El bibliotecario chaqueño que ya no solo trabaja con libros: la advertencia que sacude al sistema

Usa su propio celular para responder a los usuarios, arma grupos de WhatsApp personales y hasta pone plata de su bolsillo: así trabaja hoy el bibliotecario chaqueño, según un especialista de la UNNE. Lo que advirtió sobre las bibliotecas populares deja al descubierto una crisis que va más allá de los libros.

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El bibliotecario chaqueño que ya no solo trabaja con libros: la advertencia que sacude al sistema
El bibliotecario chaqueño que ya no solo trabaja con libros: la advertencia que sacude al sistema

El profesor universitario Aníbal Béjarano advirtió que las bibliotecas chaqueñas atraviesan una crisis que excede lo económico: también faltan infraestructura, cargos profesionales y servicios acordes a la sociedad actual. «Es difícil, pero bueno, se sobrevive», resumió.

Béjarano es profesor titular y adjunto a cargo de cátedras de Ciencias de la Información en la Universidad Nacional del Nordeste (Unne). En diálogo con LA VOZ DEL CHACO, sostuvo que el sector cultural arrastra dificultades desde hace tiempo, con problemas en los organismos y mecanismos de financiamiento que sostienen a las bibliotecas. «Si miramos los sueldos de la provincia, también existe un estancamiento y está complejo», señaló.

Las bibliotecas populares, las más golpeadas

El entrevistado remarcó que las bibliotecas populares son uno de los sectores más castigados por su modalidad de sostenimiento. «Subsisten en base a los aportes de la gente», explicó, y advirtió que ese esquema se vuelve insostenible cuando cae la capacidad económica de los vecinos o se pierde la costumbre de colaborar. «Si la gente no tiene para aportar, o si perdió la costumbre de aportar, se requiere siempre la intervención del Estado», afirmó.

Consultado sobre un posible retiro estatal, Béjarano dijo observar una reducción de los aportes históricos. «No tengo conocimiento pleno, pero sí sé que la Conabip no está prestando un servicio como lo brindaba antes», afirmó, y habló de «una suerte de disminución de la cantidad de aportes».

Recordó que la Ley 419, impulsada por Sarmiento, buscó que los vecinos contribuyeran al sostenimiento de las bibliotecas, pero que esos principios debían actualizarse. Según su mirada, la profesionalización del sector se fortaleció con el retorno de la democracia, aunque varios objetivos siguen pendientes: «Eso sigue todavía en stand-by».

Salarios dispares y falta de reconocimiento

Béjarano explicó que la remuneración de los bibliotecarios depende del ámbito donde ejerzan. En Chaco, quienes trabajan en el sistema educativo están atados al sueldo docente; en los municipios, al salario del personal municipal; y en la administración pública central, al rango y la jerarquía. «Los fondos siguen y va a depender siempre de dónde ejerza el bibliotecario», detalló.

También apuntó a la falta de reconocimiento específico en organismos públicos. Mencionó el caso del Centro de Información Biomédica, donde trabajan bibliotecarios, algunos del sistema educativo, pero otros que deberían estar y no están. «Con tal de obtener ciertos beneficios, confunden el centro de documentación con personal administrativo», cuestionó, y reclamó cargos específicos para documentalistas, bibliotecarios o gestores de información.

Un rol que ya no se limita al libro físico

Para Béjarano, persiste una imagen social del bibliotecario asociada exclusivamente al libro analógico. «Ese rol creo que quedó en la década del 80», afirmó. Desde entonces, la profesión incorporó funciones vinculadas a la gestión de información y recursos tecnológicos. «Hoy en día tenés un bibliotecario que tiene múltiples roles en la gestión de recursos, con cualquier soporte o portador de información», sostuvo.

Una situación que consideró problemática es que muchos profesionales usan sus propios dispositivos para trabajar. «El bibliotecario actual está haciendo uso de recursos personales para prestar sus servicios», denunció, y ejemplificó con los grupos de usuarios que se arman en los celulares personales de directores o bibliotecarios. «Para eso se requiere infraestructura», planteó.

Pandemia, exigencias y resultados educativos

El especialista cuestionó que se responsabilice a la pandemia por los problemas actuales del sistema educativo. «Todavía le seguimos echando la culpa a la pandemia», dijo, y reivindicó el trabajo colaborativo que surgió en ese período entre docentes, bibliotecarios y profesionales de otras disciplinas: «Esa red de relaciones es muy favorable para potenciar los aprendizajes».

En paralelo, vinculó las «permisividades» y la falta de control del proceso de aprendizaje con los resultados de las pruebas Pisa. «Cuando se establecen ciertas limitaciones, las no exigencias, el no control del proceso, obviamente determina en las evaluaciones Pisa», afirmó.

Sobre la capacitación en Chaco, tuvo una mirada positiva: «El Chaco viene haciendo un muy buen progreso centrado en potenciar competencias en los docentes». Destacó las propuestas del Ministerio de Educación en el campo bibliotecológico, orientadas a desarrollar competencias sociocognitivas en los estudiantes.

Un mensaje para docentes y bibliotecarios

Béjarano reivindicó el carácter social de ambas profesiones. «Nuestra profesión es una profesión de servicio», afirmó, y reconoció que los trabajadores de la educación sufren violencia y falta de reconocimiento. «La profesión del bibliotecario, la del docente, apuesta siempre al hoy, al mañana y al siempre», concluyó.

Sin embargo, advirtió que la transformación del rol no puede concretarse sin inversión. «El problema es que no existe la inversión en infraestructura para poder prestar los servicios que requiere la sociedad actual», remarcó, y pidió un sistema bibliotecario integral para toda la provincia: «No me refiero solo al de educación, prefiero un sistema bibliotecario general de toda la provincia».

Sobre las pruebas Pisa, sostuvo que no miden solo el presente. «Las pruebas que yo tomo hoy no marcan lo que sucedió hoy, sino cómo se viene generando la educación a lo largo de todo un recorrido», explicó, y comparó: «Para estar en quinto año tiene que tener un bagaje de conocimientos desde primero». Para el especialista, la Argentina tiene un potencial altísimo, pero el problema está en el cómo de las políticas educativas.

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