El barrio mendocino que es un panal gigante: cómo es vivir entre calles que forman un laberinto

Si vivís en Mendoza o pensás mudarte al este provincial, esto te toca: hay un barrio en San Martín donde las manzanas son hexágonos y las calles son un laberinto. Cómo es la vida en un lugar que no se parece a ningún otro del país.

· 5 min de lectura
El barrio mendocino que es un panal gigante: cómo es vivir entre calles que forman un laberinto
El barrio mendocino que es un panal gigante: cómo es vivir entre calles que forman un laberinto

En el este de Mendoza existe un barrio donde las calles no se cruzan en ángulo recto y las manzanas parecen sacadas de un panal. El barrio San Pedro, en San Martín, tiene una trama urbana hexagonal que no se repite en ningún otro lugar del país ni del continente. A más de 50 años de su construcción, sigue sorprendiendo a quienes llegan por primera vez y guarda una historia de esfuerzo y comunidad.

Un barrio que nació en medio de una finca

San Pedro se levanta en el ingreso a la ciudad de San Martín, en el cruce de la ruta 50 y la avenida Eva Duarte de Perón, muy cerca del hospital Perrupato. Hoy, el polideportivo Torito Rodríguez funciona casi como una cortina que esconde al barrio desde afuera.

Pero detrás de ese complejo deportivo permanece una historia urbana singular. Entre 1970 y 1973, una antigua finca y su bodega fueron dando paso a uno de los barrios más grandes de Mendoza. Fue el primer conjunto habitacional proyectado fuera de la zona urbanizada de San Martín, sobre diez hectáreas que originalmente pertenecieron a la familia Von Der Heyde.

Se construyeron 1.219 viviendas, pensadas para unas 8.000 personas. Con el paso de las décadas, la población creció y hoy viven allí más de 10.000 personas. Esa dimensión explica por qué San Pedro terminó funcionando como una pequeña ciudad.

Manzanas hexagonales y calles numeradas

La trama urbana se compone de seis grandes hexágonos regulares y otras 15 áreas que completan el diseño. Desde arriba, las manzanas recuerdan a un panal de abejas. Desde adentro, la sensación es la de atravesar un enorme rompecabezas.

Las calles no tienen nombres: son números. Y en los accesos todavía es necesario mirar los planos que explican cómo entrar, cómo salir y, sobre todo, cómo no perderse. Para quienes viven allí, sin embargo, ese supuesto laberinto dejó hace mucho de ser extraño. Es simplemente el barrio.

En los comienzos, las veredas eran de un solo baldosón y las propiedades estaban separadas por palos de eucalipto, una elección ligada a la producción de esas plantas en la zona. Las primeras casas tenían techos abovedados y una arquitectura uniforme que le daba al conjunto una identidad difícil de encontrar en otros puntos de la provincia.

El diseño estuvo a cargo del estudio de arquitectos Aslan y Ezcurra y Asociados, de Buenos Aires, junto con un equipo de urbanistas encabezado por José Bacigalupo. La construcción quedó en manos de Petersen, Thiele y Cruz. Ese mismo estudio y la constructora participaron después en otros proyectos de gran importancia, como las pistas y la primera hostería de Penitentes, las modernizaciones del estadio Monumental de Núñez y, décadas más tarde, la embajada argentina en Brasilia.

Una ciudad adentro de otra

El barrio fue pensado para que sus habitantes encontraran prácticamente todo lo necesario sin salir de sus límites. Desde sus inicios, San Pedro tuvo Registro Civil, destacamento policial, centro de salud, capilla, centro comercial y escuela. Era, en cierto modo, una ciudad dentro de San Martín.

La idea era que las familias pudieran desarrollar buena parte de su vida cotidiana allí: comprar, estudiar, atenderse, realizar trámites, practicar deportes, encontrarse con otros vecinos. Con los años, esa planificación urbana terminó generando algo que ningún plano puede prever por completo: una cultura propia.

Las calles numeradas se incorporaron al lenguaje cotidiano y los hexágonos dejaron de ser una rareza arquitectónica para convertirse en parte de la identidad de quienes vivían allí. Para los más chicos, esas calles fueron territorio de juegos. Para los adultos, el camino cotidiano hacia la escuela, el almacén, la capilla o el trabajo.

Tres oleadas y mucho esfuerzo

Las viviendas se construyeron a través del Plan de Viviendas Económicas Argentinas (Plan VEA), financiado por el Banco Hipotecario. La ocupación del barrio se produjo en tres grandes etapas.

La primera se entregó en 1971: fueron 444 casas, aunque todavía faltaban algunas conexiones. Al año siguiente llegó la segunda tanda, con otras 444 viviendas, esta vez con cocina y baño terminados. La tercera etapa completó el conjunto hasta alcanzar las 1.219 casas proyectadas.

No fue sencillo convertirse en propietario. El país atravesó distintos períodos económicos, hubo ajustes y modificaciones de precios, y cada familia tuvo que adaptarse para poder cancelar su vivienda. Detrás de cada casa hay una historia de esfuerzo.

Medio siglo después

El tiempo modificó muchas cosas. Cambió el entorno, crecieron los árboles, aparecieron nuevas construcciones y la ciudad de San Martín se acercó hasta rodear aquello que alguna vez fue levantado en medio de una finca. También cambió la cantidad de habitantes.

Pero los hexágonos siguen. Las calles numeradas siguen. Y también permanece esa sensación de entrar a un lugar que parece tener sus propias reglas. A poco más de 50 años de las primeras entregas, el barrio cuenta la historia de familias, casas, patios y calles que para los visitantes pueden parecer un laberinto. Para quienes viven allí, cada número conduce a un recuerdo y cada hexágono guarda medio siglo de vida.

Más para leer

La UNCuyo abre la inscripción a un diplomado en cannabis y ya tiene fecha de inicio
Sociedad
Tupungato se prepara para el "Súper Niño": cinco acciones para evitar anegamientos
Sociedad
Heladas bajo cero amenazan los cultivos de Mendoza este fin de semana
Sociedad
El último adiós a la Bodega Filippini: qué llega con su derrumbe en Godoy Cruz
Sociedad
El plan de San Carlos para enfrentar al "Súper Niño": qué zonas preocupan
Sociedad
El ex Hiper Libertad ya tiene nuevo dueño: cuándo abre y cuánta gente empleará
Sociedad