvestre.

Durante la época reproductiva, las hembras suelen poner entre dos y cinco huevos, aunque la puesta puede variar. La incubación dura aproximadamente un mes y la realiza principalmente la hembra, mientras el macho aporta alimento. Después del nacimiento, ambos adultos cuidan a las crías.

Los jóvenes permanecen varias semanas en el nido antes de sus primeros vuelos y, aun después de dejar el lugar de cría, siguen dependiendo de sus padres mientras aprenden a sobrevivir y a cazar por sus propios medios.

La presencia de especies como el halcón peregrino muestra la verdadera dimensión ambiental del río Ctalamochita. Sus barrancas, costas y espacios naturales no son solo paisaje: son ambientes donde numerosas especies encuentran alimento, refugio y lugares para reproducirse.

Saber que uno de los animales más rápidos del planeta forma parte de la biodiversidad vinculada al río es también una invitación a mirar el Ctalamochita de otra manera. Cuidar el río no es solamente cuidar el agua: también es cuidar a quienes lo habitan.

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