El BCRA fija un tope del 66,44% para refinanciar tarjetas: ¿qué implica para tu bolsillo?

El BCRA fijó un tope del 66,44% para refinanciar tarjetas. ¿Qué significa para las empresas emisoras y para los usuarios? Conocé los detalles de la medida y cómo impacta en un contexto de alta morosidad.

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El BCRA fija un tope del 66,44% para refinanciar tarjetas: ¿qué implica para tu bolsillo?
El BCRA fija un tope del 66,44% para refinanciar tarjetas: ¿qué implica para tu bolsillo?

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) acaba de ponerle un límite al costo de refinanciar los saldos impagos de las tarjetas de crédito. La tasa de referencia quedó en 66,44% nominal anual, una cifra que llega en un momento crítico: la morosidad de los hogares se disparó y cada vez más familias usan el plástico para llegar a fin de mes.

Ese porcentaje, que regirá para el ciclo de facturación de septiembre de 2026, surge del promedio mensual ponderado de las tasas de los préstamos personales sin garantía real que otorga el sistema financiero, correspondiente a agosto. La medida fue comunicada a través de la normativa que regula las tasas de interés en las operaciones de crédito, en medio de un contexto de fuerte aumento en los niveles de incumplimiento.

¿Qué significa exactamente el 66,44%?

No, no es un tope uniforme para todas las tarjetas. La normativa establece que las empresas no financieras emisoras de tarjetas de crédito y de compra no pueden cobrar una tasa de interés compensatorio que supere en más de 25% el promedio de tasas del sistema financiero para préstamos personales. Ese promedio, publicado mensualmente por el BCRA, es la base que dio origen al 66,44%.

En el caso de las entidades financieras, la regla es distinta: la tasa que apliquen a la financiación de tarjetas no puede exceder en más de 25% la tasa que el propio banco cobra por sus préstamos personales, dependiendo de la moneda. Entre las emisoras no financieras alcanzadas por esta medida se encuentran Cencosud S.A., Carrefour Argentina, Tarjeta Naranja X, Coto CICSA y Falabella, entre otras.

La morosidad en números: un problema que crece

La decisión del Central no llega sola. Según los últimos datos oficiales, en junio la mora de las financiaciones a las familias alcanzó el 12,8%, mientras que la de las empresas fue de 3,5%. El indicador agregado de irregularidad del crédito al sector privado se ubicó en 7,6%. Aunque el organismo destaca una leve baja mensual y una cobertura elevada frente al riesgo crediticio, el nivel de incumplimiento de los hogares sigue siendo muy superior al de antes del deterioro iniciado en los últimos años.

La tendencia es clara si se mira la evolución reciente: en enero, la mora de las familias era de 10,6% y la de las empresas de 2,8%. Para marzo, ya habían trepado a 11,5% y 3,1%, respectivamente. En abril, los números siguieron subiendo hasta 12,1% (familias) y 3,3% (empresas). Y en mayo, la morosidad de ambos segmentos se ubicó en 12,8% y 3,5%, respectivamente.

¿Por qué la gente se endeuda cada vez más?

El crédito dejó de ser solo una herramienta para adelantar consumo o financiar una inversión. Para una parte creciente de los hogares, se convirtió en una forma de completar ingresos que no alcanzan para cubrir los gastos habituales. En febrero, la expansión del financiamiento al consumo, el auge de las billeteras virtuales y la caída de los ingresos llevaron a que más de la mitad de la población adulta tuviera deudas, con niveles de morosidad que no se veían desde antes de la pandemia.

Este proceso está directamente ligado al costo financiero. Ya en agosto de 2025, este medio advirtió que las familias destinaban una proporción creciente de sus ingresos al pago de intereses. Según esa reconstrucción, el peso de los intereses de préstamos personales y tarjetas pasó de representar el 5% del presupuesto familiar en mayo a superar el 8% en julio. En ese contexto, la suba de tasas no es solo una variable financiera, sino un mecanismo que absorbe cada vez más los ingresos disponibles de los hogares.

El costo real de refinanciar: más allá de la TNA

La tasa del 66,44% es nominal anual y refiere al interés compensatorio. Pero el costo efectivo que enfrenta un usuario puede ser diferente, ya que intervienen otros componentes como seguros, gastos, impuestos y la forma de capitalización. Por eso, comparar exclusivamente una TNA con otra puede ocultar una parte del costo real de refinanciar un saldo impago.

El problema se agrava cuando la persona no tiene ingresos suficientes para cancelar el resumen completo. En ese caso, la financiación deja de ser una elección y se convierte en una obligación que se renueva mes a mes. El capital pendiente genera nuevos intereses, y el usuario puede terminar destinando una parte creciente de sus ingresos futuros a cancelar consumos ya realizados.

El drama se extiende más allá de los bancos

La situación también golpea a los canales de financiamiento no bancarios. Carrillo señaló que la cartera irregular de los proveedores no financieros de crédito llegó al 26,9% en febrero, un nivel que prácticamente duplica el registrado seis meses antes. En este universo se encuentran fintechs, billeteras virtuales que otorgan préstamos, emisoras no bancarias de tarjetas, cooperativas, mutuales, empresas de factoring, firmas de leasing y cadenas comerciales que financian compras.

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