El básquet de Roca y Chile llora al “Loco” Iglesias: adiós a una leyenda

La muerte del “Loco” Iglesias atraviesa a dos países: él fue figura en Roca antes de conquistar Chile. Su historia, del club del barrio a los títulos en el exterior, tiene un final que recién empieza a contarse.

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El básquet de Roca y Chile llora al “Loco” Iglesias: adiós a una leyenda
El básquet de Roca y Chile llora al “Loco” Iglesias: adiós a una leyenda

Carlos Osvaldo “Loco” Iglesias, histórico jugador y entrenador de básquet, falleció este sábado a los 70 años en Temuco, Chile, donde residía desde hacía décadas. Su muerte, confirmada en el ambiente del básquet trasandino, también golpea a Roca, la ciudad que lo vio dar sus primeros pasos en el deporte.

La noticia cruzó la cordillera y despertó numerosas muestras de pesar en Chile, donde Iglesias construyó una carrera enorme como jugador, entrenador y campeón. Pero su historia empezó mucho antes, en las canchas roquenses de los años 70.

De Tiro Federal a campeón invicto con Deportivo Roca

Los registros ubican a Iglesias en 1974, cuando Deportivo Roca daba sus primeros pasos. El “Loco” venía de Tiro Federal y fue una de las figuras en uno de los primeros clásicos ante Del Progreso: anotó 27 puntos en el triunfo naranja por 67 a 57. Ese equipo terminó consagrándose campeón invicto, con seis victorias en seis partidos.

Ese hito quedó ligado para siempre a una carrera que pocos años después tomaría otro rumbo: en 1977, Iglesias cruzó la cordillera para empezar una nueva etapa en Chile.

El “Loco” que conquistó Chile

Su primera camiseta fue la de Unión Deportiva Española de Temuco, a la que llegó recomendado por Rufino Bernedo, una de las grandes figuras del básquet chileno. Su impacto fue inmediato: años después, Gregorio Santos, histórico dirigente del club, lo definió como un jugador capaz de ganar partidos prácticamente por sí solo y uno de los grandes extranjeros que pasaron por ese básquet.

También vistió las camisetas de Salesianos de Valdivia y Universidad de Concepción, hasta que en 1988 obtuvo la nacionalidad chilena. Pero retirarse como jugador no significó alejarse de las canchas: Iglesias llevó al banco la misma intensidad con la que había vivido el juego.

Dirigió a Unión Deportiva Española, Universidad de Temuco, Ancud, Puente Alto, Puerto Varas, CEB Puerto Montt y Español de Talca, entre otros. Además, integró cuerpos técnicos de las selecciones chilenas masculina y femenina. Como entrenador consiguió dos títulos que marcaron su carrera: fue campeón de la Dimayor en 1994 con Universidad de Temuco y repitió en la temporada 2012-2013 al frente de Español de Talca.

Quienes lo tuvieron como técnico recuerdan algo más que los resultados: Iglesias gesticulaba, discutía, gritaba y alentaba. Vivía cada partido con una pasión que hizo inseparable su apellido del apodo que lo acompañó durante décadas: el “Loco”.

Una “bendita locura” que unió a todos

Su salud ya era delicada a comienzos de este año, cuando la familia del básquet chileno volvió a reunirse para homenajearlo. En enero, en Temuco, se presentó “Iglesias, bendita locura”, un libro de 351 páginas escrito por Carlos Álvarez, entrenador, académico y amigo suyo. La obra reunió anécdotas y recuerdos de una carrera demasiado extensa para caber en un solo volumen.

Para entonces, Iglesias llevaba alrededor de dos años luchando contra un cáncer agresivo. La recaudación del libro fue destinada a colaborar con su tratamiento. En aquella presentación, habló poco de títulos y mucho del acompañamiento que recibía: dijo que el cariño de la gente le daba fuerzas y agradeció especialmente a su familia.

Este sábado 5 de septiembre, la noticia de su muerte comenzó a circular en el ambiente del básquet y luego fue confirmada en Chile. Desde Temuco, la ciudad donde había elegido radicarse junto a los suyos, llegaron las despedidas. La Municipalidad local lo recordó como una figura histórica del básquet y un referente de pasión, entrega y resiliencia, y destacó que su huella quedará en la memoria deportiva de la comunidad.

Para Roca, la historia permite retroceder un poco más: hasta las canchas de los años 70, hasta Tiro Federal, hasta aquel Deportivo Roca que recién nacía y ya tenía a un jugador que sobresalía. Antes de los campeonatos en Chile, de las selecciones y de convertirse en una figura trasandina, Carlos Iglesias empezó a escribir acá una historia que terminaría siendo mucho más grande.

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