El Barro Calchaquí en San Carlos: un encuentro que encendió la economía y el alma alfarera
¿Sabías que un encuentro de cerámica puede mover una economía entera? Descubrí cómo Barro Calchaquí llenó San Carlos de arte, saberes ancestrales y turistas.
Miles de manos se hundieron en la arcilla durante una semana en San Carlos, donde la edición 2026 del Barro Calchaquí no solo reunió a ceramistas de todo el país y la región, sino que encendió la economía local y el espíritu colectivo.
El encuentro, que se realizó en el corazón del Valle Calchaquí, convocó a artistas de 23 provincias argentinas y de países como Uruguay, Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia. Durante varios días, la localidad se convirtió en un hervidero de creatividad, con charlas, demostraciones y construcción de hornos.
¿Qué destacó el director de Cultura?
Gastón Contreras, director de Cultura de la Municipalidad de San Carlos, puso el acento en la dimensión colectiva del evento: "Construimos hornos entre muchas manos, compartimos conocimientos, horneamos, conversamos, enseñamos y aprendimos. Fue una celebración del encuentro. Una fiesta del oficio, de los territorios y de las personas que, desde distintos lugares, seguimos creyendo que la cerámica tiene mucho para decir, para enseñar y para transformar".
Entre las figuras destacadas, Contreras mencionó a la maestra Vilma Villaverde, referente de la cerámica argentina, quien presentó su último libro y creó una obra especial para San Carlos: una bailarina hecha con artefactos sanitarios, que quedará como patrimonio local.
Saberes ancestrales y hornos especiales
También llegaron maestros internacionales como José Luis Yamunaké, desde Lima, que compartió técnicas de engobes y la ancestral paleta piedra. Ceramistas de Ecuador, tanto de Quito como de la selva amazónica, mostraron procesos milenarios y sonidos prehispánicos a través de instrumentos de cerámica.
El colectivo Hornos Sin Frontera, liderado por Emilio Villafañe, construyó un horno de gran tamaño que se sumará al Museo Arqueológico Municipal Jallpha Kalchaki. Además, se levantó un horno escultórico inspirado en Calcifer, la criatura de fuego de la película "El castillo ambulante", que se robó todas las miradas.
El maestro Tato Corte, desde Bahía Blanca, aportó un horno más pequeño, pensado para la experimentación en el Taller Municipal de Cerámica. Y ceramistas de la selva peruana compartieron técnicas ancestrales que ampliaron el mapa de saberes.
Ciencia y tradición de la mano
Las jornadas incluyeron conversatorios sobre educación cerámica y movimientos cerámicos en Latinoamérica, con la participación de investigadores del CONICET, generando un cruce entre ciencia y práctica.
La presencia de pueblos originarios fue central: ceramistas wichí, chané, de Casira, de comunidades de Jujuy y la Puna, y representantes mapuches de la Patagonia, recordaron la importancia de mirar hacia las raíces para construir el futuro.
Un motor económico para la comunidad
El impacto no fue solo cultural. "La cultura genera trabajo, movimiento económico y oportunidades para nuestras comunidades. Barro Calchaquí movilizó hoteles, casas de familia, gastronomía, transporte, comercios y trabajadores locales", afirmó Contreras.
De hecho, durante toda la semana, la capacidad hotelera de San Carlos estuvo al 100%, una prueba del poder transformador de la cultura cuando se la piensa como industria.