El avión que sacó a Bolsonaro de Brasil pasó por Misiones y ahora la Justicia va por los que lo dejaron subir
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El avión que sacó a Bolsonaro de Brasil pasó por Misiones y ahora la Justicia va por los que lo dejaron subir

La Justicia quería saber si el paso de Flávio Bolsonaro por Puerto Iguazú fue un simple trámite migratorio. La fiscal Paloma Ochoa acaba de pedir nuevas pruebas para reconstruir el viaje y determinar si hubo funcionarios argentinos involucrados y quién sabía de las restricciones que pesaban sobre el dirigente en Brasil.

La Justicia federal quiere saber si el Gobierno de Javier Milei puso recursos del Estado para que Flávio Bolsonaro pudiera salir de Brasil rumbo a Estados Unidos, en un recorrido que tuvo a Puerto Iguazú como puerta de salida. La fiscal federal Paloma Ochoa pidió nuevas medidas de prueba a la jueza María Eugenia Capuchetti para reconstruir el traslado y establecer si hubo funcionarios argentinos metidos en la operación.

El expediente intenta responder tres preguntas: cómo se armó el viaje, qué controles se hicieron al entrar y al salir del país, y si las autoridades nacionales sabían de las restricciones judiciales que pesaban sobre el dirigente brasileño. Por ahora, no hay ningún funcionario imputado.

El caso vuelve a poner la lupa sobre los vínculos entre la administración de Milei y el entorno de Jair Bolsonaro. La discusión de fondo es si el paso del dirigente por suelo argentino fue un trámite migratorio más o si hubo algún tipo de asistencia oficial que se salió de lo previsto.

El cruce por el Tancredo Neves y el avión de madrugada

Flávio Bolsonaro entró a la Argentina el 27 de octubre con su esposa y sus dos hijas. La familia cruzó por tierra el puente internacional Tancredo Neves, que une Foz do Iguaçu con Puerto Iguazú. Los registros migratorios que se conocieron hasta ahora indican que el ingreso se registró cerca de las 22.50 y que todos presentaron documentación válida.

Poco después, el grupo subió a un avión privado de la empresa Baires Fly en el aeropuerto de Puerto Iguazú. La aeronave despegó en la madrugada del 28 de octubre con destino a Guayaquil, Ecuador, donde hizo una escala técnica, y desde allí siguió viaje a Miami.

El traslado tomó relevancia judicial porque ocurrió después de que el juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal de Brasil, le impusiera restricciones a Bolsonaro: entre ellas, la prohibición de salir de Brasil y la entrega de sus documentos de viaje. La investigación argentina busca determinar qué información recibieron los organismos nacionales sobre esas medidas y si alguien intervino para facilitar el desplazamiento.

La Dirección Nacional de Migraciones sostuvo que el dirigente y su familia ingresaron con documentación válida y que no tenían impedimentos legales para entrar al país. El Gobierno sumó otro argumento: no existía una alerta de Interpol que obligara a frenar el tránsito.

Para la fiscalía, sin embargo, la validez de los papeles no cierra el asunto. La investigación también apunta a si se usaron recursos públicos, qué funcionarios pudieron haber participado y si había conocimiento previo de las restricciones dispuestas en Brasil.

Qué pidió la fiscalía y qué se resguarda

Ochoa reclamó avanzar con la producción de pruebas para reconstruir el recorrido y despejar posibles responsabilidades de funcionarios argentinos. Capuchetti ya había ordenado preservar los registros de las cámaras de seguridad del puente Tancredo Neves, los controles migratorios y el aeropuerto de Puerto Iguazú.

También se pidieron informes a la Dirección Nacional de Migraciones y a la Cancillería, para saber si recibieron comunicaciones sobre la situación judicial de Bolsonaro y qué procedimientos se aplicaron cuando entró y cuando salió.

El expediente nació de una denuncia del dirigente del Partido Obrero Gabriel Solano contra Milei y otros integrantes del Poder Ejecutivo por presunto encubrimiento. Después, Solano amplió la presentación para incluir al asesor presidencial Santiago Caputo, a Jorge Omar Waisman —vinculado al área de Seguridad e Información de la Entidad Binacional Yacyretá— y a Orlando Ignacio Palacios, asesor de esa entidad.

En su escrito, Solano apuntó a una posible intervención de esos funcionarios en la organización del traslado. Esas afirmaciones son parte de la denuncia y todavía deben verificarse con las medidas judiciales: no son responsabilidades penales acreditadas.

Misiones: la denuncia que quedó en el camino

El episodio también tuvo una presentación judicial en la provincia. La diputada nacional Marcela Pagano denunció las circunstancias en que Flávio Bolsonaro entró por Puerto Iguazú y partió desde el aeropuerto local hacia Estados Unidos.

En ese expediente, el fiscal federal Fabián Martínez pidió informes sobre los controles migratorios, los registros de pasajeros, el vuelo privado y las cámaras del puente y de la terminal aérea. Luego solicitó desestimar la denuncia al considerar que no se había configurado un delito durante el paso del dirigente brasileño por la provincia.

Esa decisión corresponde solo a la causa que tramita en Misiones y no implica el cierre de la investigación que sigue en los tribunales federales de Comodoro Py. Allí la fiscalía quiere profundizar sobre el eventual uso de recursos estatales y la posible participación de integrantes del Poder Ejecutivo.

La diferencia entre ambos expedientes es clave: en Misiones se evaluó si el ingreso y la salida configuraron un delito; en Buenos Aires la investigación apunta además a si hubo una intervención oficial para facilitar el viaje.

La versión del Gobierno y lo que falta saber

Desde el Ejecutivo nacional rechazaron cualquier irregularidad. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, defendió el procedimiento migratorio y afirmó que Bolsonaro ingresó con la documentación correspondiente y que no había alertas internacionales que impidieran su paso por la Argentina.

Esa explicación oficial deberá contrastarse con la información que aporten los organismos requeridos por la Justicia. Quedan por responder varios puntos: qué sabían las autoridades argentinas sobre las restricciones de la Justicia brasileña, quiénes participaron en la organización del viaje y si se destinaron recursos públicos para concretarlo.

El expediente se mueve, además, en un contexto de cercanía política entre Milei y el espacio que representa la familia Bolsonaro en Brasil. Ese vínculo no es una irregularidad en sí mismo, pero le da una dimensión política al caso, sobre todo porque hay que establecer si esas relaciones tuvieron algún correlato en el funcionamiento de las estructuras del Estado.

Hasta ahora, la investigación no determinó que el Gobierno haya financiado la salida de Bolsonaro ni que funcionarios hayan cometido un delito. La tarea de la Justicia será precisar qué pasó durante aquellas horas en la frontera y en el aeropuerto de Puerto Iguazú, y si los recursos del Estado se usaron para una operación que, de confirmarse las sospechas, excedería por mucho un trámite migratorio habitual.

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