El barrio que se levantó ladrillo a ladrillo: la historia de sacrificio detrás de El Infanta

¿Te imaginas construir tu propia casa con tus manos y las de tus vecinos? Así nació el Barrio Infanta, en Las Heras. Conocé la historia de sacrificio y solidaridad que lo hizo posible.

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El barrio que se levantó ladrillo a ladrillo: la historia de sacrificio detrás de El Infanta
El barrio que se levantó ladrillo a ladrillo: la historia de sacrificio detrás de El Infanta

En el oeste de Las Heras, donde hoy hay calles asfaltadas y escuelas, hace 60 años solo había piedras y cauces secos. El Barrio Infanta no fue construido por empresas, sino por las manos de sus propios dueños. Una historia de esfuerzo colectivo que transformó un rincón del piedemonte en un verdadero hogar.

¿Cómo nació este barrio único?

El origen del Barrio Infanta está ligado al movimiento de Ayuda Mutua de los años 50, impulsado en Mendoza por el padre José María 'Macuca' Llorens. Su objetivo: dar vivienda a familias de bajos recursos. La Ley 2.715 de 1960 permitió destinar tierras del oeste a planes habitacionales.

Siete cooperativas coordinaron el proyecto: Trolebuses, La Fraternidad, Unión Ferroviaria, Gastronómicos, Juan B. Justo, Flores y Olivares, y la Cooperativa San Martín. Detrás, obreros ferroviarios, choferes y empleados gastronómicos compartían el mismo sueño.

5.000 horas de trabajo por una casa

El sistema era exigente: el Estado aportaba materiales y dirección técnica; los futuros propietarios debían cumplir 5.000 horas de trabajo. Quien sabía albañilería levantaba paredes; el plomero hacía instalaciones; el electricista tendía cables. Quien no podía físicamente, pagaba la jornada de un especialista.

Nadie construía solo su casa. Las cuadrillas trabajaban manzana por manzana, y al finalizar se sorteaban las viviendas. Un sistema basado en la confianza y el esfuerzo colectivo.

El obrador que fabricaba todo

En el barrio se instaló un enorme obrador que producía bloques de cemento, baldosas, puertas, ventanas, placares y hasta tanques de agua. El Instituto Provincial de la Vivienda proveía cañerías, hierro y grifería, además de ingenieros y capataces.

Las primeras 30 viviendas se entregaron el 19 de diciembre de 1965, con la visita del gobernador Francisco Gabrielli. Ese día también se inició el puente sobre el Zanjón de los Ciruelos, vital para conectar el barrio con el Gran Mendoza.

El sacrificio de una generación

Rubén Lloveras, historiador lasherino, recuerda a su padre: trabajaba en una gomería, salía de madrugada, almorzaba rápido y pedaleaba kilómetros hasta el barrio para seguir construyendo. Como él, cientos de hombres y mujeres dedicaban tardes, noches y fines de semana a levantar paredes, sin saber si habitarían esa casa.

Cuando llegaba el momento de llenar una losa, todos los vecinos de la cuadra se unían. El avance de una vivienda era el avance del barrio entero.

Un diseño pensado para crecer

El Barrio Infanta rompió con el diseño tradicional: sus diagonales y calles irregulares se adaptaron al terreno del piedemonte. En el centro se reservaron espacios para escuelas, capilla y club, que se fueron construyendo con los años. Las últimas viviendas se entregaron entre 1974 y 1975.

Hoy, quienes vivieron aquellos primeros años recuerdan el polvo de las calles de tierra, las bicicletas junto a las obras y la certeza de que cada ladrillo ayudaba a construir el futuro de un vecino. Más que un conjunto de casas, El Infanta es el recuerdo de una época donde el vecino era la mano que colaboraba para convertir un rincón del piedemonte en un hogar.

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