El barrio de Las Heras con un castillo, una reina y una escuela de lata
Hay un barrio de Las Heras que tiene un castillo, una reina de Vendimia y una escuela que todos conocían como 'la escuelita de lata'. Un vecino contó cómo era todo antes de que el asfalto y los nuevos barrios lo cambiaran para siempre.
En El Zapallar, el Barrio Aeronáutico conserva las huellas de sus primeros años entre casas bajas, veredas angostas y árboles que llevan décadas dando sombra. Un vecino que lo vio nacer acompañó un recorrido por su historia, desde las primeras viviendas de la IV Brigada Aérea hasta la fábrica de juguitos que parece un fortín medieval.
Para quienes cruzan el Zanjón de los Ciruelos más allá de la calle Olascoaga, el Aeronáutico es un mundo de historias. Sus calles angostas, sus árboles frondosos y sus casas de una sola planta cuentan cómo cambió el norte de Mendoza en la segunda mitad del siglo XX.
El origen se remonta a mediados de los años cincuenta. La construcción arrancó alrededor de 1954 y las viviendas se entregaron por etapas. Según recuerda Roly Giménez, las primeras familias se instalaron entre 1956 y 1960. El proyecto estaba pensado para el personal de la IV Brigada Aérea, tanto militar como civil. Con el tiempo llegaron ferroviarios y trabajadores de otras reparticiones, como el padre de Roly, que se quedó con una de las últimas casas de esa primera tanda.
“El barrio estaba destinado en un principio a personal de la Aeronáutica, por eso de la Fuerza Aérea, tanto civil como militar. Por eso yo tuve muchos vecinos que eran militares y personal civil”, contó el vecino.
Las casas tenían tejas y veredas angostas, y se distinguían de lo que las rodeaba. En aquellos años, el Aeronáutico era considerado un barrio modelo, rodeado de sectores con escaso desarrollo urbano. El crecimiento no fue inmediato: las calles siguieron de tierra durante años y el asfalto llegó recién en la década del setenta. “La calle Bahía Blanca fue la primera en ser pavimentada”, recuerda Roly.
La escuelita de lata y el cine que ya no está
En la manzana central funcionó la primera escuela. La Cadetes de Aeronáutica empezó a dar clases alrededor de 1963, en unas estructuras de chapa que donó la Fuerza Aérea y se adaptaron como aulas. Eran cuatro o cinco salones, suficientes para que los chicos del barrio tuvieran dónde estudiar. El edificio nuevo se inauguró en 1968, pero la construcción precaria quedó en el predio y con los años se usó como depósito.
“Nosotros toda la vida le dijimos a la escuela Cadetes de Aeronáutica, cuando éramos chicos, ‘la escuelita de lata’, por esta razón”, recordó Roly. La expresión quedó pegada a una época en la que la escuela era, además de un lugar de estudio, uno de los puntos de encuentro de la vida cotidiana.
La memoria del barrio también se extiende más allá de sus límites. En la zona funcionó el Cine General Las Heras, una sala al aire libre que abrió en los años sesenta y cerró hacia fines de esa década. Roly aclara que, aunque suele asociarse con el Aeronáutico, el cine estaba enfrente, en la esquina de Manuel A. Sáenz y Lisandro Moyano. El predio todavía no se usó para otra cosa, en parte por un litigio que lo impidió. Después del cierre, el lugar fue control de la Línea 4 y sus colectivos amarillos formaron parte del paisaje durante unos diez años.
Un castillo con juguitos congelados y una reina de Vendimia
Otro de los edificios que llaman la atención es un enorme castillo en la esquina de Videla Castillo y Sguazzini. Tiene una S y una H en un portón blanco y ladrillones grises que forman paredones y almenas. Es la fábrica de Industrias Soto Hudson, donde se elaboran los conocidos Juguitos Congelados y que lleva más de 30 años en el barrio. La familia vive en la zona desde hace 50 años: primero tuvo un emprendimiento de artículos de limpieza y después se dedicó a las golosinas, con los jugos como fuerte.
Y si hay castillo, hay realeza. A unas cuadras, en una casa de la calle Ortiz, vivió Milena Yanzón, reina nacional de la Vendimia en 1957. Su historia es parte del inventario de recuerdos que los vecinos conservan de una época en la que el Aeronáutico era todavía un núcleo residencial rodeado de sectores menos poblados.
Calles que guardan memoria
El crecimiento de Las Heras modificó los alrededores. Los descampados se redujeron, aparecieron nuevas viviendas y las calles que antes conectaban sectores separados se integraron a una ciudad más extensa. Pero hay detalles que permanecen: las calles angostas, las veredas pensadas para el peatón, las casas bajas y los árboles frondosos que todavía definen la fisonomía del lugar.
Algunos de esos árboles llevan tantas décadas que su sombra acompañó la infancia de quienes hoy son adultos y también la de sus hijos. En las veredas se reconoce otra medida del tiempo, la de las pequeñas transformaciones: el vecino que se mudó, el comercio que cerró, la calle que dejó atrás la tierra, la escuela que reemplazó sus aulas de chapa por un edificio nuevo.
La historia del Barrio Aeronáutico no se resume solo en su origen ligado a la IV Brigada Aérea ni en la fecha de sus primeras casas. También está hecha de los que caminaron sus calles, de los chicos que estudiaron en la “escuelita de lata”, de las funciones del Cine General Las Heras y de las familias que echaron raíces entre mates y charlas cotidianas.
Roly Giménez es uno de los vecinos que puede contar esa historia desde adentro. Su testimonio permitió recuperar la memoria de un barrio que ya no es el mismo, pero que conserva señales de lo que fue. Porque hay lugares donde el pasado no necesita una placa ni un museo: alcanza con caminar bajo la sombra de una calle arbolada, mirar una esquina o reconocerse en la sonrisa cómplice de un vecino.