El barrio que nació entre fincas y hoy late en un centro de jubilados
Un barrio que se armó entre fincas y loteos encontró en un centro de jubilados su lugar más vital: más de 180 socios, talleres y una red que no deja solo a nadie. Pero puertas adentro hay reclamos que llevan años sin resolverse.
Hay barrios que se conocen por sus calles y otros que se entienden a través de las voces de quienes los vieron crecer. En el barrio Cabildo, la memoria de sus vecinos reconstruye una parte de la historia de la ciudad: aquella época de grandes fincas, terrenos que empezaron a lotearse y familias que llegaron para darle forma a lo que hoy es un sector consolidado.
Entre esos recuerdos aparecen nombres, anécdotas, reuniones vecinales, rifas para comprar focos, pedidos de pavimento y una institución que con los años se volvió el corazón de la zona: el Centro de Jubilados.
Las voces que sostienen la memoria
Juanita Vallejo de Gómez, antigua pobladora e integrante de la comisión directiva en distintos períodos, conserva parte de esa historia. A su lado, Miguel Ángel Acuña, también vecino y antiguo integrante de la institución, aporta recuerdos de los primeros tiempos.
Leonarda Cisneros y Rosana Ahumada, aunque no viven en el barrio, encontraron allí un lugar propio. Una de ellas es integrante del Centro desde hace muchos años y llegó atraída por las actividades y el grupo humano. Susana Martínez, actual presidenta de la institución, y Adriana Hoyos, vecina desde hace unos 25 años, conocen de cerca la evolución del sector y el crecimiento del centro. También está Ciro Gómez, quien lleva casi medio siglo viviendo en el barrio y encontró en la institución un espacio de participación.
De las fincas al barrio
Cabildo no apareció de un día para otro. Gómez recuerda que con el tiempo los propietarios fueron realizando distintos loteos y los terrenos adquirieron una configuración más urbana. Uno de esos lotes terminó siendo el lugar donde hoy funciona el Centro de Jubilados.
La historia del centro está atada a la voluntad de un grupo de vecinos que entendió que los adultos mayores necesitaban un espacio propio. El terreno fue donado por Josefa Goy de Povedano y su esposo, quienes tuvieron la visión de reservar un lugar para que pudieran reunirse y compartir.
Pero la construcción fue un proceso que exigió esfuerzo y colaboración. Los primeros integrantes organizaron ferias de platos, venta de empanadas, rifas y distintas actividades para conseguir recursos. Los propios socios también aportaron para comprar materiales y avanzar de a poco. Juanita recuerda que, cuando todavía trabajaba y era una de las primeras socias, se pedía colaboración para adquirir materiales, incluso mediante aportes destinados a comprar bolsas de cemento.
Algunos vecinos consideraban que allí debía construirse una plaza, mientras que otros defendían la idea de crear un lugar de reunión para los primeros pobladores y, especialmente, para los adultos mayores. Finalmente, con la intervención y el acompañamiento de la Municipalidad, el proyecto avanzó hasta convertirse en el Centro de Jubilados que hoy funciona en el barrio.
La seguridad, un reclamo que se repite
La seguridad es uno de los principales reclamos de los vecinos, quienes aseguran que el barrio cambió y que existe mayor preocupación durante la noche. Muchos prefieren no caminar cuando oscurece y las personas mayores necesitan trasladarse acompañadas.
El Centro también tomó recaudos: procuran que las actividades comiencen temprano y, durante las celebraciones nocturnas, buscan contar con alguien en la puerta para acompañar el ingreso y egreso de los socios. A esto se suman los problemas por el robo de cables y tableros eléctricos, que afectan el alumbrado de algunas calles.
Una comunidad que todavía reclama mejoras
Entre los reclamos cotidianos aparece la necesidad de mejorar veredas y facilitar el acceso al Centro. La comisión realizó gestiones para construir una rampa destinada a personas con movilidad reducida y también busca hacer tareas de mantenimiento en el edificio, especialmente tras los daños ocasionados por las últimas lluvias.
Para avanzar, recurren otra vez a la colaboración de vecinos, comercios y socios, manteniendo el espíritu con el que nació la institución: hacer entre todos lo que resulta difícil conseguir individualmente.
Actualmente, el Centro de Jubilados cuenta con alrededor de 180 socios activos, aunque también participan personas de manera ocasional. Entre sus integrantes hay personas de 90 años y más, e incluso una socia que llegó a cumplir 100 años.
Más allá de las edades, hay un punto en común: la necesidad de compartir. Uno de los principales valores del centro es que funciona como una red de acompañamiento para evitar el aislamiento. Cuando un socio deja de asistir durante varios días, sus compañeros preguntan qué ocurrió, se comunican con sus familiares o incluso se acercan a su domicilio para saber cómo está. Así, una persona puede llegar buscando una actividad y terminar encontrando amigos, compañía y un grupo al que siente que pertenece.
Once talleres y muchas historias
La institución ofrece alrededor de once actividades, entre ellas gimnasia, folklore, yoga, teatro, artes plásticas, coro, italiano, taichí, danzas circulares, ritmos latinos y tejido. Algunas cuentan con el acompañamiento de la Municipalidad y otras con el apoyo del PAMI.
Los talleres no funcionan solamente como clases: también participan de los actos y celebraciones del centro. El folklore prepara cuadros para fechas patrias, gimnasia organiza juegos para los nietos y familiares de los socios, mientras que el coro y el teatro tienen participación en distintos encuentros.
El valor de seguir participando
Ninguno de los integrantes de la comisión directiva recibe una remuneración. La institución se sostiene con el tiempo y la voluntad de quienes participan en la organización de viajes, fiestas, talleres, rifas y gestiones.
Para ellos, una de las mayores satisfacciones es ver regresar a un socio después de atravesar un problema de salud. Algunos vuelven con dificultades físicas, pero igualmente buscan participar de las actividades. "Todavía tenemos mucho para dar", resume una frase que repiten los entrevistados.
Sus relatos muestran que el barrio Cabildo no se construyó solamente con calles y viviendas, sino también con vecinos que durante décadas se organizaron, colaboraron y se acompañaron. Hoy, desde el Centro de Jubilados, esa historia continúa.
