El banco te llama para venderte un seguro por si perdés el trabajo: cuánto cuesta y qué dice la letra chica
Bancos y aseguradoras salieron a vender seguros de desempleo atados a la tarjeta justo cuando la morosidad de los hogares se dispara. La letra chica del contrato deja a miles afuera y no siempre cancela la deuda que dicen cubrir.
El negocio bancario no se detiene cuando la economía se hunde: se reinventa. Con 5,5 millones de personas con al menos una línea de crédito en mora en agosto, las entidades financieras y las aseguradoras encontraron una veta para facturar sobre las familias que ya no llegan a cubrir sus resúmenes. La herramienta: seguros de desempleo atados a tarjetas de crédito, cuentas y préstamos personales.
Según datos del sector asegurador a los que accedió El Destape, la contratación de estos productos se disparó un 30 por ciento en los últimos meses. La lógica es simple: cuanto más crece la morosidad, más crece la demanda de una cobertura que promete un respiro si el ingreso desaparece.
La cifra que explica el apuro de los bancos
Los números del Instituto Argentina Grande (IAG) marcan la dimensión del problema. Ese universo de 5,5 millones de morosos equivale al 27,6 por ciento del total de deudores del país y al 14,8 por ciento de la población mayor de 15 años.
El salto es notable: 155.000 personas más que en julio y 3,3 millones más que en agosto de 2024. El deterioro de los ingresos y el encarecimiento de los gastos cotidianos explican por qué cada vez más hogares pierden el ritmo de pago.
Frente a ese cuadro, desde la oposición surgieron propuestas para aliviar la carga de las familias. La respuesta de las asociaciones bancarias fue pedirle al gobierno libertario que no interviniera y asegurar que ellos podían resolver el problema. La solución que ofrecen, según la nota, es venderles un seguro a los hogares que no pueden afrontar la deuda.
Cómo funciona el seguro que ofrecen por teléfono
BBVA comercializa un seguro de desempleo asociado a tarjetas de crédito, con cobertura a cargo de Assurant Argentina Compañía de Seguros. Cuando el asegurado acumula más de 30 días de desempleo involuntario o de incapacidad, recibe una suma calculada según el saldo de su tarjeta. El dinero es de libre disponibilidad: no implica que la aseguradora cancele el resumen pendiente ni que cubra toda la deuda.
El acceso tiene requisitos estrictos. Los trabajadores del sector privado necesitan relación de dependencia efectiva, más de seis meses de antigüedad y una jornada mínima de 30 horas semanales. La póliza excluye la renuncia voluntaria, el despido justificado y la finalización de contratos por tiempo determinado. No es, entonces, un paraguas contra cualquier caída de ingresos, sino una protección acotada a las contingencias que el contrato detalla.
El ofrecimiento llega por llamadas comerciales, con el miedo a quedarse sin trabajo como argumento de venta. Una persona que recibió una de esas comunicaciones contó a El Destape: “Ellos me llamaron para ofrecerme un seguro de desempleo para la tarjeta de crédito. Era algo así como a razón de un peso cada 100.000 pesos de consumo en tu tarjeta, que te cobraba de seguro”.
El discurso del vendedor apuntó directo a la incertidumbre: “Lo que ellos me planteaban era esto de que uno no sabe, en el contexto en el que estamos, si te quedás sin trabajo”, recordó. La cobertura estaba atada a su situación laboral, porque el beneficio exigía, según le indicaron, estar en relación de dependencia.
Suma fija o cancelación de deuda: la diferencia que pesa
BBVA también ofrece el producto Consumo Garantizado, para clientes con tarjetas, cuentas corrientes o préstamos personales. Cubre situaciones de desempleo, con requisitos laborales y períodos de carencia y espera. La entidad no publica un precio único: hay que consultar cada caso para conocer el costo real y el alcance de la prestación.
Banco Comafi, por su parte, comercializa el Plan de Pagos Protegidos, también con respaldo de Assurant. Contempla una indemnización por desempleo involuntario para trabajadores privados y cobertura por incapacidad para algunos autónomos o empleados públicos. Los fondos son de libre disponibilidad y el seguro se paga con tarjetas Comafi, aunque la información pública no permite establecer una fórmula que garantice la cancelación del saldo adeudado.
La distinción no es menor: indemnizar, cubrir una cuota y cancelar una deuda son tres cosas distintas. Una suma fija puede ayudar a pagar el mínimo de la tarjeta o parte de los gastos del mes, pero difícilmente alcance para un saldo alto, sobre todo cuando los intereses y cargos financieros siguen sumando. El valor real de la cobertura depende del precio, los límites, las exclusiones y la forma de liquidación del beneficio.
En el mercado también aparecen productos de Banco Provincia y Provincia Seguros, Santander, Galicia Seguros, Brubank, Sucrédito y Banco de la Provincia del Neuquén, con modalidades diversas. No todos están atados al saldo de una tarjeta y, en varios casos, la información pública no permite confirmar si las ofertas siguen vigentes en las mismas condiciones ni cuánto cuestan hoy.
Los jóvenes, el grupo que más se endeudó
El informe del IAG revela otro dato inquietante: el 20 por ciento de las personas de entre 21 y 35 años tiene al menos una línea de crédito en mora. Ese segmento registró el mayor incremento de los últimos dos años, con una suba de 16 puntos porcentuales. Aunque los de 36 a 50 años concentran el mayor endeudamiento, el avance entre los más jóvenes muestra la dificultad de sostener los compromisos financieros.
Ingresos insuficientes, gastos corrientes y obligaciones con bancos y emisores de tarjetas reducen el margen para imprevistos. Si una persona pierde el empleo, el salario se corta pero las cuotas y los vencimientos siguen: el atraso puede profundizarse incluso entre quienes venían pagando al día.
El seguro aparece como un amortiguador parcial, siempre que se cumplan los requisitos y la situación esté cubierta. Una póliza contratada antes del despido puede ofrecer una prestación en ciertas circunstancias, pero no resuelve el sobreendeudamiento cuando los ingresos ya no alcanzan para todos los compromisos mensuales.
Servicios que se comen el salario
La situación de los hogares frente al costo de vida agrava todo. Según el IAG, en el primer trimestre de 2026 el 47,7 por ciento de los hogares recurrió al menos a una estrategia complementaria para llegar a fin de mes: gastar ahorros, endeudarse o vender pertenencias. Una porción considerable de las familias necesita recursos extra para sostener sus gastos.
El relevamiento también señala que una canasta de servicios públicos representa hoy el 11 por ciento de un salario del sector privado, frente al 6 por ciento anterior. Ese peso sobre los ingresos deja menos dinero para alimentos, transporte, alquiler y salud, y limita el ahorro disponible para una emergencia.
Cuando el ingreso no alcanza, la tarjeta permite postergar consumo, pero el resumen llega en los meses siguientes con intereses si no se paga completo. Volver a financiar gastos con crédito achica el margen para imprevistos y cualquier pérdida de ingresos acelera el atraso.
El seguro de desempleo se inserta en ese circuito como una promesa de reducir el impacto financiero de un despido, pero no reemplaza el salario ni garantiza sostener todos los gastos. Además, suma un costo periódico que se paga mientras la persona conserva su empleo, justo cuando una parte de los ingresos ya se destina a servicios, cuotas y consumos financiados.
Quién gana y quién queda afuera
La expansión de estos productos también habla de los incentivos del sistema. Los bancos cobran intereses, comisiones y servicios; las aseguradoras cobran primas por asumir riesgos. En los seguros atados a tarjetas, ambos negocios pueden estar conectados comercialmente, aunque el vínculo depende del producto contratado.
Para las entidades, la cobertura reduce parte del riesgo de que una contingencia laboral afecte la capacidad de pago del cliente. Para los hogares, es un gasto adicional con la expectativa de cobrar si ocurre el evento previsto. La conveniencia depende de la prima, el monto asegurado, la probabilidad de acceder al beneficio y las condiciones que pueden bloquear el cobro.
Las condiciones laborales achican el universo de beneficiarios. Quienes tienen contratos temporarios, no cumplen la antigüedad exigida o renunciaron pueden quedar fuera de determinadas coberturas. En otras pólizas, autónomos y empleados públicos acceden a protección por incapacidad, pero no necesariamente por desempleo. La diferencia es central en un mercado laboral donde la continuidad de los ingresos no está garantizada para todas las modalidades.
El seguro no elimina el riesgo financiero: lo cubre parcialmente bajo condiciones contractuales. Si la indemnización tiene un tope menor al saldo de la tarjeta o el evento queda fuera de las exclusiones, la deuda sigue vigente y genera nuevos intereses. El alivio puede ser transitorio sin resolver el problema de fondo que originó el atraso.